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NurPhoto vía Getty Images

La farmacéutica más grande del mundo apuesta US$ 3.800 millones a los psicodélicos para su próxima fase de crecimiento

Juan Romero

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Con una caja importante por el boom de los tratamientos contra la obesidad, compra la biotech AtaiBeckley respaldada por Peter Thiel. El deal la posiciona fuertemente en el desarrollo de medicamentos de salud mental y suma otro motor para su crecimiento.

20 Julio de 2026 09.20

La compañía estadounidense Eli Lilly con sede en Indianápolis informó que pagará U$S 2.800 millones en efectivo por AtaiBeckley y hasta U$S 1.000 millones adicionales sujetos al cumplimiento de determinados hitos de desarrollo y regulatorios. La transacción valora a la biotech por encima de sus casi U$S 2.000 millones de capitalización bursátil al cierre del miércoles, reflejando una prima por su pipeline en fases clínicas avanzadas.

El movimiento se inscribe en una tendencia clara: los grandes grupos farmacéuticos están comprando biotechs especializadas en drogas psicodélicas como tratamiento para salud mental, siguiendo el camino de AbbVie y la japonesa Otsuka, que ya hicieron operaciones similares. Para Lilly, volver a poner el pie en psiquiatría avanzada tiene sentido estratégico: antes del auge de los fármacos para bajar de peso, la compañía fue uno de los líderes del segmento, con lanzamientos emblemáticos como Prozac y Cymbalta.

La lógica clínica la sintetizó Carole Ho, vicepresidenta ejecutiva y presidenta de Lilly Neuroscience: “La depresión resistente al tratamiento persiste incluso después de que múltiples tratamientos han fracasado. Millones de personas siguen buscando alivio y necesitan desesperadamente una terapia que funcione”, afirmó al anunciar el acuerdo.

Qué hay dentro de AtaiBeckley: 5-MeO-DMT y MDMA para indicaciones severas

AtaiBeckley está entre las biotechs líderes en el uso de psicodélicos para tratar depresión severa y trastornos de ansiedad. La compañía se formó el año pasado mediante la fusión de Atai Life Sciences —plataforma de desarrollo de fármacos de salud mental fundada por Angermayer— con la británica Beckley Psytech, especializada en psicodélicos.

Su activo más avanzado es un spray nasal que utiliza el alucinógeno 5-MeO-DMT (programa BPL‑003), hoy en ensayos de fase 3 en pacientes con depresión resistente al tratamiento. En paralelo, la biotech está estudiando una variante de MDMA, conocida popularmente como la droga recreativa éxtasis, en ensayos de fase intermedia para trastorno de ansiedad social.

En términos de control accionarial, Christian Angermayer sigue siendo el mayor inversor individual: mantiene un 14,5% del capital a través de su family office Apeiron Investment Group. El cofundador de PayPal, Peter Thiel, co-lideró una de las primeras rondas privadas de financiamiento de Atai, convirtiéndose en uno de los apoyos tempranos de la tesis psicodélica.

Ambos también fueron early backers de Enhanced Games, un evento deportivo estilo Juegos Olímpicos en el que se permite el uso de drogas para mejorar el rendimiento. Angermayer hoy preside Enhanced Group, que salió a bolsa en mayo vía una SPAC, consolidando su perfil como inversor en modelos que cruzan deporte, biotecnología y performance humana.

Maha, Trump y el giro regulatorio a favor de los psicodélicos

El crecimiento de las biotechs centradas en psicodélicos no se explica solo por ciencia: también responde a un nuevo contexto político. Empresas como AtaiBeckley se beneficiaron de una ola de interés inversor impulsada por el movimiento Make America Healthy Again (Maha), liderado por el secretario de Salud de EE.UU., Robert F. Kennedy Jr.. En noviembre, Angermayer fue uno de los oradores invitados a una cumbre de Maha, donde promocionó su compañía y el potencial terapéutico de los psicodélicos en trastornos resistentes.ft

El salto más grande llegó en abril, cuando el presidente Donald Trump firmó una orden ejecutiva que instó a la FDA a acelerar las aprobaciones de fármacos basados en psicodélicos. Tras ese decreto, las acciones de AtaiBeckley y de otros jugadores cotizantes del sector se dispararon, reflejando la percepción de que la ventana regulatoria se abría más rápido de lo previsto.

Para Lilly, entrar ahora le permite capturar esta ola con activos en fase 3 y fase 2, en lugar de partir de cero. Para los inversores, es una validación de que los psicodélicos están dejando de ser una apuesta de nicho para convertirse en un subsector legítimo dentro del pharma global.

Lilly, Zepbound, Mounjaro y una agenda de deals por U$S 28.800 millones

La compra de AtaiBeckley se suma a una estrategia agresiva de M&A. Impulsada por las ventas de sus medicamentos para obesidad y diabetes, Zepbound y Mounjaro, Eli Lilly llevó su capitalización bursátil cerca de U$S 1,1 billones y hoy es vista como la gran “machine” de cash del sector.

Solo en lo que va del año, la empresa destinó hasta U$S 28.800 millones a acuerdos con biotechs, incluyendo la compra de hasta U$S 7.800 millones de Centessa Pharmaceuticals, especializada en trastornos del sueño y condiciones neurológicas, y la adquisición de hasta U$S 7.000 millones de la oncobiotech Kelonia Therapeutics. La lógica es clara: usar los flujos extraordinarios de los GLP‑1 y otros blockbusters para comprar pipelines de alto potencial antes de que los actuales superventas empiecen a perder protección de patente.

El contexto de mercado acompaña. Entre enero y principios de julio se concretaron unos U$S 206.000 millones en deals de biotecnología, lo que convierte a 2026 en el segundo inicio de año más activo de la historia en materia de fusiones y adquisiciones del sector, según datos de LSEG. La adquisición de AtaiBeckley se inscribe en esa ola, pero además marca un punto de inflexión: grandes farmacéuticas están dispuestas a pagar múltiplos relevantes por compañías cuyo valor principal es un pipeline psicodélico bien ejecutado.

¿Qué implica para el precio de la acción de Lilly?

Desde la óptica de mercado de capitales, el movimiento dialoga con las proyecciones que distintos analistas vienen trazando sobre el recorrido de la acción de Eli Lilly (LLY). Un modelo publicado por Forbes US estima que, bajo un escenario conservador, el papel podría subir alrededor de 76% en tres años, pasando de U$S 1.182 a U$S 2.091, con ingresos creciendo cerca de 30% anual y ganancias prácticamente duplicándose. “Cuando estos tres componentes se combinan, las ganancias se proyectan desde U$S 25.300 millones hasta aproximadamente U$S 49.900 millones”, señala el análisis, concluyendo que ese salto de beneficios justificaría un precio objetivo en torno a U$S 2.091.

Detrás de esos números hay una tesis que el deal con AtaiBeckley refuerza la posición de la compañía: Lilly no solo está explotando la ola de la obesidad, sino que está reconstruyendo un portafolio diversificado con apuestas de alto riesgo‑retorno en oncología, trastornos del sueño y ahora salud mental basada en psicodélicos. Para los inversores, eso implica un perfil cada vez más expuesto a innovación radical, con el potencial de generar nuevos blockbusters y, al mismo tiempo, con riesgos clínicos y regulatorios que habrá que seguir de cerca.

El mensaje para la industria farmacéutica y los mercados emergentes

Visto desde mercados como el de la región, el caso Lilly–AtaiBeckley deja varias señales para la industria que no detiene su crecimiento gracias al desarrollo de nuevos medicamentos para el tratamiento de enfermedades que antes eran consideradas incurables.

Teniendo en cuenta este nuevo escenario que genera la tecnología y en particular la inteligencia artificial, los psicodélicos entran en la agenda de las big pharma y dejan de ser un territorio exclusivo no para de de start‑ups y laboratorios pequeños.

El capital excedente de los nuevos blockbusters (como los fármacos para bajar de peso) se está reutilizando para financiar ciencia de frontera, no solo recompras de acciones o dividendos.

Las compañías con pipelines fuertes en salud mental y neurología ganan atractivo como targets, en un contexto en el que la depresión resistente y los trastornos de ansiedad siguen sin soluciones masivas efectivas.

Para Lilly, la frase de Carole Ho resume el objetivo: ofrecer “una terapia que funcione” donde hoy predominan el ensayo y error. Para el mercado, la pregunta es si U$S 3.800 millones por AtaiBeckley serán el precio de entrada a la próxima revolución de la psiquiatría —o un recordatorio de que, en biotecnología, apostar temprano a veces implica esperar muchos años antes de saber si la ciencia y la regulación acompañan.

Fuente: Forbes U.S., Reuters, Financial Times

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