Lo que empieza como una asignación corporativa se convierte en arraigo, con una integración social real y vínculos personales fuertes que redefinen la experiencia del expatriado en el país.
Mientras refuerza su discurso sobre el empleo local, la empresa del presidente multiplica los pedidos de visas temporales para cubrir tareas de hotelería y cosecha. El club Mar-a-Lago y otras propiedades buscan trabajadores extranjeros como nunca antes.