Con nuevas prioridades, los jóvenes valoran la flexibilidad, el bienestar y el propósito en sus carreras. Para atraerlos y retenerlos, las organizaciones deben repensar su cultura, ofrecer retroalimentación constante y garantizar estabilidad sin sacrificar libertad.
Muchas veces los talentos no renuncian simplemente a una empresa, sino a dirigencias ineficaces. En Estados Unidos, siete de cada diez trabajadores afirman que renunciarían a un trabajo si tuvieran un mal manager.
Por su naturaleza, los nuevos líderes son flexibles, adaptables, buenos amigos de las nuevas tecnologías y buscadores incansables de nuevos desafíos. Todas esas características los acercan a sus equipos.
Permanecer en una misma empresa toda la vida era una aspiración y un honor. Ahora el desafío es abrirse a la colaboración global que atraviesa fronteras físicas y humanas tejiendo una inagotable red de oportunidades.