Luis Beltrán, Innovation & Digital Transformation Leader de EY para LATAM, compartió su visión sobre el impacto de la inteligencia artificial (IA) en la vida cotidiana y en los modelos de liderazgo del futuro.
La resistencia no viene del software, sino de la cultura interna. Sin formación ni espacios para aprender, los empleados improvisan, ocultan dudas y simulan saber. El resultado: proyectos que no despegan y millones desperdiciados.
El análisis de un año revela cómo la exposición sostenida en las noticias influye directamente en el uso masivo de estas herramientas. Cuanto más aparecen, más se utilizan.
Mientras se multiplican los diagnósticos alarmistas sobre el supuesto fracaso de la inteligencia artificial en el ámbito corporativo, una red de usos espontáneos y no oficiales empieza a mostrar señales de cambio profundo. Lo que muchos líderes ignoran no es la tecnología, sino cómo se está usando en la trastienda del trabajo diario.
La denuncia, presentada en Texas, sostiene que ambas compañías habrían manipulado el ranking de visibilidad y trabado actualizaciones para beneficiar a ChatGPT. Además, Musk cuestiona el acuerdo entre Apple y OpenAI por el uso de datos de usuarios de iPhone.
Muchas firmas invierten millones en soluciones con inteligencia artificial que nunca superan la etapa de prueba. El MIT analizó más de 300 casos y encontró un patrón: falta de dirección clara, descoordinación interna y obsesión por lo vistoso antes que por lo útil.
Con inversores de peso y un video viral que la puso en el radar, la startup detrás del agente de inteligencia artificial Devin avanza con una nueva ronda que más que duplicaría su valuación en apenas cuatro meses.
Aunque las órdenes sean claras, los sistemas insisten en desviarse. Qué hay detrás de esas respuestas erráticas que desorientan incluso a quienes ya tienen experiencia.
Una caída más amplia de las acciones tecnológicas fue encabezada por Nvidia, Intel y Palantir durante las operaciones de este miércoles, luego de un informe de que la administración Trump podría buscar acciones en empresas que reciben subvenciones federales bajo la Ley CHIPS de la era Biden.
En Meta, el caos interno y la falta de una dirección clara empujaron a varios empleados a irse. Mientras tanto, algunos competidores aseguran que el nivel de sus desarrolladores en inteligencia artificial no está a la altura.
Mientras muchas empresas celebran su supuesta modernización, la mayoría de los empleados sigue sin incorporar estas herramientas de manera constante. La presión crece: en gigantes como Microsoft, el aprovechamiento cotidiano de sistemas inteligentes ya impacta en las evaluaciones de desempeño y redefine la manera en que se mide la productividad.
El nuevo modelo no solo responde: desliza mensajes ocultos, improvisa poesía técnica y parece entender qué es lo que uno quiere antes de terminar de decirlo. Un ensayo reciente indaga hasta dónde llega su aparente intención y qué dice eso sobre nosotros.
Wall Street ajusta la lupa sobre los balances de la compañía, que busca recuperar terreno tras años de crecimiento apagado. Las expectativas por su jugada en inteligencia artificial ponen presión sobre sus próximos movimientos.
Cuando la inteligencia artificial se convierte en política de Estado para las grandes potencias, lo que está en juego ya no es solo qué tecnologías se usarán, sino qué modelos de negocio, de empleo y de liderazgo serán viables en los próximos años.
"El pionero británico de la inteligencia artificial advierte que la llegada de sistemas capaces de pensar por encima de la mente humana podría darse en pocos años y que la clave no es controlarlos, sino lograr que se interesen genuinamente por nuestra supervivencia."
La empresa de inteligencia artificial Perplexity ha presentado una oferta de US$ 34.500 millones por el navegador Chrome de Google, según varios medios. Esto mientras un juez considera obligar a Google a escindir Chrome después de que se dictaminara que tenía el monopolio de la tecnología de publicidad en línea.
La empresa, con sede en Palo Alto, California, valuada en US$ 120 millones, desarrolló un método escalable para generar de forma rápida datos biológicos clave para los modelos de IA y aplicarlos en la búsqueda de nuevas curas contra el cáncer.
El nuevo modelo de OpenAI no solo sube la apuesta técnica, también desafía el equilibrio entre velocidad, precisión y costo, en una carrera global donde cada mejora redefine quién lidera y quién queda atrás.
Abandonan carreras prestigiosas, renuncian a títulos soñados y se lanzan a trabajar contra un riesgo que consideran inminente: el desarrollo de una inteligencia artificial con poder para terminar con todo. El temor a quedarse sin futuro les ganó la pulseada a los diplomas.