Sudameris tiene hambre de un banco más y no lo niega
Cuando Conor McEnroy aterrizó en Asunción en 2004, conocía no solo al banco que acababa de comprar dos días antes, sino también a la tierra guaraní que, con el tiempo, adoptaría como propia. Aquel irlandés, curtido en la resucitación de bancos tras la "década perdida" latinoamericana, encontró en Paraguay un espejo de su país natal en 1970: joven, católico, agrícola, lleno de contradicciones, y con un potencial que pocos veían.
"Vi una oportunidad para hacer cambios significativos", recuerda hoy, con la serenidad de quien sabe que aquellos años de incertidumbre marcaron el renacimiento de una institución y de un país que aprendió a reinventarse.
No fue casualidad. "Cuando uno se dedica a levantar bancos y ya resucitó más de cincuenta, en algún momento inevitablemente le van a ofrecer uno", dice entre risas. La carpeta llegó desde Turín, cuando el Intesa Sanpaolo quería desprenderse del Sudameris, un banco pequeño y en malas condiciones. Contra la opinión de sus colegas, McEnroy aceptó el reto. Pasó, como él mismo bromea, "de Midtown Manhattan a Downtown Asunción".
Su diagnóstico fue claro: sin dimensión, un banco no puede prosperar. Se necesita masa crítica, al menos un 10% del mercado, para asegurar el futuro. En 2004, el patrimonio neto del Sudameris era de 20 millones de dólares. Hoy supera los 500 millones.
Su plan original era quedarse tres años, poner en marcha el banco y venderlo. Han pasado veintiuno. No por falta de compradores, ya que rechazó tres ofertas convencido de que cada intento de venta solo confirmaba que el banco valía más. "En los negocios serios, el crecimiento se logra siendo fiable y consistente, no creativo."
En conversación pausada, McEnroy traza un paralelismo entre el Paraguay actual y la Irlanda de los años 70, cuando su país inició el camino hacia la prosperidad. "Paraguay ha tenido dos golpes históricos, la Guerra de la Triple Alianza y la dictadura, que lo detuvieron medio siglo. Pero se ha autoorganizado y avanzado", resume.
A su juicio, las decisiones de política económica desde 2003 marcaron un antes y un después. La apuesta por un "gobierno pequeño con costo pequeño" y la mejora de la administración pública crearon un terreno fértil. La agenda social de Lugo y la gestión empresarial de Cartes, dice, completaron un ciclo de madurez institucional.
"No hay nada gratis en este mundo. Todo lo que un gobierno promete, alguien lo paga. Y ese alguien es el ciudadano."
Desde la absorción del Banco Regional en 2022, Sudameris se consolidó como uno de los grandes actores del sistema financiero paraguayo. McEnroy lo describe con una metáfora sencilla: "Paraguay necesita cinco bancos fuertes. Hoy hay cuatro sillas ocupadas. Falta una. Y sí, Sudameris tiene hambre de un banco más, y no lo niega."
Pero no se precipita. "El momento en que alguien quiere vender no siempre coincide con el momento en que uno quiere comprar". Su modelo es paciente: crecimiento orgánico, cliente por cliente, producto por producto.
"No financiamos viajes de placer", aclara, "pero sí casas, autos o herramientas de trabajo. Ese es el rol de un banco: custodiar el dinero de los depositantes."
Su filosofía crediticia se apoya en las tres C: Carácter, Capacidad de pago y Colateral. "Un banco no es un inversionista. Nunca podría decirle a una abuela que no hay dinero para devolverle".

En 2024, Sudameris anunció su nueva sede central: Sudameris Plaza, diseñada por Foster + Partners, el estudio de Sir Norman Foster. El edificio, de 188 metros y 39 pisos, será un nuevo ícono del skyline asunceno.
"Yo dije que sería el último en construir su sede, no el primero. Cuando todos ya estaban asentados, era el momento de levantar nuestro trono", cuenta con una sonrisa.
La elección de Foster no fue casual. "Cuando vi que se postuló Sir Norman Foster, ya sabía que ganaba. Es el rockstar en este rubro." Detrás de la decisión hay una estrategia: posicionar a Paraguay en el mapa global a través de una arquitectura que refleje estabilidad y visión de largo plazo.
El banquero observa con escepticismo la fiebre fintech y la volatilidad de las criptomonedas. "En 2024 se robaron más de 2.200 millones de dólares en Bitcoin. No es ni moneda de pago ni reserva de valor; depende solo de que alguien pague más mañana. Es la Tulipomanía del siglo XXI".
Su mirada sobre la inteligencia artificial es más templada: "Sirve para lo lógico, pero el 95% de las decisiones financieras son emocionales."
McEnroy sostiene que el país está en un punto de inflexión. "Si quieres entender cómo un país ocupa su tiempo, mira el PIB; si quieres entender cómo gana plata, mira sus exportaciones", explica. Y las próximas grandes oportunidades, asegura, están en la forestación y la energía. Paraguay tiene tres zonas aptas para proyectos forestales, dos ya en marcha. La otra gran oportunidad es energética: "El único camino que tenemos es utilizar toda nuestra energía", insiste. "Lo único cierto del futuro es que se consumirá toda la energía disponible."

Con dos hijos y más de cinco décadas de carrera, su relación con el dinero cambió. "La persona más triste es la que necesita gastar para ser feliz. Prefiero el tiempo con mis amigos y mi familia. El dinero es una herramienta, no un fin."
Su consejo para los jóvenes es pragmático: "Aprende a hacer algo y a hacerlo bien. No te obsesiones con ser Elon Musk. Cuando llegue la oportunidad, ten el coraje de tomarla."
McEnroy asegura que todavía es demasiado joven para hablar de legado, pero acaricia un sueño cultural: fundar un museo nacional de arte que rescate obras paraguayas del siglo XIX. "Un país sin memoria artística no tiene identidad".
En lo personal, su brújula moral la heredó de su madre. "Si logro ser la mitad de lo que ella fue, me doy por satisfecho." Y, con su humor irlandés intacto, recuerda una promesa de infancia: "Le dije a mi maestra que volvería cuando fuera millonario. Lo cumplí a los 31. Pero al final, uno se lleva solo lo que no tenía al llegar: los dientes."