Paraguay debe aprovechar su bono demográfico joven para impulsar el crecimiento económico
Paul Fernández Editor de Contenidos
Paul Fernández Editor de Contenidos
Según los últimos datos del Censo Nacional de Población y Vivienda 2022, Paraguay alcanza una población total de 6.109.903 habitantes, con una distribución prácticamente equilibrada entre hombres y mujeres.
El país cuenta con 3.057.674 hombres y 3.052.229 mujeres, una diferencia mínima que confirma una casi paridad demográfica. Lo más llamativo de los datos, más allá de la población total, es la población en edad de trabajar dado que este se consolidó como una de las ventajas comparativas más importantes del país.
Según los datos del INE, al 2025, el 66,4% de la población tiene entre 15 y 64 años, es decir, cuenta con una demografía jóven, lo que representa a su vez, una población altamente productiva.
Iván Ojeda, Director de la institución mencionó que "Paraguay se encuentra en su mejor memento demográfico" dado que tiene una población donde la mayoría de las personas están en edad altamente productiva.
Explicó que dentro de la demografía paraguaya, el 25,4% tiene menos de 14 años, el 66% está entre 15 y 64 años, mientras que un 8,3% está por encima de los 65 años de edad. "Esto evidencia que hoy el Paraguay tiene la mayoría de su población en edades potencialmente de trabajar", dijo.
Indicó que el bono demográfico se debe entender como una ventana de oportunidades que tienen los países cuando la mayoría de su población es joven o está en edades potencialmente de trabajar.
Dijo que esa ventaja de oportunidades se entiende mejor a través de la dependencia demográfica que indica la cantidad de personas en edades de dependencia o de 65 y más años de edad, por cada 100 personas en edad de trabajar.

En ese sentido, dijo que actualmente en el Paraguay son 51 personas en edad de dependencia con respecto a cada 100 personas en edad de trabajar.
Esto evidencia, según indicó, que todavía hay un espacio importante para capitalizar ese bono demográfico, principalmente con políticas públicas que tengan que ver con salud, educación, empleo y también con políticas públicas de cuidado.
"Si bien hoy la población paraguaya es de 6,4 millones de habitantes, seguiremos creciendo, pero este crecimiento será a ritmo más desacelerado para llegar al 2050 a una población estimada de 7,1 millones de habitantes", acotó.
Ojeda comentó que, en Paraguay, actualmente las personas ocupadas son una población de 3.224.000 personas. Este valor representa, en términos interanuales, un crecimiento de 146 mil personas.
En tanto, la desocupación ronda el 4,9%, que son cerca de 165 mil personas. En el último periodo publicado, que es el tercer periodo del año 2025, el mercado laboral fue observado con una dinámica muy importante en todos los sectores económicos.
El director del INE, indicó que, en el sector primario se vio un crecimiento en mano de obra ocupada de 3.000 personas. En el sector secundario fueron 33.500 personas las que lograron ocuparse, y en el sector terciario, que es el que más ocupa a las personas en el Paraguay, creció en 109.000.
"También vimos que en cuanto a las categorías ocupacionales, como los asalariados, fueron 62 mil nuevas personas las que han logrado ocuparse con un salario. El sector independiente también aumentó a 60 mil personas. Y la nota importante es la formalización que se está viendo en el Paraguay, puesto que por primera vez en su historia, Paraguay baja de esa línea de los 60 % de informalidad, hoy estamos en 58 % de informalidad", acotó.
Paraguay transita una ventana demográfica única, marcada por una población mayoritariamente joven que aún constituye una ventaja competitiva. Pero esa ventana, según advierte Rocío Galiano, representante nacional del Fondo de Población de Naciones Unidas (UNFPA), no permanecerá abierta por mucho tiempo. El país ya alcanzó el pico de su población joven y entrará pronto en una fase de descenso.
El bono demográfico sigue vigente, pero con una fecha de vencimiento clara. Para 2050, el segmento juvenil caerá por debajo del 20%. La transición ya está en curso: menos jóvenes ingresarán a la fuerza laboral y más personas adultas dependerán de un sistema que hoy no logra incluirlos plenamente. La oportunidad, afirma Galiano, está en invertir ahora en educación, empleo, salud y productividad.

El desafío es urgente. Paraguay cuenta actualmente con 1,6 millones de jóvenes entre 15 y 29 años, una de las tasas más altas de la región. Pero la tendencia no es sostenible en el tiempo. La capacidad de este segmento para impulsar el crecimiento económico dependerá de qué tan bien se les prepare y se les incluya en el mercado laboral.
"Hoy, una de cada cuatro personas tiene entre 15 y 29 años. Esa cifra ya llegó a su tope y empieza a descender", señaló.
La educación es uno de los puntos críticos. De acuerdo con Galiano, 910.000 jóvenes están fuera del sistema educativo, y la deserción comienza con fuerza a los 15 años, principalmente por la necesidad de aportar ingresos al hogar. Solo 2 de cada 10 pueden dedicarse exclusivamente a estudiar, lo que frena la acumulación de capital humano y reduce la productividad futura.
El mercado laboral reproduce esa vulnerabilidad. La tasa de jóvenes que no estudian ni trabajan alcanza el 18%, equivalente a 266.000 personas. El 74% de ese grupo son mujeres dedicadas a tareas no remuneradas. Entre quienes sí logran insertarse en el mercado, predominan el empleo informal, los salarios bajos y los contratos precarios.
"Los jóvenes tienen ingresos bajos, alta informalidad cercana al 70% y salarios que, en promedio, no alcanzan el mínimo", explicó.
La falta de acceso a protección social agrava el escenario. Solo el 23% de los jóvenes ocupados aporta algún sistema jubilatorio, lo que anticipa un problema futuro: una generación que llegará a la adultez y la vejez sin cobertura.
A esta situación se suma la percepción social sobre la juventud. Galiano cuestiona la narrativa que los describen como poco comprometidos o desinteresados. Explica que las condiciones de inserción laboral, los bajos salarios, la falta de estabilidad y las dificultades para acceder a una vivienda o seguridad social moldean las expectativas y decisiones de este grupo.
"Se suele decir que los jóvenes son descreídos o poco comprometidos, pero cuando analizamos sus condiciones, vemos que hay razones muy claras detrás", afirmó.
De cara al futuro, Galiano sostiene que la prioridad debe ser impedir la salida temprana del sistema educativo. Asegurar la culminación de la secundaria y facilitar el acceso a educación técnica o terciaria constituye, según ella, el punto de partida para conectar a los jóvenes con sectores productivos y trabajos de mayor valor agregado.
El siguiente paso es generar condiciones de inserción laboral digna: salarios adecuados, contratos formales y acceso a protección social desde el inicio. Para el representante del UNFPA, esta es una condición imprescindible para no desperdiciar el potencial de esta generación.
"Ningún joven debería salir del sistema educativo antes de terminar la secundaria. Y necesitamos garantizar condiciones laborales decentes desde el inicio", concluyó.