El cambio climático se siente y el campo paraguayo se adapta con miras a inversión y sostenibilidad
Macarena Duarte Periodista
Macarena Duarte Periodista
La variabilidad de las lluvias, las sequías prolongadas y la creciente frecuencia de tormentas severas están transformando el día a día del campo paraguayo, afectando tanto a la agricultura como a la ganadería. Para Lilian Portillo, Directora de Planificación Estratégica en el Ministerio del Ambiente y Desarrollo Sostenible (Mades), si bien el cambio climático impone costos crecientes, también abre oportunidades.
Pérdidas de producción, mayor gasto en insumos para control de plagas y enfermedades, inversiones en infraestructura de riego o drenaje y, en casos extremos, la pérdida de capital productivo son solo algunos de los costos directos del cambio climático, a decir de la también referente en Sostenibilidad y Desarrollo Rural.
"Sin embargo, también abre oportunidades estratégicas: acceso a mercados que valoran la trazabilidad y la sostenibilidad, posibilidad de generar ingresos por servicios ecosistémicos y créditos de carbono, y atracción de financiamiento verde internacional. Paraguay está capitalizando esto", explicó Portillo.

A decir de la experta, la nación está apostando por una marca país ligada a la producción responsable, fortaleciendo certificaciones, invirtiendo en investigación aplicada y posicionando a los productores nacionales como líderes producción sostenible y como proveedores de alimentos para el mundo.
Para enfrentar las tendencias, expresó, desde el Gobierno se busca trabajar por un Paraguay rural más tecnificado, con producción diversificada y cadenas de valor fortalecidas por la sostenibilidad. Así, con la Política Nacional de Desarrollo Sostenible, se busca la efectiva incorporación del cambio climático como un eje transversal en la planificación rural, fomentando además alianzas público-privadas para escalar soluciones sostenibles.
La Directora en el Mades remarcó que en Paraguay se ven señales claras del cambio climático en el ámbito rural. Por ejemplo, la variabilidad creciente de las lluvias, los períodos prolongados de sequía y el aumento en la frecuencia de tormentas severas han afectado directamente la producción agrícola y ganadera.

la ganadería como al agro, afirmó Portillo
También se registran mayores pérdidas por plagas y enfermedades que prosperan en climas más cálidos y húmedos, lo que confirma que la amenaza ya es tangible para nuestros productores. No obstante, la Ingeniera Agrónoma resaltó cómo las evidencias también impulsan a innovar, trabajando con los indicadores técnicos receptores de las señales mencionadas.
Entre los indicadores se encuentra el monitoreo histórico de precipitaciones y temperaturas del sistema meteorológico nacional; el seguimiento de caudales en ríos y arroyos; y las mediciones de productividad de cultivos clave. La experta señaló que estas herramientas permiten actuar con anticipación, planificar mejor y orientar políticas públicas para fortalecer la resiliencia del agro.
"En la última década, las lluvias se han vuelto más irregulares, con sequías prolongadas y precipitaciones intensas que provocan inundaciones repentinas. Las temperaturas medias aumentan y las olas de calor afectan cultivos y pasturas, reduciendo su calidad y disponibilidad. Esto ha llevado a ajustar calendarios y técnicas, diversificar cultivos, optimizar el manejo de pasturas y adoptar sistemas más resilientes para una producción sostenible", refirió Portillo.

En cuanto a innovaciones implementadas en el campo paraguayo, la Directora en el Mades afirmó que los productores están incorporando cada vez más prácticas de agricultura de conservación, manejo eficiente del agua, rotación de cultivos y uso de coberturas vegetales para proteger el suelo.
En el sector ganadero, se avanza en el manejo racional de pasturas y sistemas que integran árboles, pasturas y animales en el mismo espacio de manera planificada, para mejorar el microclima. Además, la tecnología digital empieza a jugar un papel clave: estaciones meteorológicas en finca, imágenes satelitales para monitoreo y aplicaciones móviles de alerta temprana.
La técnica enfatizó que, a futuro, se debe impulsar aún más la innovación: riego inteligente, variedades de cultivos más resistentes a estrés hídrico, bioinsumos y herramientas financieras que premien las buenas prácticas ambientales. "El siguiente paso es masificar estas herramientas y vincularlas con incentivos verdes y financiamiento climático", subrayó.