El camino de una joven pianista paraguaya hacia los grandes escenarios europeos
Belén Cuevas Trinidad Editora de Forbes Women Paraguay
Belén Cuevas Trinidad Editora de Forbes Women Paraguay
Sentada en el suelo de su casa, motivada por el afecto materno y la curiosidad de la primera infancia, Nicole Kennedy empezó a descubrir la música como si fuera un juego. Su madre, Carolina López, soprano, solista de la Orquesta Sinfónica Nacional del Paraguay y profesora de piano, era quien tendía los primeros puentes hacia este arte desde la alfombra de la sala familiar.
“Ella recurría a los métodos que usaba en la escuela de música con sus alumnos y se ponía a enseñarme en casa, se tiraba al piso conmigo”, relata Nicole. La experiencia de nuestra entrevistada, entonces, parte del terreno del juego. Desde el principio, no asoció directamente a la música con una materia académica, Al contrario, ella vivía el aprendizaje como un espacio lúdico.

A la temprana edad de cinco años, inició su formación en un instituto. Fue el momento de entrar oficialmente a la academia. Sus primeras herramientas fueron métodos tradicionales como Thompson y Beyer, que todavía hoy se utilizan en la enseñanza inicial. Estos sistemas vinculan números de dedos con notas y permiten que un niño coordine sin necesidad de una lectura compleja inmediata. “El pulgar es uno, el índice es dos y así sucesivamente. Uno asocia números con las notas que toca”, explica Nicole sobre la técnica que aún hoy cimenta su ejecución.
A medida que avanzaba, la complejidad de la coordinación con ambas manos y la extensión por el teclado ganaban terreno. Nicole crecía con la convicción de que la música era un camino viable, inspirada por el ejemplo constante de su madre. “Ella es la prueba de que sí es posible hacer algo así”, afirma. De esta manera, incluso en sus momentos de descanso, el piano estaba presente de forma orgánica y voluntaria.

Durante las vacaciones, Nicole buscaba los libros en su casa para intentar tocar lo que escuchaba durante las clases de su madre. Esperarla durante horas mientras ella enseñaba se convertía en un estímulo auditivo que nutría su oído musical desde muy temprana edad. El impulso definitivo llegó a los 16 años, cuando tenía la oportunidad de tocar con una orquesta profesional. Bajo la dirección del maestro Diego Sánchez Haase, Nicole se presentó con la Orquesta del Congreso. “Eso para mí era súper motivador: iba a tocar con una orquesta profesional por primera vez”, relata con una emoción que todavía vibra en su voz al recordar el debut.
Esa experiencia confirmó su deseo de dedicación total y la impulsó a buscar horizontes más allá de las fronteras paraguayas. Alemania se perfilaba como el destino ideal por ser la cuna de compositores fundamentales como Bach, Beethoven y Schumann. También pesaban razones prácticas: la educación pública de excelencia y los beneficios que el sistema alemán otorga a los estudiantes universitarios.

Para financiar este sueño, Nicole demostraba una madurez y disciplina ejemplares desde su adolescencia. A los 17 años, comenzó a tener alumnos particulares y trabajó por un tiempo en la Escuela Municipal de Luque para ahorrar con miras a sus estudios superiores. La llegada de la pandemia retrasó un poco sus planes, pero no detuvo su formación técnica ni su aprendizaje del idioma alemán. Mientras esperaba el momento de viajar, estudió en la Facultad de Arquitectura, Diseño y Arte (FADA) como un plan alternativo.
Hoy por hoy, a los 24 años, ese descubrimiento musical que tuvo en la infancia se convirtió en una carrera profesional internacional. Nicole se graduó la carrera de Pedagogía Musical y cursa una especialización en piano solista. El entorno alemán le resulta altamente estimulante, pues vive rodeada de músicos de primer nivel que la obligan a superarse diariamente. “Todo ese ambiente te exige crecer”, afirma sobre su realidad cotidiana en uno de los centros musicales más importantes del mundo.

Para Nicole, el piano es el "rey de los instrumentos" debido a su inmensa capacidad técnica y espectro sonoro. Con sus 88 teclas, permite reproducir desde la intimidad de una pieza solista hasta la magnitud de una orquesta completa. “Eso te da un montón de posibilidades de tocar cosas muy grandes o cosas más delicadas”, describe con la pasión de quien domina su herramienta de expresión.
Al hablar de referentes, destaca la influencia de Valentina Díaz Frenot, quien fue su maestra durante mucho tiempo en Paraguay. “Ella era para mí un ícono de la música que yo admiraba muchísimo como concertista”, señala con profundo respeto. Asimismo, menciona a figuras como Nancy Luzko y Chiara D'Odorico, paraguayas que abren caminos fundamentales para las mujeres en la escena pianística internacional.
Nicole reconoce que la búsqueda de obras compuestas por mujeres es una tarea en la que se sumerge actualmente. Aunque en su formación inicial no tenía tanto contacto con ellas, hoy busca integrar esas voces femeninas en su repertorio habitual. Es una forma de enriquecer un arte que, para ella, debe estar en constante descubrimiento y evolución, lejos de las estructuras estáticas.

A pesar de su éxito en Europa, su vínculo con Paraguay sigue siendo el motor de muchos de sus proyectos actuales. Recientemente, en una visita al país, ofreció clases y encuentros con otros pianistas locales para compartir su conocimiento y nutrirse de lo que ocurre en la escena musical paraguaya. “En Paraguay, la gente es tan curiosa y tiene tantas ganas de aprender. Yo siento que puedo dar mucho de lo que recibo afuera", menciona.
“En Paraguay, la gente es tan curiosa y tiene tantas ganas de aprender. Yo siento que puedo dar mucho de lo que recibo afuera”.
Sea cual sea el escenario futuro, Nicole Kennedy tiene claro que su misión es compartir el amor por la música. Desde las exigentes salas de Alemania hasta los encuentros pedagógicos en su tierra natal, su piano funciona como un puente sólido. Aquella niña que jugaba con los ritmos en el piso hoy busca transmitir su amor musical de la misma forma a otras personas.