La elección presidencial de Perú volvió a demostrar hasta qué punto el país permanece dividido. Cinco años después del ajustadísimo balotaje que enfrentó a Pedro Castillo y Keiko Fujimori, los peruanos protagonizaron otro desenlace de infarto, con una diferencia de apenas unas décimas entre los dos candidatos y un resultado que podría tardar semanas en quedar oficialmente definido.
En la segunda vuelta celebrada ayer entre la misma Fujimori y Roberto Sánchez la distancia es tan estrecha que ambos resultados quedaron dentro del margen de error estadístico, aunque con una leve inclinación favorable al dirigente izquierdista.
La situación evocó inmediatamente el escenario de 2021. Entonces, Castillo terminó imponiéndose por apenas 44.000 votos luego de un largo proceso de impugnaciones y revisiones. Ahora, los principales bancos de inversión consideran que Perú podría volver a atravesar un período de incertidumbre política prolongada antes de conocer el resultado definitivo.
J.P. Morgan sostuvo que el país enfrenta un escenario de “resultado aún no resuelto”, pese a que los conteos rápidos favorecieron primero a Sánchez y ahora a Keiko. La entidad recordó que el escrutinio oficial suele comenzar mostrando una ventaja de Fujimori debido a que las zonas urbanas y costeras reportan primero, mientras que los votos provenientes de las regiones andinas y rurales, históricamente más favorables a la izquierda, llegan con posterioridad.
La experiencia reciente refuerza esa lectura. A medida que avanzó el conteo en elecciones anteriores, la ventaja inicial de los candidatos conservadores fue reduciéndose hasta desaparecer. Por eso, aunque los primeros resultados oficiales mostraban una diferencia favorable a Fujimori, los analistas creen que el margen debería estrecharse significativamente conforme ingresen los votos pendientes.
Más allá de quién termine ocupando el Palacio de Gobierno el próximo 28 de julio, los informes coinciden en que el dato más importante de la elección es la persistencia de una fractura política y social que parece haberse consolidado en Perú.

Santander destacó que los dos últimos balotajes presidenciales concluyeron con resultados prácticamente idénticos, reflejando la existencia de dos grandes bloques electorales incapaces de imponerse de manera contundente sobre el otro.
La geografía electoral volvió a jugar un papel central. Fujimori mostró fortaleza en Lima y en buena parte de la costa peruana, mientras que Sánchez logró compensar esa ventaja gracias a amplios márgenes en el sur del país, la sierra y las zonas rurales, reproduciendo un patrón que ya se había observado en procesos electorales anteriores.
Para los analistas, esta polarización anticipa dificultades de gobernabilidad para cualquier administración que asuma el poder. Con un respaldo electoral cercano al 50%, el próximo presidente carecerá de un mandato contundente y deberá gobernar en un contexto de elevada fragmentación política.
La posibilidad de una victoria de Sánchez generó preocupación inicial entre los inversores debido a su discurso favorable a una mayor intervención estatal y a una revisión de algunos aspectos del modelo económico peruano.
Sin embargo, tanto J.P. Morgan como Bradesco consideran que los riesgos de una transformación radical son considerablemente menores de lo que sugieren algunos temores del mercado.
La principal razón es institucional. El nuevo Congreso bicameral surgido de estas elecciones tendrá una composición predominantemente orientada hacia la centroderecha y la derecha, limitando significativamente la capacidad de cualquier presidente para impulsar reformas estructurales profundas.
Según J.P. Morgan, las fuerzas alineadas con Sánchez se encuentran lejos de contar con una mayoría legislativa que les permita modificar la Constitución o avanzar con cambios de gran magnitud en la arquitectura económica del país.
En consecuencia, iniciativas como una asamblea constituyente, reformas institucionales profundas o alteraciones sustanciales del marco macroeconómico aparecen como escenarios de baja probabilidad.
Bradesco comparte ese diagnóstico. La entidad considera que un eventual gobierno de Sánchez estaría obligado a convivir con un Congreso adverso, lo que reduciría considerablemente su margen de maniobra y actuaría como un contrapeso frente a las propuestas más ambiciosas de su plataforma.

Donde sí podrían registrarse cambios es en la orientación de la política económica.
Los analistas de Bradesco anticipan que una administración encabezada por Sánchez buscaría incrementar el gasto social, expandir programas de asistencia, aumentar las partidas destinadas a salud y educación y reforzar las transferencias hacia pequeños productores agrícolas y pequeñas empresas.
El problema, advierten, es que el espacio fiscal disponible para financiar esas iniciativas es limitado.
En consecuencia, parte de los recursos podrían provenir de una mayor presión tributaria sobre sectores específicos de la economía, particularmente la minería, una de las principales fuentes de ingresos y exportaciones del país.
Los proyectos mineros aparecen como uno de los segmentos más expuestos a cambios regulatorios. Los analistas prevén estándares ambientales más exigentes, procesos de aprobación más lentos y discusiones más agresivas en materia de impuestos y regalías.
También podrían verse afectados algunos activos regulados y proyectos de infraestructura, que enfrentarían un escrutinio político más intenso.
La reacción de los mercados promete ser uno de los principales focos de atención durante las próximas semanas.
J.P. Morgan considera que una eventual confirmación de Sánchez como presidente justificaría una mayor prima de riesgo para los activos peruanos hasta que se conozcan los nombres del gabinete y las primeras señales concretas de política económica.
La entidad señala que todavía existen interrogantes respecto de algunos aspectos del programa económico del candidato y de la orientación que finalmente adoptará su administración.
Bradesco también espera una respuesta inicial negativa de los mercados financieros.

La firma elevó el costo de capital utilizado para valorar activos peruanos y mantuvo una visión cautelosa sobre la renta variable del país. Según sus cálculos, el potencial de revalorización del mercado accionario peruano se reduce bajo un escenario de gobierno de Sánchez debido al aumento de la incertidumbre política.
No obstante, la entidad remarca que el escenario base sigue contemplando la preservación de los principales anclajes macroeconómicos, especialmente la autonomía del Banco Central de Reserva del Perú.
Esa continuidad institucional es considerada clave para evitar un deterioro más severo de la confianza de los inversores.
La incertidumbre política llega además en un momento complejo para la economía peruana.
J.P. Morgan advirtió que la volatilidad electoral podría ejercer presión adicional sobre el sol peruano, especialmente en un contexto internacional menos favorable tras el fortalecimiento reciente del dólar y el endurecimiento de las condiciones financieras globales.
Al mismo tiempo, la demanda interna continúa mostrando fortaleza y la inflación permanece por encima de la meta oficial.
Frente a este escenario, la entidad considera probable que el Banco Central avance con un endurecimiento de la política monetaria y evalúe una nueva suba de tasas de interés para contener las presiones inflacionarias y estabilizar las expectativas.
Mientras los organismos electorales continúan procesando los votos y se preparan para posibles impugnaciones, Perú enfrenta nuevamente un período de incertidumbre política que podría extenderse durante varias semanas.
Los analistas coinciden en que el resultado final probablemente será extremadamente ajustado, independientemente de quién termine imponiéndose.
Lo que ya parece indiscutible es que el próximo presidente heredará un país profundamente polarizado, con un Congreso fragmentado, una sociedad dividida en partes casi iguales y una economía que deberá navegar entre las demandas de cambio político y la necesidad de preservar la estabilidad macroeconómica que caracterizó a Perú durante las últimas décadas.