Un gigante en potencia: el ovino paraguayo busca su consolidación
Durante el Ganadería Summit, organizado por Forbes Paraguay, Johanna Bottrell, miembro de la Comisión Directiva de la Asociación Rural del Paraguay (ARP), expuso que el sector ovino en Paraguay muestra una brecha entre los datos oficiales y las estimaciones del propio sector productivo.
Mientras cifras institucionales ubican el hato entre 350.000 y 480.000 cabezas, asociaciones estiman que el número real podría situarse entre 800.000 y un millón. Bottrell remarcó que, con ese volumen, la producción actual permitiría cubrir el consumo interno, aunque el desafío principal no está allí.
La prioridad, de acuerdo con la representante del sector, es lograr que los productores comiencen a ver a la cría ovina como una unidad rentable y no solo como una actividad complementaria dentro del establecimiento.

“El desafío está en trabajar nuestras majadas y que el productor realmente lo vea como una unidad de negocio”, señaló la referente del sector, enfatizando la necesidad de potenciar la apuesta por el rubro ovino nacional.
Bottrell también remarcó que el consumo de carne ovina en Paraguay sigue siendo reducido, oscilando actualmente entre 1,2 y 2 kilogramos per cápita al año, muy por debajo de otros mercados de la región y del mundo. Al respecto, puntualizó que dicho escenario abre oportunidades para desarrollar el mercado interno, promoviendo el consumo regular del producto.
De este modo, la Directiva de ARP expresó que el objetivo del sector es lograr que el paraguayo incorpore la carne ovina con mayor frecuencia en su dieta, lo que contribuiría a dinamizar la producción y fortalecer la cadena.
Además del consumo local, la demanda internacional se presenta como un motor clave para el crecimiento del rubro, con mercados que ya muestran interés en el producto paraguayo.
En ese sentido, actualmente, Paraguay cuenta con tres destinos habilitados para la carne ovina: Israel, Emiratos Árabes Unidos (EAU) y Uzbekistán. Sin embargo, la producción nacional aún no logra abastecer la demanda potencial de estos mercados.

“Necesitamos volumen, necesitamos trazabilidad y salir con esa marca país”, remarcó la dirigente. De este modo, teniendo en cuenta los datos expuestos, la demanda internacional existente supera la capacidad productiva local, lo que evidencia el potencial exportador del rubro si se incrementa la oferta.
Bottrell manifestó que uno de los argumentos para atraer a más productores es que la actividad ovina no compite directamente con la bovina, sino que la complementa. Esto, afirmó, permite aumentar la producción de carne por hectárea y diversificar ingresos.
Además, el ciclo productivo del ovino es más corto, pues en aproximadamente 11 meses se puede obtener un animal listo para faena, mientras que en la ganadería bovina el proceso requiere entre 22 y 24 meses. Esta diferencia reduce los tiempos de retorno y mejora la rotación del capital invertido.
Por otra parte, la Directiva de ARP señaló que para lograr el máximo potencial del sector, se coincide dentro del rubro en la necesidad de ordenar las majadas, mejorar el estatus sanitario, establecer trazabilidad y contar con datos precisos del hato nacional.
En dicho sentido, el sector reconoce que aún se encuentra en una etapa incipiente, pero con oportunidades claras de crecimiento. La demanda internacional, la existencia de mercados abiertos y la complementariedad con otras actividades ganaderas posicionan a la producción ovina como un rubro con alto potencial.