Paraguay puede abastecer el apetito brasileño por el ajo, pero primero debe volverse competitivo
Macarena Duarte Periodista
Macarena Duarte Periodista
De acuerdo con datos del Ministerio de Industria y Comercio (MIC), solamente Brasil importa 600 contenedores de ajo por mes, pero dentro de todo ese monto Paraguay no cuenta con ninguna participación. Para la mencionada cartera, el país posee las oportunidades ideales para diversificar sus producciones y así convertirse en uno de los principales proveedores de ajo para el mercado brasileño.
Esto forma parte de una estrategia a implementar por el MIC, ofreciendo a los productores nacionales no solo una alternativa sobre sus rubros tradicionales, sino también la oportunidad de expandirse. El caso del ajo ilustra con claridad el potencial, abriendo desde Brasil una ventana para que productores paraguayos, hoy concentrados en otros productos, encuentren nuevos mercados y mejores ingresos.

Sin embargo, desde el sector productivo advierten que la diversificación no puede basarse únicamente en el entusiasmo o en una oportunidad aparente, sino en condiciones reales de competitividad. Para Alfred Fast, Presidente de la Federación de Cooperativas de la Producción (Fecoprod), el punto de partida es entender el mercado antes de sembrar.
“La diversificación es un tema demasiado importante, pero el caso del ajo es también un ejemplo de las limitaciones. Nosotros estamos importando de China el ajo, y aquí tenemos productores de ese rubro, pero al parecer en el mercado mundial, el ajo que produce China es tan barato que nuestros productores solamente van a poder competir si son extremadamente eficientes”, puntualizó.
A decir de Fast, el planteamiento de diversificación revela una realidad estructural: competir en mercados internacionales no depende únicamente de la capacidad productiva, sino del costo, la logística y el acceso a compradores.
Así, el titular de Fecoprod remarcó que resulta sumamente necesario empezar haciendo un muy buen estudio de mercado, para así garantizar primeramente que los productores no empiecen con algo nuevo y después no lo puedan vender. “Ese es el gran problema que siempre tenemos”, explicó.

En Paraguay, agregó, el mercado interno es limitado y se satura rápidamente, lo que obliga a pensar desde el inicio en el destino externo. La experiencia reciente demuestra que diversificar sin planificación puede generar el efecto contrario al esperado, recordando el caso de la yerba mate, cuyo cultivo fue promovido en años anteriores.
“Los pequeños productores empiezan a plantar yerba mate y en los últimos años llegamos a una total sobreproducción, bajan los precios y ahora muchos agricultores están cortando su yerba mate, sus plantas, para hacer otra cosa. Esto evidencia que la diversificación debe ser orgánica, debe partir del sector privado y debe darse con una demanda segura”, subrayó.
De acuerdo con Fast, Paraguay como economía agroexportadora ha dependido históricamente de unos pocos cultivos principales, como la soja o el maíz. Ante esto, diversificar implica reducir riesgos, pero también exige mayor organización y visión de largo plazo; es decir, expandir a los productores a nuevos rubros debe responder directamente a organización y estructura.
En los últimos diez años, Fecoprod ha trabajado con unas 20.000 familias en distintos puntos del país, una experiencia que confirma que la diversificación es un proceso gradual. “Es un camino largo, complejo, a largo plazo”, resumió Fast.
Si bien el potencial está allí, en mercados cercanos con demanda creciente y productores que buscan nuevas oportunidades, el éxito dependerá de algo más que sembrar un nuevo cultivo. Requerirá información, eficiencia, organización y, sobre todo, una conexión real entre lo que se produce y lo que el mundo está dispuesto a comprar.