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Venus de Willendorf. Fuente: Forbes USA
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Venus de Willendorf. Fuente: Forbes USA
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¿Autorretratos de mujeres prehistóricas? La otra cara de las Venus paleolíticas

Belén Cuevas Trinidad Editora de Forbes Women Paraguay

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Cuando pensamos en las primeras expresiones artísticas de los humanos, quizás las más recordadas sean las Venus paleolíticas. En general, se asume que estas son representaciones de la fertilidad y los estándares de belleza femeninos de la época, pero hay una teoría que sugiere lo contrario. La hipótesis indica que se trata de esculturas hechas por mujeres de la prehistoria.

15 Abril de 2026 15.05

Así como en la historia del arte los nombres femeninos fueron sistemáticamente reemplazados por vacíos, hay otras disciplinas que invisibilizaron a la mujer durante varias décadas. La arqueología y la paleontología constituyen aquí ejemplos interesantes.

Las llamadas “Venus paleolíticas" son pequeños figurines de entre 40.000 y 10.000 años de edad. Desde sus primeros hallazgos a finales del siglo XIX, estas esculturas de piedra, cerámica o marfil fueron relacionadas con una posible representación de la belleza femenina y la fertilidad

No es sorpresa que una de las primeras hipótesis de la comunidad científica haya sido que se trataban de amuletos que garantizaban la reproducción. De hecho, la propia denominación de “Venus” surgió de la proyección de los valores y las deidades de Roma sobre estos objetos del Paleolítico.

Esta visión romantizada de las Venus paleolíticas se ve reflejada en una famosa frase del arqueólogo e historiador francés Édouard Piette quien, al descubrir la Venus de Brassempouy en 1893 asumió dos hechos. En primer lugar, que el autor sería un hombre y, en segundo lugar, que la estatuilla podría representar el amor: “Parece haber sido el amor lo que animó al primer escultor a tallar en marfil a la mujer que amaba”.  

¿Autorretratos?

La idea de que una mujer se observe y se represente a sí misma a través del arte llegó muy tarde al pensamiento colectivo. Dentro de la arqueología, los principales promotores de esta idea fueron Catherine Hodge McCoid y Leroy McDermott, de la Central Missouri State University. En su estudio llamado Hacia la decolonización del género, su análisis partió de una lógica anatómica que nadie exploró seriamente hasta finales del siglo veinte.

Tomaron a la Venus de Willendorf como punto de partida y compararon fotos de ella desde una perspectiva cenital con fotos de embarazadas. Su trabajo planteó que las proporciones anatómicas no respondieron a un ideal de belleza externo sino a una mirada interna, ya que los rasgos exagerados coinciden con la distorsión visual que experimenta una mujer al observar su propio cuerpo.

Venus de Willendorf. Fuente: Forbes USA
Venus de Willendorf, hallada en Austria en 1908.. Fuente: Forbes USA

En palabras más sencillas: su teoría propone que las mujeres del paleolítico tomaron marfil, agacharon la cabeza para mirarse a sí mismas y esculpieron sus propios cuerpos en marfil. Dicha interpretación rompió con el presentismo histórico que asume roles actuales en sociedades de hace treinta mil años.

Durante más de un siglo, los arqueólogos interpretaron los hallazgos de cada Venus bajo una lente exclusivamente masculina que ignoró la posibilidad de las mujeres prehistóricas como sujetos activos de la práctica creativa. 

Sin embargo la realidad científica ofrece hoy un panorama distinto debido a que el ingreso de mujeres a la arqueología cambió todo. La historiadora Margarita Sánchez Romero sostiene que las mujeres no fueron musas pasivas en la lejana prehistoria, sino sujetos con agencia propia que gestionaron el conocimiento ginecológico y la cohesión social de sus grupos humanos, desafiando la idea de que la supervivencia dependió únicamente de la caza mayor masculina.

Libro Prehistorias de Mujeres. Fuente: Editorial Destino
Libro Prehistorias de Mujeres. Fuente: Editorial Destino

En este sentido, la ciencia avanza cada vez más hacia una mirada libre de sesgos. Por ejemplo, un estudio específico determinó que el sesenta y cinco por ciento de las huellas de manos en las paredes rupestres son femeninas. Para llegar a esta conclusión, el arqueólogo Dean Snow, de la Universidad Estatal de Pennsylvania, analizó las pinturas rupestres de ocho cuevas de Francia y España. Al menos la distancia entre anular e índice de las manos allí inmortalizadas, notó que aproximadamente tres cuartas partes eran de mujeres. 

Las Venus y el cuerpo como espejo

Al mirar hacia abajo sin el auxilio de un espejo, el cuerpo humano sufre una deformación visual muy característica. Por ende, las Venus podrían, en verdad, representar lo que una artista vio cuando decidió plasmar su silueta en la piedra.

La Venus de Hohle Fels destaca como la representación humana más antigua del mundo con 40.000 años de edad, además de mostrar una técnica de tallado en marfil de mamut que requirió una precisión manual realmente asombrosa, confirmando que el pensamiento simbólico complejo estuvo presente desde el inicio de nuestra especie.

Por su parte la icónica Venus de Willendorf posee un tocado detallado que sugiere una identidad cultural compleja, pues aquel diseño indica que las mujeres del Paleolítico valoraron el estatus social y la pertenencia a un linaje, utilizando el adorno personal como una herramienta de comunicación política y familiar dentro del clan.

La figura de Dolní Věstonice marcó un hito tecnológico fundamental al ser la primera pieza de cerámica conocida en la historia, de modo que el control del fuego para endurecer arcilla fue una innovación de clara autoría femenina y doméstica, adelantándose miles de años a la invención del torno o la alfarería tradicional de las sociedades agrarias.

El estilo geométrico de la Venus de Lespugue muestra una capacidad de abstracción que anticipó al cubismo moderno, por consiguiente estas artistas no solo copiaron la realidad sino que desarrollaron un lenguaje visual simbólico y profundo, demostrando una inteligencia estética que todavía hoy sorprende a los historiadores del arte contemporáneo.

Estas figuras de piedra, marfil y cerámica dejaron de ser musas mudas para convertirse en voces potentes que narraron su existencia, por lo cual el análisis moderno las situó finalmente en el centro del escenario cultural del pasado remoto, rompiendo el silencio de milenios con una verdad que siempre estuvo tallada frente a nuestros ojos.

Al final el arte paleolítico podría revelar una verdad incómoda para quienes prefirieron el relato del guerrero proveedor absoluto. La evidencia sugiere que las mujeres de la prehistoria observaron su cuerpo para hacerlo eterno mediante el arte, demostrando que la identidad humana comenzó precisamente cuando nos atrevimos a mirarnos a nosotros mismos.

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