El pollo paraguayo da el salto a un mercado de 115 millones de consumidores en Filipinas
Por primera vez, la carne aviar paraguaya logró ingresar al mercado filipino, uno de los que registra el mayor crecimiento en consumo de proteína en el Sudeste Asiático. El logro posiciona a Paraguay en un escenario donde la demanda supera a la producción doméstica y donde los proveedores capaces de demostrar estándares estrictos de sanidad tienen verdaderas oportunidades de expansión.
Filipinas se consolidó en los últimos años como uno de los mercados cárnicos más grandes de la región. Su población, que supera los 115 millones de personas, impulsa un consumo creciente de proteína, especialmente de pollo. Aunque la producción local ha venido aumentando, no logra cubrir el ritmo de la demanda, por lo que el país recurre de forma constante a importaciones para estabilizar precios y abastecer al retail como a la industria alimentaria.
En ese contexto, Paraguay aparece como un origen emergente con potencial competitivo. Estefanía Vargas Peña, Directora de Pollpar S.A., destaca que "Filipinas es un cliente sumamente interesante" no solo por su escala, sino por el margen de crecimiento que todavía tiene su consumo interno.
También subraya que se trata de un mercado que demanda una variedad amplia de cortes, lo que crea una complementariedad comercial para Paraguay. "Consumen mucha carne de las partes oscuras del pollo, como alas y muslo, que no son tan demandadas por otros mercados, lo que nos permite complementar de manera ideal la exportación existente que estamos llevando a cabo", explica.

El acceso sanitario a Filipinas implicó un proceso exigente que obligó a demostrar bioseguridad y consistencia productiva. Su aprobación le otorga a Paraguay una carta de presentación clave frente a competidores tradicionales como Brasil y Estados Unidos. Vargas Peña señala que el país puede aprovechar una ventana competitiva particular: "Paraguay tiene como principal ventaja la confiabilidad, principalmente en materia sanitaria".
Mientras Estados Unidos enfrenta bloqueos recurrentes por influenza aviar y Brasil gestiona una cartera tan amplia de destinos que a veces prioriza otros mercados, ambos proveedores también tuvieron incidentes sanitarios recientes. "Paraguay tiene una oportunidad importante de consolidarse como un origen de altísima calidad y constante frente a sus competidores", afirma. La única desventaja estructural, admite, es logística: "Es una desventaja que lastimosamente tenemos que aprender a manejar".

El impacto potencial del mercado filipino se extiende más allá de la exportación puntual. La integración de la cadena aviar paraguaya podría acelerarse si se sostiene la escala exportadora. Vargas Peña dimensiona esa transformación: "Hoy la industria ya consume miles de toneladas de soja y maíz por mes, transformando valores de US$ 170 por tonelada en forma de maíz a US$ 2.500 o 3.000 por tonelada en forma de carne de pollo".
También anticipa efectos positivos en empleo y nuevas inversiones: "Solo Pollpar emplea a casi 2.000 personas, número que debería ir aumentando a medida que las industrias vean perspectivas de crecimiento". Y agrega un punto clave sobre la profundidad de estas apuestas: crecer en avicultura es costoso y exige una cadena integrada. "Mercados grandes como el filipino, en una región estratégica como el Sudeste Asiático, son cruciales para que la industria arriesgue capital e invierta en proyectos a largo plazo", sostiene.
En su visión, estas aperturas significan algo más amplio: "La apertura de mercados como este significa un crecimiento para el país".
La entrada a Filipinas también actúa como credencial sanitaria regional para Paraguay y lo ubica en el mapa asiático como un origen confiable. Si el país logra sostener calidad, consistencia y volumen, este primer envío podría ser el inicio de una nueva etapa de expansión global para la carne de pollo paraguaya.