Trigo y canola vuelven a crecer en Paraguay, pero el precio sigue siendo el verdadero termómetro
Para la campaña de invierno se visualizan señales de recomposición gradual para el trigo y la canola en Paraguay, en un contexto donde la rotación de cultivos, la competitividad frente a otros granos y, sobre todo, los precios internacionales siguen siendo determinantes para la toma de decisiones del productor.
Según un informe del Instituto de Biotecnología Agrícola (INBIO), la superficie sembrada con trigo alcanzó 392.890 hectáreas, lo que representa un aumento de 14.687 hectáreas respecto a 2024. Se trata del segundo repunte en los últimos ocho años, aunque aún lejos de los niveles históricos del cultivo.
Por su parte, la canola registró 74.244 hectáreas sembradas, con un incremento interanual de 10.885 hectáreas, mostrando una estabilización tras la fuerte retracción del año pasado.
Desde el punto de vista productivo, el trigo y la canola continúan posicionándose como alternativas estratégicas dentro del esquema de invierno. “El trigo y la canola son cultivos alternativos de invierno, no compiten por la soja y funcionan muy bien en la rotación de cultivo”, explicó Alfred Fast, Presidente de INBIO.
En términos de volumen, Paraguay produjo en la última campaña más de 1,2 millones de toneladas de trigo, superando ampliamente la demanda interna.
“Estamos utilizando a nivel nacional como 750, 800 toneladas de trigo para el autoabastecimiento y produjimos más de 1.200.000 toneladas, o sea un 50% más de lo que nosotros necesitamos”, señaló Fast, destacando el potencial exportador del cereal.
Sin embargo, el escenario externo impone desafíos. La buena cosecha registrada en Argentina redujo el apetito regional por el trigo paraguayo, presionando los precios y complicando la planificación del productor.
“El precio es algo que influye muchísimo en la decisión”, remarcó el titular de INBIO.

A este contexto se suma la competencia directa de otros cultivos como el maíz y el sorgo, impulsados por la producción de etanol y el crecimiento de los sectores avícola y porcino, que disputan superficie con el trigo y la canola.
Frente a este escenario, la calidad se vuelve un factor central para sostener al trigo como opción viable. “Tenemos que tener variedades que tengan un buen rinde al mismo tiempo de tener una buena calidad industrial”, afirmó Fast.
El informe del INBIO también destaca un fuerte crecimiento de los abonos verdes, que alcanzaron 1.088.246 hectáreas, unas 181.668 hectáreas más que en 2024, reflejando una mayor apuesta por la eficiencia productiva y el cuidado del suelo.
En conjunto, los datos muestran un agro que diversifica, ajusta y prioriza decisiones económicas en un entorno cada vez más competitivo y condicionado por el mercado regional.