Paraguay y la energía que nace del campo: el potencial estratégico de los biocombustibles
Paraguay produce combustibles sin petróleo, esa es una de las paradojas más interesantes y menos comunicadas de su economía energética.
A través del etanol y el biodiésel, el país logró construir una industria que transforma materias primas agrícolas en energía renovable, con impacto directo en el empleo, la industrialización y la balanza comercial.
“Los biocombustibles son simplemente los combustibles que hoy importamos desde afuera, a diferencia que los producimos en Paraguay”, dijo Massimiliano Corsi, Presidente de la Cámara Paraguaya de Biocombustibles y Energías Renovables (Biocap).
La diferencia no es menor, se trata de hidrocarburos renovables, producidos localmente, que permiten reducir la dependencia externa y dinamizar toda la cadena agroindustrial.
En el país la producción de biocombustibles líquidos se concentra en dos grandes segmentos el de etanol y el biodiésel. El primero se obtiene principalmente de la caña de azúcar, el maíz y el sorgo; el segundo, casi en su totalidad, del aceite de soja.
En este punto según Corsi el país cuenta con una ventaja estructural que es el excedente de aceite que resulta del procesamiento del complejo sojero.

“Hoy en día la mayoría de este aceite se está exportando sin darle valor agregado”, advirtió.
Ese excedente, que otros países transforman en biodiésel, representa una oportunidad concreta para profundizar la industrialización local y capturar mayor valor dentro del país.
Actualmente, Paraguay cuenta con unas 12 industrias de etanol y 8 plantas habilitadas para biodiésel, aunque no todas operan de manera continua. Aun así, se trata de un sector que trabaja prácticamente todo el año, con paradas técnicas mínimas, lo que lo convierte en un negocio de escala y eficiencia.
Uno de los puntos más relevantes del sector fue la exportación de biodiésel paraguayo a Singapur, uno de los mercados más exigentes del mundo en términos de certificación y calidad. En 2024, de los aproximadamente 80 millones de litros producidos, unos 5 millones fueron exportados a ese destino.
“Imaginate un país como Paraguay que no tiene petróleo, que no produce combustible fósil, y que igual tiene la posibilidad de exportar su biocombustible renovable a otro país”, destacó.
El logro, explicó, se apoya en la presencia de multinacionales instaladas en el país, altos estándares de calidad y certificaciones internacionales que refuerzan la marca país.
En el caso del etanol, la escala es aún mayor, de una producción cercana a los 600 millones de litros, entre 100 y 120 millones se destinan a exportación. Aun así, el mercado interno sigue absorbiendo cerca del 85% de la producción total de biocombustibles.

Si bien Paraguay es reconocido globalmente por su matriz hidroeléctrica Corsi mencionó que esa ventaja, aunque clave, no es infinita. La capacidad instalada de las binacionales tiene un límite y obliga a pensar, desde ahora, en alternativas complementarias.
“Es difícil reemplazar Itaipú o Yacyretá, pero sí podemos hacer que lo que tenemos sea más eficiente y, al mismo tiempo, encontrar alternativas reales con bajo impacto ambiental y costos competitivos”, sostuvo.
En ese escenario, la energía solar aparece como el camino más viable y es que Paraguay cuenta con alta radiación solar, disponibilidad de territorio y experiencias incipientes, como los paneles solares flotantes de Itaipú. El Chaco, históricamente relegado, comienza a perfilarse como un actor estratégico para esta nueva etapa de desarrollo energético e industrial.
Italiano de nacimiento y paraguayo por elección, Corsi llegó al país en 1998 y construyó aquí su vida personal y profesional. Su mirada combina perspectiva internacional y compromiso local.
“Paraguay es un país joven, con un montón de oportunidades; Europa hoy no tiene la oportunidad que tiene Sudamérica”, afirmó.
Esa convicción es la que, según dijo, lo impulsa a seguir invirtiendo, trabajando en el gremio y apostando a un modelo de desarrollo basado en la producción, la industria y la energía.
Finalmente, para él, y en un contexto global que demanda sostenibilidad, eficiencia y seguridad energética, los biocombustibles paraguayos comienzan a dejar de ser un actor secundario para convertirse en una pieza estratégica del tablero regional.