El crecimiento del sector ovino choca con su propio límite, es necesario más producción
El sector ovino paraguayo atraviesa un momento de expansión impulsado por la apertura de mercados internacionales.
Según explicó Sofía Balansa, Directiva de la Asociación Paraguaya de Hampshire Down, la habilitación de Israel en 2024 marcó un punto de inflexión para la carne ovina nacional.
“El año pasado en mayo fue el boom del momento, lo que sería la habilitación de Israel que abría su mercado a la carne ovina nacional, fue realmente impactante”, afirmó.
A este avance se suma recientemente el interés de Emiratos Árabes Unidos, lo que genera expectativas, pero también nuevos desafíos. “Tenemos dos mercados internacionales hoy día que realmente reflejan muchísimas oportunidades, pero también como desafío a superar”, señaló.
La capacidad productiva del país todavía está lejos de satisfacer la demanda existente y según Balansa, aunque el país cuenta con muchos recursos, aún falta el número suficiente de vientres para poder abarcar plenamente la producción necesaria.

Uno de los principales problemas del sector es la falta de cifras precisas sobre el stock ovino, mientras el censo agropecuario de 2022 registró unas 480.000 cabezas, estimaciones del sector elevan la cifra a más de un millón.
Esta debilidad se traduce en dificultades para planificar y crecer a esto se suma la escasez de hembras reproductoras.
“Tenemos ese déficit de hembra que realmente deberíamos importar o hacer una mesa de trabajo para aumentar nuestro hato ovino”, agregó.
El crecimiento del consumo local es otro punto a aparte mencionó la directiva ya que la carne ovina dejó de ser un producto estacional y hoy registra demanda durante todo el año.
Pero también dijo que la oferta no logra acompañar este cambio, ya que la falta de producción se refleja incluso en supermercados de Asunción.
Actualmente, la demanda insatisfecha en Asunción y Gran Asunción se estima en más de 650.000 kilogramos anuales, lo que evidencia el potencial del mercado interno.

El sector apuesta fuertemente al mejoramiento genético como motor de desarrollo. La importación de embriones, pajuelas y reproductores de alta calidad, principalmente desde Brasil, Argentina y Uruguay, está elevando el nivel productivo.
“Hoy día estamos hablando de transferencia embrionaria, de inseminación, de pajuelas inglesas que antes no teníamos”, destacó.
Además, se busca integrar a pequeños productores mediante acceso a genética de calidad y dijo que lo ideal sería un carnero registrado, reconociendo la importancia de mejorar la productividad desde la base.
Balansa mencionó queel interés internacional por invertir en el rubro crece, “muchos uruguayos me estaban consultando cómo ellos podrían invertir en ovicultura en Paraguay”, comentó.
A pesar del dinamismo, el sector enfrenta barreras, entre ellas el acceso limitado a financiamiento, la escasez de técnicos especializados y la débil articulación entre actores.
“Lo más difícil hoy en día es que nos puedan dar tasas de intereses buenas”, afirmó.
Además, insistió en la necesidad de una mayor coordinación público-privada, y propuso la creación de una mesa de trabajo con las personas que están trabajando en el sector, para que según ella, sea realmente un trabajo en conjunto.
Por otro lado mencionó que la producción ovina genera actualmente entre 600 y 700 empleos directos y se posiciona como una alternativa rentable para diversificar la ganadería tradicional.
Pero aclaró que el crecimiento acelerado exige consolidar bases más sólidas. “Estamos en una etapa de crecimiento, hay mucho interés, es muy rentable el sector, pero nos falta bastante en el sentido que tenemos tanto, pero nos falta vientre para poder abarcar nacionalmente e internacionalmente. Tenemos que comenzar en casa”, concluyó.