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26 Febrero de 2026 12.00

Vienen por meses y se quedan por décadas: ejecutivos deciden echar raíces en Paraguay

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Lo que empieza como una asignación corporativa se convierte en arraigo, con una integración social real y vínculos personales fuertes que redefinen la experiencia del expatriado en el país.

Los movimientos ejecutivos suelen responder a ciclos económicos, procesos de expansión corporativa o asignaciones acotadas en el tiempo. Sin embargo, en ciertos casos, la decisión excede el mandato profesional y se convierte en una apuesta personal de largo plazo. 

En Paraguay comienza a observarse con mayor nitidez esta dinámica: el país ya no aparece únicamente como un destino eficiente para invertir, sino como un territorio donde ejecutivos extranjeros construyen carrera, redes y arraigo.

Hernán Passini, Presidente & CEO de Bayer Paraguay y Bolivia, junto a Matías Ordeix, Presidente de Cafepar, y Agustín Magallanes, Presidente de United Enterprises, representan distintos momentos de esa transformación. Sus trayectorias permiten leer, en clave humana, un cambio estructural más profundo.

Passini conoció el país en dos etapas: vivió entre 2004 y 2010 y regresó hace poco más de dos años. En ambas experiencias identificó un rasgo diferencial que, en su visión, vuelve el día a día profesional particularmente enriquecedor. 

“Siempre noté como que un diferencial para mí en el trabajo es la gente y cómo de alguna forma acepta y abre los brazos a la diversidad, la diversidad de culturas, de ideas, de formas de trabajar inclusive”, sostiene. 

Magallanes llegó en 1999 para liderar una operación regional bajo un contrato de tres años. Permaneció diecinueve.Vine por tres años y me terminé quedando casi dos décadas. Cuando llegó el momento de decidir si regresaba o no, mi equity estaba invertido acá, personal”, recuerda, apelando a una metáfora financiera para explicar una decisión vital.

La experiencia de Matías Ordeix dialoga con esas historias desde otro ángulo temporal. Regresó a comienzos de los años 2000, cuando Paraguay todavía no figuraba en el radar regional como destino atractivo para la inversión. 

Había, según rememora, mucho más por construir en Paraguay, porque todos los negocios nuevos o empresas que ya habían tenido cierta madurez en la región todavía acá no estaban”, en un contexto donde el país se encontraba “muy atrasado en cuanto a tecnología, empresas, nuevos negocios y servicios”. El riesgo era evidente; el potencial, también.

En esas trayectorias se sintetiza una mutación más amplia. Paraguay dejó de ser percibido como una economía periférica para posicionarse como un entorno que combina rentabilidad competitiva, estabilidad institucional y densidad relacional.

Hernán Passini
Hernán Passini, Presidente & CEO de Bayer Paraguay y Bolivia

La macroeconomía como una base de confianza

Si la primera ola de ejecutivos asumió riesgos en un ecosistema todavía incipiente, la consolidación vino después. Ordeix subraya que el país fue ganando credibilidad externa a partir de una política económica consistente, un banco central autónomo y niveles de inflación previsibles.

“Uno lo pone en un Excel y comparativamente es más barato producir o hacer negocios en Paraguay por las cargas impositivas, por el costo de la energía, de la construcción y de las materias primas”, resume, sintetizando una ventaja que con el tiempo se volvió más visible frente a la región.

Magallanes aporta perspectiva histórica. Recuerda las reformas fiscales de comienzos de los 2000 y el fortalecimiento institucional que permitió blindar la macroeconomía. 

“Las decisiones fiscales que se han tomado han sido un apalancamiento muy fuerte para Paraguay, su ordenamiento macroeconómico y el blindar instituciones como el Banco Central. Hay muchas cosas que creo que se han venido haciendo de manera bastante fuerte.”

A su juicio, el cambio de percepción no fue resultado de un ciclo aislado, sino de una construcción acumulativa sostenida en el tiempo. Esa racionalidad económica explica la llegada de capital. Pero no alcanza, por sí sola, para explicar la permanencia.

Agustin Magallanes
Agustín Magallanes, Presidente de United Enterprises

Apertura cultural y entrenabilidad del talento

El diferencial no es únicamente económico, sino también sociocultural. En su segunda etapa en el país, Passini encontró “mucha apertura en los equipos de trabajo para compartir experiencias” y una disposición genuina a integrar miradas externas con conocimiento local.

Esa combinación genera, en sus palabras, “un lindo combo” entre crecimiento económico y apertura humana. Implementar nuevas prácticas requiere construir confianza, pero —según destaca— existe predisposición para hacerlo.

Es uno de los lugares con más apertura a recibir formas nuevas de hacer las cosas. No hay una limitación de que alguien venga de afuera y se diga que acá las cosas se hacen distintas”, afirma, señalando que esa receptividad facilita trasladar experiencias de otros mercados siempre que se respete la cultura local.

Magallanes introduce un concepto menos habitual en el análisis macroeconómico: la entrenabilidad. En su experiencia, el talento joven paraguayo exhibe una fuerte disposición a aprender y evolucionar. “El paraguayo es una persona entrenable, y en la mayoría de los países donde yo vivía antes, la gente no es entrenable, y eso tiene muchísimas complicaciones.”

Más que experiencia acumulada, encontró capacidad de adaptación. Una cualidad menos visible en los indicadores, pero determinante para empresas que buscan escalar operaciones en entornos dinámicos.

Matias Ordeix, presidente de Cafepar S.A.
Matías Ordeix, Presidente de Cafepar

Capital social como ancla de permanencia

Hay un elemento transversal en los tres testimonios: la velocidad y profundidad con la que se construyen vínculos personales y profesionales.

Passini recuerda que estaba “comiendo en la mesa con la familia de gente que conocía hace muy poco. Es algo que para el paraguayo es normal, abrir las puertas de la casa e invitarte, pero en el resto del mundo no es algo habitual”, una experiencia que marcó su primera etapa y que influyó en su decisión de regresar.

Ordeix lo describe en términos directos. El extranjero se siente muy bien recibido, el paraguayo lo invita a su casa, lo integra fácilmente a la sociedad local y realmente siente la calidez”, enfatizando que no se trata de una cortesía superficial, sino de integración real.

Magallanes complementa esa idea al señalar que en Paraguay, “gracias a que la gente es como es en todo sentido: en su apertura y cortesía, hace que el ambiente pueda ser un buen lugar para crecer con una familia y para desarrollarte.”

La red relacional transforma así una asignación ejecutiva en un proyecto vital. Funciona como ancla y como amortiguador frente a volatilidades externas.

Un destino que retiene talento

La decisión de permanecer trasciende lo profesional. La seguridad relativa de Asunción frente a otras capitales sudamericanas, el mayor poder adquisitivo y la posibilidad de acceder a vivienda amplia y servicios domésticos a costos razonables configuran un estándar difícil de replicar en mercados más desarrollados.

Magallanes enfatiza que “la seguridad que hay en Asunción es mucho mejor que cualquier capital de América Latina”. Ordeix agrega que “uno a veces critica sin conocer la realidad de otras ciudades: uno va a Montevideo, Buenos Aires o San Pablo, y son ciudades que no son seguras realmente”, mientras que en Asunción es posible vivir con un nivel de tranquilidad poco frecuente en la región.

En términos de costo de vida, Ordeix señala que contar con apoyo en el hogar es un lujo inaccesible para la clase media en varios países vecinos, mientras que en Paraguay resulta viable para un espectro más amplio de profesionales.

A ello se suma la evolución urbana. En su regreso, Passini encontró una ciudad transformada, con mayor oferta gastronómica, cultural y de entretenimiento. “Ahora Asunción es una ciudad que ofrece muchas alternativas, la verdad es que cambió y mejoró bastante”, explica. Esa mejora reduce el costo emocional del traslado para familias provenientes de grandes urbes y facilita la adaptación.

En la convergencia entre previsibilidad económica y calidez humana emerge una ventaja que no figura en los balances, pero que empieza a definir con mayor claridad el posicionamiento del país en la región.

Es cierto que Paraguay sigue siendo un mercado pequeño en términos demográficos. Pero su crecimiento sostenido, su disciplina macroeconómica y su apertura cultural están construyendo algo más profundo que un entorno atractivo para invertir. Están consolidando un ecosistema donde el ejecutivo extranjero no solo llega, sino que decide quedarse.

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