El austríaco que apostó "all in" por Paraguay y vio el futuro en Nueva Asunción
Cuando Markus Amann pisó Paraguay por primera vez, en enero de 2005, no imaginaba que ese viaje sería el inicio de una relación profunda con un país que terminaría moldeando su destino. Había llegado invitado por un amigo universitario, directo al Chaco paraguayo, bajo un sol que rozaba los 45 grados. La experiencia fue tan distinta a todo lo que conocía en Europa que lo marcó para siempre. Meses después, un accidente automovilístico cambió el curso de aquella primera aventura y lo obligó a regresar a Austria.
Esa pausa, sin embargo, no apagó su curiosidad. Un año y medio más tarde, tras un viaje en crucero hacia la Antártida, Amann tomó una decisión que definiría su vida: regresar a Paraguay y apostar todo a un país que muchos europeos ni siquiera podían ubicar en el mapa. Lo llama su decisión "all in". No quería fracasar ni quedarse con la duda de lo que podía haber sido.
Cuando volvió, el panorama inmobiliario de Asunción era muy distinto. La zona de Aviadores del Chaco todavía no era el corredor corporativo de torres y hoteles internacionales que es hoy. Sin experiencia en el sector y con recursos limitados, Markus decidió desarrollar allí su primer edificio. "Todos me decían que no lo hiciera, que era un error", recuerda. Pero su falta de miedo y una convicción férrea lo empujaron a avanzar.
Como joven extranjero, enfrentó una realidad compleja: ninguna constructora quería trabajar con él y los bancos veían con desconfianza a los inversores foráneos. Fue un empresario extranjero germanohablante quien finalmente lo ayudó a conseguir financiamiento, y su madre quien le prestó una parte del capital inicial. El proyecto se transformó en un edificio cooperativo de oficinas de cinco pisos y 5.000 m², frente al actual Sheraton. En ese entonces, nadie creía que esa zona podría convertirse en el corazón financiero de Asunción.
Sin conocimientos técnicos, Markus se formó sobre la marcha. Estaba todos los días en la obra, observando, preguntando, aprendiendo de cada error. Para él, la falta de experiencia puede ser una ventaja: "Cuando no sabés lo suficiente, no tenés miedo de intentar", suele decir. Su involucramiento personal fue determinante. En una ocasión, notó que la fachada de vidrio podía ceder, detuvo la construcción y resolvió el problema. Ese nivel de atención al detalle se transformó en su sello como desarrollador.
El éxito del proyecto cambió su vida. Logró alquilar todos los espacios antes de terminar la obra, y con ello ganó credibilidad en un mercado que hasta entonces lo miraba con escepticismo. Con el tiempo, también percibió un cambio profundo: Paraguay comenzó a abrirse más al capital extranjero, entendiendo que quienes llegaban no eran "aventureros" sino inversores serios, con visión de largo plazo.

Años después, Amann comenzó a sentir que el ciclo de Aviadores del Chaco se estaba completando. El valor del suelo había subido, el tráfico crecía y la expansión de Asunción hacia el este parecía alcanzar cada vez más sus límites naturales. Fue entonces cuando se interesó por un territorio que, al principio, creyó perteneciente a Argentina: la zona al otro lado del río Paraguay. Al descubrir que era territorio paraguayo y que casi no estaba desarrollado, vio una oportunidad única.
"Era obvio que Asunción necesitaba cruzar el río", explica. La ciudad ya superaba los dos millones de habitantes, y su crecimiento horizontal la estaba asfixiando. Dos tercios del país se encuentran del otro lado, pero el puente Remanso era insuficiente para conectar ambas orillas. Con esa lectura, Markus comenzó a comprar tierras en Nueva Asunción en 2012, mucho antes de que el Puente Héroes del Chaco fuera siquiera anunciado oficialmente.
Durante años, muchos se rieron de esa apuesta. El proyecto del puente había sido prometido y cancelado durante tres décadas. Pero él nunca dudó. "Sabía que tarde o temprano tenía que construirse", afirma. En 2024, cuando finalmente se inauguró la conexión vial, su visión quedó confirmada. Hoy, siete grandes desarrollos residenciales están en marcha en Nueva Asunción, y se espera que los primeros terrenos se entreguen entre fines de 2025 y comienzos de 2026.
Para Markus, no se trata de una zona de veraneo ni de un suburbio: es un nuevo barrio de la capital. Está a cinco minutos del casco histórico y a quince del aeropuerto, conectado por una autopista sin semáforos. Los precios del metro cuadrado son diez veces más bajos que en Asunción, lo que convierte la zona en una oportunidad de inversión con alto potencial de plusvalía.
Tras casi dos décadas en el país, Amann reflexiona sobre lo que Paraguay necesita para consolidarse como un destino confiable para el capital extranjero. Destaca la facilidad para obtener residencia y la estabilidad macroeconómica, pero advierte que la seguridad jurídica y la planificación de largo plazo son esenciales.
"Lo más importante es cumplir lo que se promete", sostiene. "Un inversor puede aceptar un no, pero no puede trabajar con un 'sí, el lunes' que nunca llega". También insiste en la necesidad de una planificación estructural con un horizonte de cinco a diez años: infraestructura, aeropuertos, puentes y proyectos de transporte que acompañen el crecimiento urbano.
Para él, el futuro de Asunción está del otro lado del río. Y así como una vez creyó en Aviadores del Chaco cuando era apenas una avenida periférica, hoy confía en que Nueva Asunción redefinirá el mapa urbano y económico del país. Markus Amann apostó todo por una convicción: que en Paraguay, el futuro favorece a quienes se atreven a verlo antes que los demás.