Forbes Paraguay
13 Junio de 2026 07.00

Belén Cuevas Trinidad Editora de Forbes Women Paraguay

La bailarina paraguaya que ilumina los teatros de Canadá

Paloma Bonnín. FOTO: GENTILEZA
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A sus 23 años, la bailarina Paloma Bonnín brilla con luz propia en Alberta, Canadá, consolidándose como una embajadora del arte paraguayo en el exterior. Esta joven artista reflexiona sobre su herencia familiar, su rigurosa formación internacional y los desafíos urgentes de la danza hoy.

La destacada bailarina paraguaya representa actualmente la renovación vibrante del arte nacional en las plataformas del extranjero. A sus 23 años, ya formó parte del Balletto di Milano dirigido por Carlos Pesta y, actualmente, está creciendo en el Alberta Ballet de Canadá, bajo las enseñanzas de Francesco Ventriglia. "Hace 5 años que ya no vivo en Paraguay", relató Paloma respecto a su travesía por escenarios internacionales.

Paloma Bonnín. FOTO: GENTILEZA
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Hija de Miguel Bonnín (director del Ballet Clásico y Moderno Municipal) y Patricia Manavella (directora de la academia de ballet que lleva su nombre), Paloma se embarcó desde el principio en una incansable búsqueda de la excelencia y autenticidad expresiva. Esta profunda inmersión enriqueció notablemente su estilo y destreza corporal. "Me ha tocado vivir principalmente en Europa y ahora en Canadá", recordó Paloma.

El exigente camino del arte internacional de primer nivel requiere siempre un soporte afectivo sólido para afrontar la distancia geográfica y la soledad de manera saludable. Para ella, sus hermanos representan un pilar fundamental en su vida cotidiana. "Tengo una gran familia, dos hermanos Francesco y Maximiliano, a quienes amo", manifestó.

Paloma Bonnín. FOTO: GENTILEZA
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A pesar de encontrarse físicamente lejos de su tierra, el apoyo de su círculo íntimo permanece intacto y la acompaña de forma permanente. Asimismo, su brillante carrera le permitió forjar valiosos lazos de amistad interculturales. "Gracias a mi profesión pude cultivar amistades de todas partes", explicó Paloma.

Al evocar con nostalgia sus inicios artísticos en Asunción, los primeros estímulos provienen directamente de la rutina compartida por sus célebres progenitores en la intimidad del hogar. "Lo primero que viene a mi mente es a mi mamá y a mi papá los dos juntos haciendo clase", rememoró Paloma con evidente admiración hacia sus mentores.

Paloma Bonnín. FOTO: GENTILEZA
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Crecer rodeada de grandes referentes coreográficos nacionales como sus propios padres le otorgó una madurez sumamente temprana sobre la compleja realidad de las industrias artísticas. Las conversaciones cotidianas en su hogar resultaron profundamente ilustrativas. “Mi pasión por la danza fue por descubrimiento. Yo tenía el acceso a todo, porque mi casa estaba al lado de la academia de mamá, todas las clases me gustaban, hacía todas las que había, porque me encantaba estar en el salón con mis profes, amigas, hablar de baile, reírnos, los viajes para los cursos, los veranos de Paraguay, miles de emociones que me generaba el ballet”, recuerda.

Su romance absoluto con el escenario comenzó a una edad sumamente temprana de forma completamente espontánea, apasionada y decidida. Entró al salón equipada con indumentaria adaptada. "Yo bailo desde los dos años y medio", reveló Paloma sobre aquella inolvidable tarde en que abrió decidida la puerta del aula de baby ballet, lista para aprender disciplina clásica.

Paloma Bonnín. FOTO: GENTILEZA
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Desde su tierna infancia, las lecciones estructuradas en el salón ocuparon un lugar prioritario en su agenda diaria, anteponiéndose firmemente a cualquier otra recreación o malestar físico menor. "Siempre fueron mis clases primero y después todo lo demás", sentenció Paloma.

Su amor coreográfico nació de una exploración libre dentro del instituto familiar, consolidándose definitivamente tras realizar un viaje familiar crucial hacia los Estados Unidos de América. "Fue decisivo para mí ver en Nueva York una función del New York City Ballet", puntualizó Paloma. La deslumbrante belleza visual de la escena consolidó de inmediato sus aspiraciones futuras.

Paloma Bonnín. FOTO: GENTILEZA
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Al retornar de Norteamérica, comunicó formalmente sus intenciones a sus padres y estructuró sus exigentes rutinas cotidianas bajo rigurosos parámetros físicos de altísima competencia dancística. "Empecé a trabajar de una manera distinta de alto rendimiento", precisó Paloma. Sus crecientes anhelos requerían de forma indispensable mayor dedicación, enfoque minucioso y prolongados tiempos de ensayo.

Un lenguaje en sí mismo

Su profundo conocimiento analítico del lenguaje del movimiento le permite decodificar con precisión la abstracción geométrica de corrientes modernas así como el dramatismo clásico tradicional. Paloma toma dos escuelas específicas para explicar que mucho de las expresiones que vemos en escena derivan de la impronta de algunos coreógrafos que fueron haciendo historia en esta danza como, por ejemplo, George Balanchine (1904-1983) o Jean-Georges Noverre (1727.1810).

 “El ballet siempre transmite algo, ya sea una emoción , ya sea una filosofía de vida o un pensamiento.”

“Esta disciplina tiene miles de enfoques. Un ballet de Balanchine puede no tener una expresión particular, pero la belleza de los movimientos y de los cuerpos tiene una expresividad que trasciende. En los ballets de acción que fueron creados sobre las bases de Noverre, los gestos y los movimientos interiores del bailarín tienen mucha importancia. Y en los ballets académicos la expresividad se logra a través de la emoción y de los movimientos”, detalla.

Paloma Bonnín. FOTO: GENTILEZA
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Su notable consagración en competitivos festivales europeos no devino de una obsesión por el triunfo, sino de una prestigiosa invitación aceptada exclusivamente con la intención de bailar. "Yo no soy una bailarina de concursos", aclaró Paloma al evocar el certamen de Spoleto, Italia, cita donde se alzó con el primer puesto de su exigente categoría.

Su paso por célebres centros formativos globales moldeó significativamente su identidad estética, asimilando las mayores virtudes de las escuelas más prestigiosas del planeta. "Me marcaron varios aspectos cada uno de ellos", indicó Paloma. Del American Ballet rescató la soltura interpretativa americana, mientras que de París adoptó la estricta y tradicional limpieza técnica.

Paloma Bonnín. FOTO: GENTILEZA
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Su reciente incorporación al renombrado Alberta Ballet de Canadá le exige mantener una concentración absoluta debido a la complejidad del repertorio artístico vigente. "Es un trabajo muy exigente, muchas horas diarias", detalló Paloma. Establecerse firmemente en una geografía norteamericana de inviernos extremos demanda una inquebrantable fortaleza mental para procesar la inevitable nostalgia de la patria de modo constructivo. "El frío de Calgary es muy difícil", confesó Paloma. 

Paloma Bonnín. FOTO: GENTILEZA
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Al evaluar objetivamente la actual escena cultural paraguaya, celebra el notable incremento de espectadores interesados, aunque remarca la necesidad de optimizaciones laborales. "La mejoría de los salarios es fundamental", insistió Paloma, argumentando que dignificar los ingresos económicos y proveer seguros médicos resguardaría eficazmente a los talentos emergentes para evitar su constante emigración.

Con la templanza que caracteriza a las grandes figuras del arte que conquistan el mundo, prefiere disfrutar del presente continuo sin trazar metas anuales inflexibles. "Estoy abierta a todo lo que la vida en el arte me ofrece", subrayó nuestra entrevistada.

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