Los puntos más importantes a tener en cuenta del acuerdo Mercosur–Unión Europea
El acuerdo comercial entre el Mercosur y la Unión Europea volvió al centro del debate global tras la aprobación provisional de su firma por parte de los representantes europeos el 9 de enero de 2026.
Luego de más de 25 años de negociaciones, el entendimiento avanza como uno de los pactos comerciales más ambiciosos a nivel mundial, no solo por su alcance económico, sino también por sus implicancias geopolíticas, productivas y ambientales.
Para países como Paraguay, el acuerdo plantea oportunidades concretas, pero también desafíos que conviene analizar con precisión.
El primer punto a considerar es la magnitud del acuerdo. La aprobación se logró mediante una mayoría cualificada dentro de la Unión Europea, pese a la oposición de países con peso agrícola como Francia y Polonia, y a un contexto internacional marcado por el retorno del proteccionismo.
El tratado apunta a consolidar una zona de libre comercio que abarca a más de 700 millones de personas, con el objetivo explícito de reducir la dependencia europea de China y amortiguar el impacto de eventuales aranceles estadounidenses.
Desde la región, el respaldo político fue contundente. El presidente paraguayo Santiago Peña lo definió como “el acuerdo de libre comercio más grande del mundo, en la historia de la humanidad”, subrayando que Paraguay representa “una enorme oportunidad” dentro del nuevo esquema.
En la misma línea, el presidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva calificó la jornada como un “día histórico para el multilateralismo”, al considerar que el pacto envía una señal clara a favor del comercio internacional como motor de crecimiento compartido.
A este respaldo se sumó el presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, quien destacó que el acuerdo permitirá a las empresas europeas, y especialmente a las españolas, entrar a nuevos mercados, exportar más y generar más empleo, al tiempo que refuerza el vínculo estratégico entre Europa y América Latina. Su mensaje apuntó a diferenciar el acuerdo de un clima global dominado por aranceles, amenazas y unilateralismo.

El segundo eje clave es el impacto concreto sobre el comercio. Para la Unión Europea, el acuerdo implica la eliminación de aranceles elevados en productos como aceite de oliva, vinos, bebidas, chocolates y malta, además de cuotas con arancel cero para lácteos.
Bruselas estima que las exportaciones agroalimentarias europeas al Mercosur podrían crecer cerca de un 50%, sobre una base que ya superó los 3.300 millones de euros en 2024.
Para el Mercosur, el acceso al mercado europeo se dará principalmente a través de cuotas limitadas en productos sensibles, como carne vacuna, aves, azúcar, etanol, miel y arroz. Aunque estas cuotas representan volúmenes acotados dentro del mercado europeo, su relevancia está en la previsibilidad y en el acceso preferencial a uno de los mercados más exigentes del mundo.
En el caso de la carne vacuna, por ejemplo, la cuota equivale a una fracción mínima del consumo europeo y a una porción aún menor de la producción total del Mercosur.
Un punto central es que el acuerdo mantiene sin excepciones los estándares sanitarios y fitosanitarios de la UE, pero introduce mecanismos de regionalización sanitaria y auditorías más uniformes, lo que puede facilitar los procesos de exportación para países con sistemas productivos consolidados.
Además, se incorporan cláusulas de salvaguarda bilaterales, que permiten reaccionar ante impactos graves en sectores sensibles, una de las principales demandas de los países europeos reticentes.
El tercer aspecto clave a tener en cuenta es el ambiental y político. El acuerdo incorpora compromisos explícitos con el Acuerdo de París y establece que, desde finales de 2025, productos como soja, carne y café deberán estar libres de deforestación para ingresar al mercado europeo.
La Comisión Europea sostiene que las cuotas negociadas no incentivarán una expansión significativa de la producción en el Mercosur, y que, por lo tanto, no deberían generar presión adicional sobre ecosistemas sensibles.
Aun así, las críticas persisten. Francia y otros países advierten sobre el impacto en sus agricultores y sobre el riesgo de competencia considerada desleal, lo que anticipa un debate intenso en el Parlamento Europeo, instancia clave para la ratificación definitiva. El acuerdo, por lo tanto, aún no está cerrado desde el punto de vista institucional.