Tupi se transforma con inteligencia artificial
La directora de Tupi, Carolina Riveros, describe los últimos dos años como un momento decisivo para la compañía. Afirma que el avance simultáneo de nuevas herramientas tecnológicas llevó a la empresa a explorar la inteligencia artificial (IA) mucho antes de que se masificara su discusión en el país.
"Fuimos viendo, escuchando, y ya por todos lados era como que nadie estaba preparado", recuerda, convencida de que el desafío no era sólo tecnológico, sino cultural.
Esa exploración temprana se vio facilitada por su estrecha relación con Google y Meta, un vínculo que permitió a Tupi acceder antes que muchos a campañas y herramientas avanzadas.
Riveros explica que su equipo siempre fue de los primeros en testear lo nuevo: "Somos muy partners de Google y Meta, entonces cuando ellos van implementando nuevas campañas, somos los primeros en explorar, en implementar y ver qué resultados tiene".
La motivación era clara: con una inversión de marketing significativa, equivocarse podía resultar costoso. Fue esa lógica la que los llevó a probar Performance Max (PMax), la campaña automatizada de Google que optimiza resultados en todo su ecosistema publicitario.
Los números confirmaron el impacto. Tras implementar PMax, Tupi experimentó un aumento del 50% en sus resultados, una mejora que Riveros atribuye a la capacidad de la IA para elegir automáticamente las audiencias más relevantes según el comportamiento de cada usuario.
El ejemplo más contundente proviene de una campaña reciente, entre el 1 y el 30 de noviembre, que generó 9,3 millones de impresiones, alcanzó a 1 millón de personas, registró 10.000 compras en el sitio y dejó un retorno de inversión del 300%.
La IA no solo optimizó el gasto, sino que también alertó sobre fallas en el catálogo o la página web, desde imágenes deficientes hasta tasas de rebote elevadas.
Riveros destaca que la IA también transformó la creación de contenidos. "Antes teníamos que contratar un diseñador e insistir para que nos pase los materiales", comenta. Hoy, herramientas de generación permiten producir piezas rápidamente, ajustarlas y reformularlas tantas veces como sea necesario.
No obstante, la directora insiste en que la creatividad humana sigue siendo irremplazable: la IA potencia, no reemplaza.
El cambio más profundo, sin embargo, no llegó desde el marketing. Tupi encontró en recursos humanos uno de sus mayores dolores: un proceso de selección lento, burocrático y dependiente de demasiados filtros manuales. "A veces tardábamos treinta días en conseguir un perfil interesante, era un dolor de cabeza", admite.
La empresa optó por un software con IA que automatiza postulaciones, formularios y tests psicológicos, entregando una shortlist basada en criterios como resiliencia, afinidad al área comercial, integridad o nivel cognitivo. El beneficio fue inmediato: menos tiempo perdido revisando cientos de perfiles y más precisión en la selección.
Otro punto crítico era el área de cobranzas, donde la presión de los clientes por respuestas rápidas generaba saturación. La empresa decidió automatizar la conversación inicial y la carga de pagos por transferencia, un proceso que consumía gran parte del tiempo del equipo.
Hoy, la IA resuelve el 80% de las consultas, aplica pagos leyendo documentos y mantiene una interacción "súper natural, súper humana", según detalla Riveros. El resultado fue doble: ahorro operativo y la posibilidad de crecer sin aumentar personal. "No disminuimos la cantidad de personas", aclara, "sino que optimizamos para no tener que ampliar el equipo".

La directora insiste en que la IA no quita trabajo, sino que libera tiempo y eleva capacidades. "La IA te ahorra tiempo, te facilita, te optimiza", repite, mientras impulsa una campaña interna para que cada colaborador utilice la IA en sus tareas diarias, incluso en áreas como informática, donde ya piden y ajustan código mediante herramientas generativas. El desafío, admite, es desterrar el tabú de que la tecnología piensa por ellos.
Implementar IA, no obstante, no es un proceso lineal. Riveros reconoce que la resistencia interna es real, especialmente al inicio. "Normalmente la gente se resiste, por eso las personas con un cargo importante tienen que empujar el proyecto", reflexiona.
Habla de "padrinos" y "madrinas" dentro de la organización que sostienen la implementación cuando surgen problemas o aparece el clásico "vamos a volver a lo de antes". En Tupi ya están acostumbrados a que las primeras etapas sean caóticas, incluso tensas. "Sabemos que después tendrá sus resultados, entonces peleamos hasta que salga bueno".
Mirando hacia 2026, Tupi se propone a dar un salto más ambicioso: llevar la IA al área comercial. La atención al cliente en ventas es más delicada, y el rechazo del consumidor cuando percibe que habla con un robot sigue siendo un obstáculo.
"Todavía no pudimos lograr esa conversación con inteligencia artificial", admite, aunque llevan meses trabajando en ello. El objetivo es que el proceso sea tan natural que una venta pueda concretarse sin intervención humana, siempre que el cliente no detecte la automatización.
El plan es que al menos el 50% de los procesos de la compañía sean automatizados por IA, especialmente los repetitivos. Pero para Riveros, el verdadero desafío no es tecnológico, sino emocional: lograr que "la gente quiera a la IA".
La apuesta de Tupi es una inteligencia artificial que no sustituya, sino que acompañe, acelere y multiplique el trabajo humano. Si los resultados actuales marcan el camino, la empresa paraguaya está bien posicionada para convertirse en uno de los casos más sólidos de adopción efectiva de IA en el país.