Paraguay entre la abundancia y la alerta: gestionar el agua en tiempos de crisis global
Macarena Duarte Periodista
Macarena Duarte Periodista
La escasez de agua potable está dejando de ser una preocupación de largo plazo para convertirse en una realidad palpable en millones de hogares alrededor del planeta. De acuerdo con un informe reciente del Banco Mundial, unos 2.200 millones de personas todavía carecen de acceso a agua potable gestionada de forma segura, y 3.500 millones no cuentan con servicios de saneamiento adecuados.
Estos datos revelan que, pese a algunos avances, el mundo sigue lejos de cumplir con el objetivo de agua universal para el año 2030. En ese contexto, Paraguay aparece con una ventaja comparativa: una abundancia de recursos hídricos que lo sitúa entre los países con mayores reservas de agua dulce per cápita de la región.
Sin embargo, tal como explicó el Director General de Recursos Hídricos del Ministerio del Ambiente y Desarrollo Sostenible (Mades), David Fariña, contar con agua no es garantía de acceso seguro o de gestión sostenible si no se incorporan estrategias integrales que contemplen tanto la distribución como la protección de estos recursos.
“El nivel de reservas de agua dulce de Paraguay es alto. Poseemos varios acuíferos importantes como el Guaraní, que abarca amplias zonas en la región oriental, además de otros más pequeños como Caacupé, Independencia y Patiño, con un papel crucial en el abastecimiento de comunidades locales”, detalló Fariña.
En el Chaco también existen formaciones como los paleocauces colmatados (antiguos lechos de ríos abandonados por el agua y rellenados completamente por sedimentos) que, aunque más restrictivos, sostienen poblaciones asentadas, agregó el experto. Estas reservas colocan al país en una posición privilegiada frente a sus pares regionales, muchas de las cuales enfrentan déficits severos.

Fariña manifestó que la disponibilidad del agua en el país no es uniforme; así, una gran extensión del Chaco paraguayo posee acuíferos con agua salada en el subsuelo, así como algunas zonas de la región oriental donde las fracturas geológicas afectan la calidad y la distribución del recurso.
Este contraste interno refleja una paradoja, donde Paraguay puede estar lejos de enfrentar crisis de acceso cuantitativo, pero los desafíos de gestión, calidad y equidad persisten. Un aspecto crucial que preocupa tanto a expertos globales como a autoridades locales es el impacto del cambio climático.
En ese sentido, el Banco Mundial y la Organización de las Naciones Unidas (ONU) alertan que las condiciones climáticas extremas, como sequías más intensas, inundaciones impredecibles y patrones de lluvia erráticos, están agravando la crisis hídrica en muchas regiones del mundo.
Al respecto, desde el Banco Mundial expusieron que el aumento de temperaturas y fenómenos extremos puede deteriorar la disponibilidad y la calidad del agua, especialmente en países con menor capacidad de adaptación.
“La realidad es que el cambio climático podría modificar la disponibilidad de agua en Paraguay si no reforzamos nuestros sistemas técnicos y de gestión. Los modelos climáticos regionales muestran variaciones significativas en precipitación y distribución, lo que podría afectar zonas claves de recarga de acuíferos si no actuamos con anticipación”, subrayó Fariña, poniendo el foco en la necesidad de planificación a largo plazo.

Uno de los principales retos para el Mades es proteger la calidad del agua en contextos urbanos y rurales, donde la actividad humana representa una presión constante. Entre los desafíos más apremiantes, Fariña mencionó la falta de saneamiento adecuado, que expone a los acuíferos a una contaminación antrópica (alteración de la calidad del agua por actividades humanas), y la agricultura intensiva, que con el uso de agroquímicos puede infiltrar contaminantes en zonas vulnerables.
Para el Director General de Recursos Hídricos, resulta esencial avanzar en estrategias que integren conservación de suelos, manejo de tierras y zonas de recarga de acuíferos. Esto implica no solo una regulación ambiental más estricta, sino también educación y trabajo colaborativo con productores, comunidades y gobiernos locales.
En esa línea, las iniciativas interinstitucionales y colaboraciones con universidades y organizaciones internacionales han permitido establecer redes de monitoreo y estudios científicos sobre los acuíferos más relevantes del país.
El proyecto del Acuífero Guaraní, por ejemplo, desarrolló una red de monitoreo con pozos automáticos para medir niveles y calidad, instrumento clave para detectar cambios y actuar con mayor precisión. También se ha fortalecido la cooperación con juntas de saneamiento y proyectos internacionales para expandir la vigilancia y protección de las fuentes de agua.
Para Paraguay, la urgencia no está en acceder al agua, sino en asegurar su calidad, uso equitativo y conservación a largo plazo. El país reúne recursos que muchas naciones envidiarían, pero también enfrenta presiones crecientes, desde la expansión agrícola hasta el crecimiento urbano que puede tensar la disponibilidad en áreas críticas.
Bajo la visión de Fariña, el equilibrio entre la abundancia y la sostenibilidad será el desafío que defina el futuro hídrico de Paraguay. La gestión integrada de recursos, la protección ambiental y la cooperación multisectorial aparecen como ejes indispensables para asegurar que esas reservas no se conviertan en un recurso escaso o contaminado, sino en un motor de desarrollo inclusivo y resiliente.