Alejandro Zuccolillo es un joven disruptivo, una persona que no se calla ante las injusticias y que no tiene miedo de luchar por sus ideales.
En una charla con FORBES PARAGUAY, nos revela sus pasiones, la visión en temas trascendentales como el transporte público, la advertencia que le hizo al presidente Santiago Peña y la influencia de su padre, de su tío "Acero" y de Chacho Bogarín. Alejandro divide su tiempo entre Magno, la empresa de transporte público que cuenta con una flota de 132 vehículos, Zuba, la desarrolladora inmobiliaria que cuenta con más de 800 clientes y 1.000 departamentos vendidos, Distrito Perseverancia, un campus corporativo en medio de la ciudad, que tendrá 10 edificios residenciales, 10 corporativos y 40.000 m² de área comercial y Timbo la empresa familiar donde forma parte del directorio de una compañía que logró ingresos de US$ 60 millones en 2023.
¿Quién es Alejandro Zuccolillo?
Soy un emprendedor, padre de familia, tengo dos hijos: una niña de cuatro años y un niño de dos. Somos una familia muy unida, tanto en mi núcleo familiar con mi esposa y mis hijos, como con mis padres y toda la familia extendida. Somos una familia empresaria en Paraguay y, de alguna manera, nos relacionamos en distintas empresas. Tengo un grupo de empresas propias y sigo un poco la filosofía de mi abuelo, quien solía decir: "solo el trabajo construye". Ese siempre fue su lema. Él creía firmemente que, además de tener el holding familiar, cada uno debía emprender también. Así que, aunque contamos con un grupo de empresas familiares y otro grupo que mi padre emprendió y formó en su momento, hoy en día yo estoy en el mismo camino, embarcado en el emprendimiento de nuevas empresas y tratando de dar una nueva mirada a los negocios.
¿Cómo crees que han cambiado las empresas en los últimos años?
Creo que en Paraguay estamos viendo un crecimiento en la profesionalización de las empresas. Hay más empresas transparentes, que cotizan en bolsa, con muchos accionistas, y que son entidades abiertas tanto en términos de capital como de endeudamiento. Además, la oportunidad que se presenta con la obtención del Grado de Inversión hace que las empresas que cumplen con altos estándares de transparencia y apertura de capital se vuelvan más atractivas.
¿Cuáles han sido momentos difíciles para vos?
En el transporte público, cuando recién empezamos, un día te llaman y te dicen que mañana van a quemar los buses con gente adentro por algún motivo. La pandemia también fue un momento crítico, ya que teníamos que operar la empresa con solo el 10% de la demanda.
¿Y por qué siguen en el rubro?
Como familia, nos propusimos que algunas de las empresas que desarrollemos tengan un fin social. Cuando ingresamos al transporte público hace seis años, era probablemente uno de los peores servicios públicos que existían. Creíamos que, por nuestra experiencia en mantenimiento e importación de vehículos, teníamos la capacidad de marcar una diferencia.

Quiero ir a la parte más personal ¿cómo te describirías?
Soy una persona bastante sencilla. No me gustan los lujos ni el despilfarro. En esta etapa de mi vida, le doy mucho más valor a otras cosas, como construir casas con mi familia o ayudar a los demás.
Prefiero donar viviendas a 100 familias antes que tener el mejor reloj.
¿Qué querés ser para tus hijos?
Quiero ser para ellos lo que mi padre representa para mí: mi ídolo personal. Él es una persona correcta, con valores muy fuertes, incorruptible, y siempre enseñó con el ejemplo. Eso es lo que trato de transmitirles a mis hijos.
¿Cuánto pesa ser un Zuccolillo?
Siempre se dice que hay un costo y un beneficio. En la familia, solemos decir que cuando querés comprar algo, te lo quieren vender más caro solo por el apellido. Pero el lado bueno es que la gente ve que todo lo que hacemos, lo hacemos con seriedad, y eso te abre mu chas puertas.
¿Quiénes son tus mentores?
La verdad, tuve una suerte inmensa con los mentores que me tocaron en mi infancia. Obviamente, mi papá Rolando Zuccolillo, mi tío Acero (Aldo Zuccolillo), y también José "Chacho" Bogarín, quien fue una persona muy importante en la historia de nuestro país. Recuerdo salir con él y recorrer las empresas.

¿Qué aprendiste de tu tío?
Aprendí cómo mantenerte humilde dentro de toda esa nube que puede generar el éxito empresarial. El poder, el éxito y el dinero pueden nublarte, pero uno siempre debe mantener la humildad. Son esas cosas las que deben pesar del apellido, no el nivel de riqueza, sino el nivel de impacto.
¿Por qué te expones si no tenés la necesidad de hacerlo, como en el caso del gremio de los transportistas?
Tiene mucho que ver con la empatía. Realmente me genera mucha impotencia la situación que tienen que vivir algunas personas y el egoísmo con el que se crean esas condiciones. Este tema es uno de los que más me ha desgastado, pero al mismo tiempo ha sido un motor para mis desafíos empresariales. Enfrentarme a la mafia del transporte público ha sido un gran reto. Me atacaron, me hicieron perder muchísimo dinero y me perjudicaron de manera inmensa. Lo que más me sorprendía era el nivel de egoísmo con el que se actuaba. Esa visión de "este es mi pasajero, yo hago lo que quiero" es algo que real mente me enerva y no me permite callar me ante semejante injusticia. No se puede permitir que alguien que maltrata a sus clientes, que desprecia a las personas, sea quien lidere un servicio público. El transporte público es un elemento transversal en la sociedad, y para las personas más humildes representa el único me dio para acceder a otros servicios públicos, como llevar a sus hijos al colegio o a un pariente al hospital.
¿Cómo creés que se va a ver el transporte público en unos años?
Llevamos siete años en el rubro y ha sido bastante desgastante, pero no podemos parar ni rendirnos. Tuvimos una charla muy franca con el presidente actual, Santiago Peña, donde básicamente le expresamos nuestra impotencia respecto a las promesas de cambio y transformación. Nosotros ingresamos a este negocio cuando Horacio Cartes prometió una renovación de la flota y un cambio en las empresas. Hoy en día, siguen existiendo 35 empresas, de las cuales, si las llevaras a cualquier otra ciudad metropolitana de Argentina, Brasil, Chile o Uruguay, probablemente solo 3 clasificarían. No se ha cumplido ese objetivo de transformar el sistema. Hay avances importantes, como la implementación del billetaje electrónico, pero hay que completar el proceso.
Le dijimos al presidente que si no se culmina (transformación del transporte público), nos iremos. No podemos aceptar que pasen 10 años sin una transformación real del sector.
Cambiando de sector, en el rubro inmobiliario, ¿cuántos proyectos tienen actualmente?
Por un lado, está el emprendimiento familiar, Distrito Perseverancia, que es algo más abierto a la población. Allí tenemos un concepto de experiencias con residencias, un barrio que repiensa el modelo de vida para hacerlo como era antes en la ciudad: mucho más caminable, agradable, con un microclima donde los árboles y las sombras hacen que sea muy placentero estar al aire libre. Es algo que se ha perdido en la ciudad, y buscamos una experiencia más parecida a la de un barrio europeo, como Palermo en Buenos Aires.
¿Y la empresa con tu señora?
La desarrolladora inmobiliaria la empezamos con mi esposa, es Zuba. El concepto está enfocado en generar progreso en la vida de las personas a través de viviendas para gente joven. Está pensado para personas que se están independizando, ya sea porque quieren casarse o simplemente mudarse de la casa de sus padres. Cuando arrancamos la empresa, hace siete años, no había un producto pensado para ese cliente. El mercado ofrecía departamentos de US$ 100.000 o US$ 200.000, pero ese no es un producto accesible para una persona joven e independiente. Es similar a lo que hizo Garden Automotores en su momento con el vehículo 0 km: ofrecieron financiamiento para un auto de calidad, que no es un Porsche o un Mercedes, pero es confiable y accesible mediante un financiamiento razonable. Aplicando esa lógica, la trasladamos al sector inmobiliario y ya hemos construido más de 1.500 departamentos con un crecimiento exponencial. Todos los años hemos duplicado la facturación del año anterior desde que comenzamos la empresa, y creo que este año también lo lograremos. Además, hicimos el primer fondo de Real Estate, con el cual estamos construyendo 1.100 apartamentos más bajo este mismo concepto, con una inversión de US$ 50 millones. También tenemos edificios retail que vendemos con apartamentos individuales, y estamos construyendo a un ritmo de unas 700 unidades por año. Ahora estamos apostando al programa de gobierno "Che Róga Porã" para hacer casas para un segmento medio o medio bajo, con viviendas suburbanas.

¿Por qué es importante el desarrollo inmobiliario?
Cuando una persona de clase media logra comprar una vivienda y deja de alquilar, se le está generando un ahorro. Nuestra clase media consume muy mal. Es una clase media nueva, que no se ha acostumbrado a la liquidez que le ha generado el acceso al crédito, por lo que se endeudan para comprar celulares a tasas altísimas, electrodomésticos y otras cuestiones similares.
Si miramos la experiencia de otros países, sobre todo en EE.UU., donde la clase media invirtió en vivienda a través de créditos hipotecarios, el nivel de préstamos en relación con el PIB es del 70%. En Paraguay estamos solo en un 1,8%. Países de la región como Chile están en 25%.
¿Qué sucede si se libera el crédito hipotecario?
Se libera riqueza para la clase media. Después de 10 o 15 años, cuando terminen de pagar, tendrán un ahorro importantísimo en forma de garantía hipotecaria. Entonces, la próxima vez que quieran solicitar un crédito, lo harán con el respaldo de su inmueble, lo que les permitirá acceder a préstamos mucho más baratos. Así, el gasto se transforma en ahorro, un ahorro que, además, se traslada generacionalmente, por que se hereda.
¿Cómo ayudan en este segmento?
Lo que estamos haciendo es facilitar que los inquilinos accedan a un crédito hipotecario y compren el departamento al inversor que lo adquirió inicialmente y lo estaba alquilando. De esta manera, el inversor gana una plusvalía importante porque vende el apartamento con crédito bancario, y el inquilino pasa de pagar Gs. 2 millones en alquiler a Gs. 2 millones en compra. Así, transformamos ese gasto en ahorro.
¿Cómo está la curva del sector inmobiliario?
Hay una demanda estimada de unas 100.000 viviendas por año hasta 2030 para poder abastecer a los millennials y centennials, pero hoy el ritmo de oferta es de solo 30.000 viviendas por año. Así que estamos generando un déficit.
¿Y cuál es el problema?
Por un lado, el sector financiero aún no acompaña esta necesidad, porque muchas de estas personas no están formalizadas; solo el 17% de los millennials está en IPS, lo que significa que el 83% no podrá acceder a un crédito hipotecario. El crédito hipotecario es mucho más restrictivo para los comerciantes o quienes facturan sus honorarios. Lo que se necesita es que el Banco Central flexibilice las restricciones a la hora de evaluar a las personas con ingresos variables.

¿Qué están haciendo hoy en día?
Estamos entregando viviendas al ritmo que los inversores pueden comprar, generar capital suficiente para construir, y luego convertir a los inquilinos potenciales en compradores finales. Si mirás la colocación de crédito hipotecario en otros países, esto ocurre cuando el cliente final puede acceder directamente a un crédito y comprar la vivienda. Por lo tanto, es necesario hacer un cambio de fórmula de alguna manera. Además, tenemos otro problema: una limitación importante es el Servicio Nacional de Catastro y el Registro Público. Las garantías para un crédito hipotecario dependen del título del inmueble, y esto puede demorar entre seis meses y un año después de que la vivienda está terminada. En otros países, el día en que se termina la construcción, ya está lista la cuenta catastral.
Si pudieras solucionar una cosa del país, ¿cuál sería?
Muchas personas te responderían el sistema educativo o la seguridad jurídica, que son cuestiones lógicas y estructurales. Pero a mí me encanta algo que dijo el presidente: solucionar el paradigma de la "mediterraneidad mental". Tenemos que dejar de achicarnos, nos cuesta creer en el nivel de éxito que podemos alcanzar.
Debemos empezar a creer en nosotros mismos, porque si no lo hacemos, ¿quién lo hará?. Esa inercia de pequeñas conquistas puede generar una avalancha de éxito, cambio y transformación en el país.
¿Qué va a pasar ahora que somos Grado de Inversión?
Esto eleva la vara, en buen y mal sentido. En el buen sentido, genera una enorme oportunidad para atraer capital extranjero y oportunidades de negocio más grandes, lo que abaratará el costo de capital para nuestras inversiones. Sin embargo, también eleva la vara para aquellos que no califican, ya que los empresarios locales deberán estar preparados para competir con empresas mucho más capacitadas, capitalizadas, eficientes y productivas. El Grado de Inversión sirve para empezar a cambiar el paradigma de nuestro país: ya no somos un país subdesarrollado, y tenemos que comenzar a creérnoslo y a crear empresas de esa calidad. También elevará la vara para los clientes, porque cuando entran empresas más competitivas, los clientes se vuelven más exigentes.
¿Qué es el éxito para vos?
Tengo un sueño que siempre escribo en todas mis agendas: democratizar las oportunidades. Esta palabra, "democratizar", se ha usado ampliamente en distintos ámbitos, pero no estoy se guro de que el concepto de igualdad de oportunidades haya realmente permea do.
Hoy en día, no existe esa igualdad, y el gran desafío que tenemos como país es que las personas que no nacen en las mismas condiciones que vos o yo, pue dan competir con nosotros. Eso nos obligará a estar mucho más prepara dos, ágiles y eficientes.
¿Te ves en política en unos años?
Cuando era chico, siempre le decía a mi mamá que iba a ser presidente de la República, y ella me respondía que no me metiera en política. Luego, en algún momento, me cambió la mentalidad y comencé a pensar en ser ministro de Educación. El problema es que la política tiene una manera de desencantar te muy rápido. No voy a cerrarme a decir que sí o no, pero me encantaría que otras personas lo hicieran, porque creo que podemos influir en la política desde afuera, y ya lo hago de manera acti va. Sin embargo, la política es un juego complicado. Si el transporte público es sucio, la política es terrible. Así que, Dios quiera que no, pero veremos...