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Paraguay, el mayor crecimiento del continente: la economía como bien público

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Mientras la región alternó ciclos y rupturas, Paraguay multiplicó su economía más de 15 veces desde 1960. La explicación está menos en la coyuntura y más en una disciplina institucional que se negó a romperse.

1 Febrero de 2026 07.00

Entre 1960 y 2024, el Producto Interno Bruto de Paraguay medido en dólares constantes de 2015 creció cerca de 1.520%, el mayor incremento acumulado de América del Sur

El dato, construido a partir de series del Banco Mundial, coloca al país en una posición atípica dentro de una región conocida por ciclos de auge y colapso. La pregunta ya no es si Paraguay creció, sino por qué logró sostener ese proceso durante más de seis décadas.

Para Germán Rojas, exministro de Hacienda y uno de los protagonistas técnicos de la transformación macroeconómica paraguaya, la explicación no está en una medida puntual ni en un período específico. Lo que ocurrió fue, en sus palabras, “un proceso de consolidación” que comenzó mucho antes de que los resultados se volvieran visibles en las estadísticas.

Paraguay, sostiene, entendió tempranamente que las decisiones económicas debían ser asumidas como un bien público: “las medidas que se toman en el ámbito económico fueron tomadas como un bien público, y de una u otra manera se siguen cuidando”. Esa comprensión transversal – social, política e institucional – explica por qué las reglas básicas no se deshicieron con cada cambio de administración.

Continuidad, aprendizaje y pase de posta

El crecimiento que hoy reflejan las cifras es el resultado de políticas que se fueron acumulando en el tiempo. No hubo rupturas bruscas ni volantazos, sino continuidad. Rojas describe este recorrido como la consecuencia de haber aprendido tanto de los errores propios como de las experiencias ajenas: “hubo hitos que vienen de haber aprendido de los errores, y también de haber mirado cómo se desenvolvieron otras economías regionales y cómo enfrentaron los problemas que nosotros tuvimos”.

Gobierno tras gobierno, ese aprendizaje se tradujo en un pase de posta silencioso, donde cada equipo económico asumió la responsabilidad de “cuidar los logros que se habían hecho o que se vinieron acumulando en este tiempo”.

Los hitos aparecen temprano. En 1989, la liberalización del mercado cambiario marcó un quiebre estructural. El abandono del esquema de divisas reguladas no solo ordenó precios relativos: envió una señal clara al mercado.

Rojas recuerda que en ese momento el país apenas contaba con reservas suficientes para dos meses de importaciones, pero que tras la liberación del tipo de cambio “esas reservas subieron en un año a US$ 600 millones”, un salto que, según subraya, “marca la importancia de dar ese tipo de señal”. Más que un episodio aislado, es una muestra de cómo reglas claras pueden acelerar procesos de confianza que hoy otros países de la región todavía intentan consolidar.

El segundo anclaje llegó con la Constitución de 1993, que fortaleció la institucionalidad económica y sentó las bases de la independencia del Banco Central del Paraguay

Ese proceso se profundizó en 1995 con la nueva Ley de Bancos y la Carta Orgánica del BCP, reformas que no surgieron de la improvisación, sino de la experiencia directa con crisis financieras. Rojas lo resume como una evolución constante, pero siempre orientada “al fortalecimiento de estos principios que se marcaron desde esa época”.

Germán Rojas, presidente Banco Basa
Germán Rojas, Exministro de Hacienda

El corte al financiamiento monetario del déficit

Uno de esos principios resultó decisivo: cortar el financiamiento del déficit público desde el Banco Central. Para Rojas, allí se sella buena parte de la estabilidad macroeconómica paraguaya. En América del Sur, donde el financiamiento monetario del déficit explicó reiterados episodios inflacionarios, Paraguay optó por un límite explícito.

La nueva Carta Orgánica del BCP impidió ese financiamiento y estableció que cualquier adelanto al Tesoro debía ser de corto plazo y cancelado dentro del mismo ejercicio fiscal. “Eso permite mantener controlada la cantidad de dinero en circulación”, explica Rojas, y se convirtió en una disciplina clave del modelo.

En este contexto, no es sorpresa que Paraguay nunca haya experimentado picos inflacionarios prolongados. Rojas subraya que, salvo situaciones muy puntuales y por períodos breves, el país evitó procesos inflacionarios severos, un dato que se refleja en la estabilidad del guaraní, que este año cumple más de ocho décadas. Para el exministro, esa continuidad monetaria es una evidencia concreta de que las reglas funcionaron.

La disciplina fiscal terminó de consolidarse con la Ley de Responsabilidad Fiscal, vigente desde 2014. Su fortaleza, explica Rojas, no reside en su jerarquía legal – no tiene prevalencia sobre otras leyes – sino en el consenso político que la sostiene

El consenso ha ocurrido, aunque bastaría un solo artículo en un presupuesto para anularla. “Eso se vino respetando desde el año 2014”, destaca, porque los hacedores de políticas públicas entendieron que se trataba de un componente central de “ese buen cimiento que tenemos en nuestro fundamento económico”.

Sostener lo construido

A diferencia de otros procesos de crecimiento acelerado en la región, el paraguayo no se apoyó en shocks externos excepcionales ni en ciclos de endeudamiento agresivo. Fue, más bien, un camino de acumulación institucional, construido desde la operativa diaria del Estado.

El liderazgo regional de Paraguay en crecimiento acumulado no implica ser la mayor economía de Sudamérica, pero sí revela la capacidad de sostener reglas en el tiempo. Aun así, advierte Rojas, el desafío hacia adelante no es inventar un nuevo modelo, sino “consolidar y seguir apuntando al fortalecimiento de lo que somos como país, cuidando esas bases que costaron construir”.

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