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La revancha del long-form en los negocios digitales: por qué la economía de la atención vuelve a apostar por la profundidad

Laura Marajofsky

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Tras la saturación del contenido efímero, marcas y plataformas giran su estrategia hacia los videos extensos, el papel y los newsletters de nicho. Una tendencia contracultural que redefine las métricas de monetización y la construcción de audiencias leales.

25 Julio de 2026 09.00

Luego de un período post pandémico en que la tendencia indicaba que los contenidos efímeros eran la nueva norma a seguir —con las historias y reels de pocos minutos a la cabeza—, se está viendo progresivamente cómo el formato largo vuelve y triunfa en algunas plataformas y modelos de contenido en tiempos donde lo lento, artesanal y analógico se vuelve cada vez más deseable.

Así, se observa una revalorización de las revistas en papel, los carruseles con textos y los clips más largos en redes sociales, las entrevistas más largas, el boom de los newsletters con mayores extensiones de texto en sitios como Substack, y ahora también los podcasts filmados y los video ensayos en YouTube liderando la tendencia. Por ahora pareciera que menos es más ya no es la única lógica ganadora para producir contenido. Cambios en la mentalidad, las plataformas y la opinión de los especialistas.

Un cambio en la mentalidad

Si el auge de plataformas como Tik Tok, los algoritmos híper acelerados y el consumo cada vez más fragmentado (incluyendo otras plataformas como Instagram y YouTube también replicando formatos cortos con reels y shorts) señalaban que nuestra atención se estaba acortando irreversiblemente y que la única manera de adquirir visibilidad era adaptarnos a este formato de contenidos, la fatiga online y la proliferación de contenidos sintéticos actuaron como catalizadores de un lento pero anunciado cambio en el modo de consumir. Cuando las tendencias llegan a su clímax, siempre aparecen otras pendularmente opuestas.

A la velocidad y la homogeneización de contenidos producidos por la IA se contrapone la tranquilidad para leer o ver un contenido con producciones más personales y elaboradas por humanos. Ante la propuesta de imagen o video por sobre texto, surge como respuesta retomar con formatos más extensos que permiten más desarrollo de ideas y que generan la posibilidad de un intercambio distintos con las audiencias, sea un newsletter o un videopodcast. Y también se observa como contra-tendencia una vuelta a los formatos físicos de antaño, sea papel, plataformas que apelan a la nostalgia como Tumblr o tecnologías recuperadas y netamente analógicas.

Contenido largo. Crédito: Imagen generada con IA.
Crédito: Imagen generada con IA.

El aumento en la circulación de las revistas en papel ya es un hecho consolidado y documentado, con algunos clásico como ID magazine volviendo a los kioskos el año pasado y Nylon antes de eso, y grandes marcas como Chanel, Coach, Dior, Nike o Armani capitalizando este renovado interés por los medios impresos, tras haber lanzado sus propias revistas como plataformas de storytelling o reforzar su presencia en YouTube para con mini documentales, campañas extendidas y contenidos narrativos de mayor duración.

Sin embargo, para algunos expertos, como Enrique Avogadro, especialista en gestión cultural y creativa de la consultora Pulmón Creativo, esta persistencia no tiene nada de nostalgia. De hecho, el regreso de las revistas y fanzines en formato print tiene como eje la estrategia de diferenciación y construcción de valor desde otro lugar: la posibilidad de construir una tribu, no solo una audiencia masiva, y de reinventar lo obsoleto con mirada contracultural. “Las revistas impresas están viviendo un renacimiento silencioso y necesario. Cada mes siguen apareciendo publicaciones originales dispuestas a investigar y contarnos lo que está pasando. Representan curiosidad y audacia para auscultar el presente y para imaginar el futuro. El gesto contracultural del arte impreso es infinitamente más potente en esta era digital”, explica.

Algunos ejemplos locales de los últimos años confirman el fenómeno, como Orsai (que además se sostiene con los aportes de su audiencia); El gran cuaderno, que se reinventó a revista literaria para las nuevas generaciones, incluyendo autores consagrados y noveles de Latinoamérica y ya va por su 9° número, u otras como Ligeia o Anchoa de literatura y gastronomía, respectivamente. Mientras que el fanzine o “zine” revive en lugares tan disímiles como Inglaterra y EE.UU. gracias a la GenZ, México o Japón, en donde el mercado de la autoedición japonesa se duplicó en cuatro años, aún con la caída general del libro y la revista.

Las plataformas online también se pliegan

Si bien todos estos casos tienen de por medio puntos en común como apelar a los sentidos, el coleccionismo y el gusto por la nostalgia o la llamada retromanía, el fenómeno también se observa en el plano digital. No es casualidad que, pese a que tanto Instagram como YouTube se habían subido a la tendencia de lo resumido con reels y shorts, ahora estén virando hacia el formato más largo: desde 2024, TikTok permite subidas de 60 minutos y a mediados del 2025 Instagram actualizó la longitud de los reels hasta 20 minutos.

Contenido largo. Crédito: Imagen generada con IA.
Crédito: Imagen generada con IA.

YouTube aparece como el gran protagonista de ese regreso, con una dominación que la hace hoy la segunda plataforma más utilizada del mundo después de Google. “Nunca perdió relevancia, pero en los últimos años recuperó centralidad frente al dominio cultural que habían ganado TikTok e Instagram. Según datos de YouTube, más de 1.000 millones de horas por día ya se ven directamente en televisores conectados. Es un dato importante porque modifica el tipo de experiencia: pasar del consumo rápido y vertical del celular a un consumo más parecido a la TV, más intencional, más largo y menos fragmentado”, explica la periodista y especialista en tendencias Clarisa Herrera. A su vez, un estudio de Tubular Labs del 2025 reveló un dato más que interesante: más del 57% del tiempo total de visualización en YouTube proviene de videos de más de 20 minutos.

Aunque el contenido en formato corto sigue existiendo —ver el éxito de los microdramas— y es funcional para ciertos objetivos como el descubrimiento o como puerta de entrada a los longforms, hay un claro reacomodamiento de la economía de la atención. En este sentido, localmente lo que se observa de la mano del crecimiento del streaming como formato popular en Argentina son los canales con su propia programación (Cenital+, Mate, Gelatina, Delireo, Posdata), con especiales temáticos o formatos semanales de más de 30 minutos y hasta una hora de contenido, así como los propios creadores de contenido con sus canales de cine, ciencia, entrevistas. “Hay un agotamiento en el contenido efímero, ese de mensajes de menos de 1 minuto. Siguen existiendo, sobre todo en redes sociales y en algunos casos funcionan, pero hay un público que busca también contenidos más largos. En principio se podría creer que es porque no alcanza un minuto para decir mucho pero mi hipótesis es un poco menos optimista. Un contenido de un minuto requiere mucha atención y mi sospecha es que hoy se buscan contenidos más largos que se dejan ‘de fondo’. Tal vez sea la universalización de mi caso, pero muchas veces dejo capítulos de podcast o entrevistas que me interesan de fondo mientras hago una tarea doméstica, como funcionó la televisión en algún momento, prendida en las casas sin prestarles el 100% de la atención”, aporta por su lado Candelaria Botto, economista y periodista, directora de Ecofeminita y creadora de Delireo, cuya programación incluye dos formatos semanales de análisis de noticias con invitados y un ciclo de entrevistas con figuras públicas.

Este efecto de “acompañamiento” en donde los contenidos funcionan un poco como “la radio de antaño”, sumado a la idea de construcción de comunidad, son dos argumentos muy escuchados a la hora de explicar por qué al argentino promedio le gusta tanto consumir streaming en vivo. Y tiene cierta lógica al pensar no solo en el contenido per sé, sino también en el modo de consumo actual de los contenidos: fragmentado, solitario, asincrónico. Con el binge TV y el streaming tradicional ya instalado, se perdió la sensación de estar viendo algo en comunidad. Con el podcast y el videopodcast está sucediendo algo similar.

Substack. Crédito: Imagen generada con IA
Crédito: Imagen generada con IA

“Más que un regreso, veo una resistencia. El contenido largo estuvo siempre ahí, sostenido por audiencias que lo eligieron incluso cuando las plataformas premiaban lo contrario. Fue lo que me enamoró del podcast: uno de los primeros shows que me marcó se llamaba, justamente, Longform, y lo escucho desde 2014. La posibilidad de detenerse y profundizar era la promesa del formato desde el día uno. Lo que cambió ahora es que las plataformas dejaron de castigar esa profundidad: TikTok y YouTube entendieron que 40 minutos de atención real valen más que 3 segundos de impresión. Y hay algo más profundo: mucha audiencia encuentra en estos contenidos un refugio contra lo efímero. Cuando todo es scrolleable, quedarse es un acto de elección”, completa Luciano Banchero, CEO de Posta, que se prepara para lanzar el año que viene un podcast con Mariana Enríquez.

YouTube, el gran ganador

Mientras que las marcas empiezan a notar que los formatos cortos sirven para instalar tendencias virales, pero no necesariamente para construir audiencias leales, YouTube se transforma en el lugar donde esa audiencia permanece. “Los videos largos permiten construir narrativa, explicar mejor, desarrollar identidad y generar una relación más profunda con las comunidades. También monetizan mejor: distintos análisis muestran que los videos largos generan mucho más revenue por view y convierten más espectadores en suscriptores que el short-form”, sigue Herrera.

El informe anual de Reuters 2025 ya mostraba el crecimiento explosivo de los podcasts en video, las entrevistas largas y los video ensayos que se pueden ver por este sitio, cuyo visionado en cantidad de horas ya superó a Netflix y HBO Max, convirtiéndose en 2025 en el proveedor de vídeo más visto en la televisión de EE.UU. Por último, el crecimiento del consumo de contenido en smart TVs está empujando a las grandes plataformas a repensar su estrategia. Este mes se anunció que Instagram está intensificando sus esfuerzos para atraer a más espectadores en televisión probando el formato de video horizontal en Instagram for TV, su función existente que permite a los usuarios ver videos de la plataforma en la pantalla grande de la sala de estar. Y eso no es todo: la compañía experimentará con formatos narrativos más extensos y series episódicas junto a creadores de contenido.

“Desde lo que se ve en consumo, la clave es la inmersión, el entrar en mundos de modo más profundos y a la vez más específicos. En la pandemia se vio el fenómeno y se analizó como un emergente del deseo y necesidad de escapismo de la gente, el meterse en mundos que no eran el real porque el real estaba demasiado complicado. Hoy vemos consumidores que efectivamente usan el long format como escapismo, vemos en encuestas que 8 de cada 10 personas entre 18 y 42 años en Latam declaran que las experiencias presenciales /analógicas son muy importantes para su bienestar, y casi 9 de cada 10 también opina que disfrutar es clave para la salud. Más allá del escapismo, los consumidores saben que pueden disfrutar de sus gustos cada vez más de nicho y, por otro lado, lo analógico claramente es usado como cierta forma de descompresión frente a las imposiciones del algoritmo sobre la atención”, cierra Ximena Alarcón Díaz de la consultora y trendlab YOUniversal. 

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