El sector ovino paraguayo cuenta con mercados abiertos y demanda internacional creciente, pero aún enfrenta el reto de aumentar el volumen productivo, ordenar las majadas y consolidarse como unidad de negocio para los productores.
La habilitación del mercado israelí y la mejora en los promedios de remates marcan un cierre de 2025 positivo para el sector ovino nacional. Sin embargo, la falta de stock suficiente y la necesidad de políticas de financiamiento para vientres aparecen como los principales nudos a desatar para el 2026.
La Asociación Paraguaya de Criadores de Hampshire Down destaca el potencial de esta raza ovina para fortalecer la producción nacional, mejorar la calidad de la carne y consolidar la competitividad del sector frente a nuevas oportunidades de exportación.
Paraguay concretó este año su primera exportación de carne ovina a Israel, marcando un antes y un después para el rubro. La genética nacional también gana terreno en países vecinos, aunque el desafío sigue siendo aumentar la producción para sostener la demanda interna y externa.
La producción porcina está creciendo de manera considerable en el departamento de Alto Paraná, mientras que la ovina comienza a desarrollarse con una dedicación intensiva. Productores de dichos sectores anhelan que, poco a poco, el ganado menor tenga un rol de mayor preponderancia en la economía altoparanaense.
Israel habilitó las importaciones de carne ovina paraguaya y, tras esta ampliación de mercados para el producto, desde el sector nacional adelantaron que ya se está trabajando en la apertura de más destinos: más países del Medio Oriente y Brasil.
La genética paraguaya en el sector ganadero constituye un elemento priorizado y desarrollado con mayores consideraciones en los últimos años. El sector ovino no es una excepción en esos trabajos, lo cual se ve por sus hitos significativos: mayor producción y exportación de genética nacional.