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La nueva era cognitiva: por qué la identidad digital será la próxima revolución

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Fabio Budris advierte que no estamos frente a un cambio tecnológico más, sino ante "el inicio de una nueva era", donde los datos, la IA y la trazabilidad serán el nuevo poder estratégico

13 Diciembre de 2025 07.00

Fabio Budris, aliado estratégico de Infocenter y referente en deeptech, parte de una idea disruptiva: "no estamos viviendo en una era de cambios, sino comenzando una nueva era"

Para él, la irrupción simultánea de inteligencia artificial (IA), datos de alta escala, automatización y tecnologías de frontera no representa una evolución gradual, sino más bien un quiebre estructural que transformará por completo a empresas y gobiernos.

Lo resume de manera categórica: "el nuevo poder ahora no es la energía; el nuevo poder es la deeptech, la tecnología y los datos". Bajo esta nueva lógica, las estructuras corporativas tradicionales entran en obsolescencia y dan paso a organizaciones "AI First", donde agentes inteligentes toman decisiones, automatizan operaciones y funcionan 24/7. 

Según Budris, este cambio no se materializará en 15 años, sino en apenas cuatro o cinco. Más aún, advierte que "las empresas que no cuenten con esta tecnología en los próximos años no van a poder competir".

La misma transformación alcanzará a los gobiernos, que deberán adoptar sistemas interoperables, datos verificables y procesos automatizados para sostener la eficiencia en servicios públicos, trámites y seguridad digital.

Una crisis de confianza

La aceleración tecnológica trae consigo el problema central de la erosión de la confianza digital. Budris lo explica con claridad: "el Internet nos conectó, pero cualquier identidad puede ser falsificada". Ese debilitamiento ya genera pérdidas multimillonarias y tiene a los deepfakes como protagonistas de un escenario cada vez más inquietante.

Como ejemplo, relata el caso de un CFO estadounidense que transfirió US$ 1,2 millones después de recibir una llamada que parecía, en voz, tono y urgencia, del CEO de la compañía. "Era un deepfake hecho con inteligencia artificial... y no hay forma de demostrar que no funciona", afirma.

Las cifras exponen la magnitud del riesgo: en 2024 se perdieron alrededor de US$ 8.500 millones por estafas de este tipo, y para 2025 se proyecta un incremento que podría elevar las pérdidas hasta los US$ 27.000 millones. Un 35% de las empresas ya fue atacada y solo el 13% de las personas confía plenamente en operaciones online.

Según Budris, la gravedad del problema radica en que, cuando ocurre una falsificación digital de identidad, "no se puede volver atrás". Esta fragilidad amenaza tanto a ciudadanos como a organizaciones y gobiernos.

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Fabio Budris, Aliado estratégico de Infocenter y conferencista internacional

La identidad digital autosoberana

Frente a este escenario, Budris es contundente: la única forma de sostener un ecosistema digital seguro es vincular identidad e inteligencia artificial como partes inseparables. "La confianza se está volviendo algo raro y muy valioso", afirma. La tecnología que emerge como respuesta es la Identidad Autosoberana (SSI), un sistema descentralizado donde las personas y las empresas vuelven a tener control sobre su identidad.

En este modelo, cada individuo, empresa o agente de IA posee un identificador único e infalsificable registrado en blockchain, que funciona como un "cédula de identidad digital" imposible de alterar. 

Sobre ese identificador se construyen credenciales verificables que permiten transacciones instantáneas, seguras y sin intermediarios. Budris destaca además la autenticación sin datos, una técnica que permite demostrar atributos, como edad, propiedad o solvencia, sin revelar información privada.

Para Budris, esta infraestructura no sólo restablece la confianza, sino que inaugura una forma nueva de operar. Los gobiernos podrán reducir el fraude y simplificar trámites; las personas recuperarán control y privacidad sobre sus datos; y las empresas podrán incorporar clientes en segundos, interoperar con facilidad y habilitar nuevos modelos de negocio basados en reputación digital portable.

El papel de la IA en este esquema es doble, ya que necesita identidad digital para operar con trazabilidad y, al mismo tiempo, potencia la verificación mediante biometría avanzada, detección de anomalías y monitoreo continuo. 

"Es imposible que haya inteligencia artificial sin identidad digital y tampoco identidad digital sin inteligencia artificial", sentencia Budris.

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Latinoamérica frente a una ventaja estratégica

Mientras la Unión Europea prepara la adopción obligatoria de sistemas de identidad descentralizados para 2026, Estados Unidos experimenta con pruebas de humanidad en sus procesos digitales y China avanza con modelos centralizados de control poblacional, Latinoamérica aparece, sorprendentemente, en una posición estratégica.

Budris sostiene que la región puede "dar el salto" sin las complejidades y costos que enfrentan países con sistemas heredados. Cita como ejemplo el protocolo QuarkID desarrollado en Argentina, que ya se implementa en la Ciudad de Buenos Aires para siete millones de personas y comienza a expandirse a México, Colombia y Europa.

El impacto económico potencial es significativo, con estudios del Banco Mundial y del Foro Económico Mundial estimando que la adopción plena de esta infraestructura podría impulsar hasta 13 puntos del PIB en países como Paraguay, principalmente por la reducción del fraude, la aceleración de trámites y la ampliación de la inclusión financiera.

Fabio Budris resume la oportunidad con una frase que refleja el momento histórico: "Latinoamérica es la nueva frontera de la confianza digital"

El futuro no estará definido solo por la inteligencia artificial, sino por lo que Budris llama "la auténtica inteligencia": un ecosistema donde la IA, identidad digital y confianza funcionan como un sistema integrado que cambia cómo operan empresas y gobiernos.

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