Menos hacienda, más presión: la ganadería paraguaya enfrenta una caída sostenida sin señales de recuperación
La evolución del stock bovino en Paraguay refleja una tendencia que empieza a generar preocupación dentro del sector. Entre 2020 y 2025, el total nacional cayó de 14 millones a 12,8 millones de cabezas, acumulando un retroceso del 9% en cinco años, según los datos del Servicio Nacional de Calidad y Salud Animal (Senacsa).
Si bien la disminución no fue lineal, el comportamiento general muestra una pérdida sostenida. Los años más críticos fueron 2022 y 2024, con caídas superiores al 2,5%, mientras que otros períodos registraron descensos más moderados, pero sin revertir la tendencia.
El dato no es menor en un país donde la ganadería es uno de los principales motores productivos y de exportación. La reducción del stock no solo impacta en el presente, sino que condiciona directamente la capacidad futura de crecimiento del sector.
En este contexto, la advertencia desde la industria es clara: el problema no es coyuntural, sino estructural, y está vinculado directamente a la falta de reposición dentro del sistema productivo.
“Paraguay no tiene suficientes terneros para sostener en el tiempo una faena cercana a 2,5 millones de cabezas. Cuando empieza a faltar reposición, lo que estamos haciendo es consumir nuestro propio capital productivo”, aseguró Claudia Bogado, gerente de la Asociación Paraguaya de Productores y Exportadores de Carne (Appec).
La caída del hato ganadero, según explicó, impacta en toda la cadena. No se trata únicamente de una reducción numérica, sino de una señal de alerta sobre la base misma del negocio.
Bogado indicó que el stock bovino es el eslabón central de la cadena cárnica, ya que sin animales no hay producción futura ni capacidad de sostener el crecimiento exportador.

Además, advirtió que esta situación pone en riesgo la estabilidad de la industria, que depende de un flujo constante de hacienda para mantener niveles de faena competitivos.
En paralelo, el escenario también expone debilidades en la articulación del sector, donde la falta de coordinación aparece como un factor que agrava el problema.
“Existe una falta de gobernanza y de coordinación entre los distintos eslabones de la cadena. Necesitamos una visión integrada entre productor, industria y sector público”, afirmó.
Desde la perspectiva del productor, el contexto actual tampoco genera incentivos suficientes para revertir la tendencia. La inversión en retención de vientres y mejora productiva requiere previsibilidad.
En ese sentido, Bogado sostuvo que se necesitan señales claras, reglas estables y condiciones adecuadas para fomentar decisiones de largo plazo dentro del campo.
Sin ese marco, explicó, el sistema pierde capacidad de regenerarse, lo que termina profundizando la caída del stock.
El desafío, entonces, no pasa solo por frenar la baja, sino por reconstruir la base productiva del sector.
“Paraguay tiene un enorme potencial ganadero, pero debemos cuidar la base del sistema. Recuperar el hato tiene que ser una prioridad nacional”, concluyó.