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El problema del café: un sorbo que cuesta y no siempre se valora

café, frijoles, taza
pixabay
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Las empresas asumen un gasto silencioso que pasó de ser un beneficio a una obligación. Eliminar el café implicaría más costos invisibles que el ahorro presupuestario que podría generar.

31 Enero de 2026 07.00

En muchas oficinas, el café ha dejado de ser un gesto de cortesía; se ha convertido en una pieza silenciosa del día a día. Nadie lo menciona en las ofertas laborales, pocos lo destacan en las encuestas internas y casi nadie lo agradece explícitamente. Sin embargo, cuando falta, el impacto se siente de inmediato. El café ya no es un beneficio: es una expectativa.

La magnitud del fenómeno suele pasar desapercibida hasta que se observa desde los números. En el mercado corporativo paraguayo, el consumo mensual de café alcanza escalas que lo ubican lejos de lo anecdótico.

Solo Cafepar, uno de los principales proveedores del país, dispensa alrededor de 350.000 bebidas al mes, de las cuales cerca del 70% se consume en oficinas. Detrás de ese volumen hay más de 600 máquinas instaladas en entornos corporativos, funcionando como parte del equipamiento básico de trabajo.

Según explica el Presidente de Cafepar, Matías Ordeix, se trata de un consumo estable y recurrente, distribuido en clientes de gran escala. “Tenemos corporaciones muy grandes, multinacionales, bancos e industrias que pueden tener decenas de máquinas funcionando al mismo tiempo”, señala, para dimensionar la escala que alcanzó el café dentro de las oficinas.

Un costo que asume la empresa

Ese consumo tiene un costo concreto. En promedio, cada bebida representa alrededor de G. 4.000, un gasto que en el 95% de los casos es absorbido directamente por las empresas. Ordeix subraya que, en la enorme mayoría de los casos, el colaborador no paga por el café, porque “la empresa decide otorgarlo como un beneficio”, aun sabiendo que se trata de un costo mensual relevante.

Para las compañías, la decisión no se explica sólo en términos de cafeína. Ordeix insiste en que el café no se gestiona internamente como un gasto operativo, sino como una inversión en personas: “no es que la empresa lo debería considerar un gasto; de hecho, no lo consideran gasto, lo consideran inversión en gente”.

El café cumple una función operativa y cultural al mismo tiempo. Ordeix lo vincula directamente con la dinámica diaria del trabajo: “muchas veces el colaborador llega temprano, toma un café con leche o un capuchino, y a media tarde vuelve a tomar otro; es parte de su jornada”.

Asimismo, el café acompaña rutinas, estructura pausas, evita fricciones y sostiene ritmos de trabajo. En la práctica, eliminarlo implica más costos invisibles que el ahorro presupuestario que podría generar. Por eso, incluso en contextos de control de gastos, el café rara vez entra en discusión.

Matias Ordeix, presidente de Cafepar S.A.
Matías Ordeix, Presidente de Cafepar

Cuando el café se vuelve invisible

Desde la mirada del talento, el café ocupa hoy un lugar distinto. Para los colaboradores, ya no aparece registrado como un beneficio en sentido estricto.

Como explica Giannina Pineda, Gerente de Consultoría de Jobs Paraguay, “con el café pasa algo diferente, porque es un beneficio que se da como normal o común”. Está en la misma categoría que el agua potable: se asume que debe estar. Pineda lo resume de forma directa: “el agua ni se discute que tiene que haber agua potable para tomar. Entonces el café también está ahí”. 

Inclusive, en las encuestas de marca empleadora y experiencia laboral, el café rara vez emerge como un factor explícito de satisfacción. “No suele aparecer como algo que se destaque, pero cuando se toca, levanta ruido”, advierte.

Esa reacción revela una paradoja interesante. Aunque no se lo nombre, el café sí importa. “Cuando se quiere cambiar o quitar, ahí toma otra importancia”, señala Pineda, al describir el impacto que generan este tipo de decisiones en empresas con grandes plantillas. El café funciona así como una señal de cuidado: “un mimo al colaborador, una forma de decirte: te estoy cuidando, te estoy dando lo que necesitás”.

No se trata de productividad medible, sino de motivación, comodidad y clima laboral. Es un gesto cotidiano que no busca destacarse, pero cuya ausencia se interpreta como descuido.

Giannina Pineda, HR Jobs
Giannina Pineda, Gerente de Consultoría de Jobs Paraguay

El café dentro de un nuevo contrato laboral

El fenómeno se inscribe en un cambio más amplio en la forma en que las personas evalúan su relación con el trabajo. Pineda observa que hoy el salario sigue siendo relevante, pero ya no concentra por sí solo la valoración: “cuando mirás los resultados, el salario aparece fuerte, pero otros factores en conjunto pesan más”.

Beneficios diversos – flexibilidad, modalidad de trabajo, tiempo de traslado, estacionamiento, cultura y liderazgo – pesan cada vez más en conjunto. Pineda lo resume así: “las personas hoy están mirando otras cosas de las empresas para decidir si entrar o quedarse”. En ese esquema, el café no diferencia, pero habilita; es piso, no techo.

Por lo tanto, las empresas invierten de forma creciente en un insumo que dejó de generar reconocimiento explícito, pero cuya eliminación puede erosionar rápidamente el clima interno. El café no construye reputación, pero protege la normalidad; no suma puntos, pero evita restarlos.

Ahí está el problema del café. Las organizaciones pagan cada vez más por algo que nadie considera un beneficio, pero que todos esperan. Y en esa dinámica cotidiana – quizás contradictoria – se refleja un mundo corporativo donde los símbolos de cuidado ya no se celebran, pero siguen siendo imprescindibles.

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