Paraguay quiere ser la fábrica de América del Sur y duplicar su economía en diez años
Desde el sector público y el empresariado joven coinciden en que el país reúne hoy condiciones estructurales y macroeconómicas para posicionarse como una plataforma industrial regional.
El Viceministro de Industria, Marco Riquelme, sostiene que el primer paso ya está en marcha y tiene que ver con la visibilidad y confianza. Según explica, “lo primero es seguir haciendo lo que estamos haciendo: salir a contarle al mundo que Paraguay existe”, ya que el país “ya tiene todo preparado para recibir a los inversionistas”, pero aún enfrenta un déficit de conocimiento internacional sobre sus ventajas competitivas.
En ese sentido, destaca que la agenda internacional del Presidente Santiago Peña cumple un rol central para “inspirar la confianza necesaria para que el inversor tome la decisión de invertir en Paraguay y no en otro país”.
Riquelme explica que el plan Paraguay 2X es clave para la industrialización del país. Su objetivo consiste en duplicar el tamaño de la economía en un plazo de 10 años, superando el crecimiento histórico promedio reciente, que rondó el 3,5% anual.
“Queremos desafiar ese crecimiento histórico y llevar a Paraguay a duplicar su economía en una década”, explica el viceministro. Para ello, se identificaron 27 productos en los que Paraguay tiene claras condiciones para competir y ganar en los mercados internacionales.
Estos productos se agrupan en cuatro grandes verticales estratégicas. La primera es alimentos, donde el país ya cuenta con ventajas en producción primaria y puede escalar en procesamiento y valor agregado. La segunda es la metalmecánica, vinculada tanto al agro como a la industria regional.
La tercera corresponde al sector forestal, con potencial para muebles, celulosa y derivados industriales. La cuarta, más disruptiva, está asociada a Power to X, inteligencia artificial y nuevas tecnologías, apalancadas en la disponibilidad de energía competitiva.
Según Riquelme, “estos son los principales rubros a los que estaríamos apuntando a futuro”, con la lógica de concentrar esfuerzos, atraer inversiones focalizadas y evitar una dispersión de políticas industriales.
En términos macroeconómicos, con un PIB que hoy ronda los US$ 45.000 millones, duplicar la economía implicaría llevarla hacia el entorno de los US$ 90.000 millones en una década, un salto que solo sería posible con mayor industrialización, productividad y exportaciones de mayor valor agregado.

Regímenes como la maquila, la ley 60/90 y las nuevas normativas para bienes de alta tecnología, actualizadas recientemente, forman parte del paquete con el que el país busca competir por capital productivo.
Riquelme remarca que estos instrumentos “se modernizaron el año pasado y sirvieron para aumentar el conocimiento y la comunicación de los regímenes a nivel internacional”, en un entorno regional cada vez más restrictivo en términos fiscales.
A esto se suma la necesidad de trabajar una agenda más ambiciosa dentro del Mercosur. Para el viceministro, hoy muchos inversionistas “hablan de Brasil, Argentina o Uruguay por separado”, lo que evidencia que la marca Mercosur aún no está bien posicionada. Avanzar hacia una visión de bloque permitiría, señala, que el mercado sea percibido como una unidad y no como países aislados con regímenes impositivos distintos.
Desde el sector privado, Francisco Martino, Presidente de la Unión Industrial Paraguaya (UIP) Joven, refuerza esta lectura al señalar que la región se está volviendo cada vez más compleja desde el punto de vista impositivo y regulatorio.
Martino señala que Paraguay se posiciona como una alternativa atractiva porque “se paga menos IVA, menos impuesto a la renta y no hay impuestos a las transacciones”, además de contar con procesos más simples y menos burocráticos. A esto se suman, destaca, “energía económica, ventajas fiscales y una calidad de vida que hace interesante trabajar con proyectos industriales”.

La logística aparece como otro frente clave. Persisten, señala Riquelme, percepciones erróneas sobre el costo logístico de Paraguay que terminan excluyéndolo de decisiones de inversión. “Muchos inversionistas asumen que Paraguay es caro logísticamente y ya no lo ven como alternativa”, explica.
De allí la idea de impulsar una marca Hidrovía Paraguay–Paraná, comparable a corredores fluviales globales como el Misisipi, que permita desmitificar esa percepción y reposicionar al país como un nodo competitivo de transporte y comercio.
La disponibilidad de energía abundante y a bajo costo es otro de los pilares del modelo. Tanto desde el sector público como desde el privado coinciden en que este recurso debe utilizarse estratégicamente para generar valor agregado y empleo.
Martino advierte que no todas las actividades son igualmente deseables y subraya que “hay industrias electro-intensivas – como la criptominería – que no generan mano de obra, y a largo plazo eso puede ser un problema”, por lo que la energía debe orientarse a proyectos que empleen personas y transformen materias primas.

En paralelo, el gobierno trabaja sobre tres ejes internos para sostener el salto industrial. El primero es la planificación territorial, con una nueva ley de parques industriales y una mayor coordinación con los municipios para delimitar zonas urbanas e industriales.
El segundo es el financiamiento: Paraguay, admite Riquelme, “hoy no está preparado para que las inversiones accedan a crédito de largo plazo y a tasas blandas”, lo que obliga a trabajar con el sistema bancario y con la banca pública para desarrollar alternativas.
El tercer eje es la capacitación laboral. “Tenemos que alinear la certificación y la capacitación laboral al servicio de las nuevas industrias que están viniendo”, señala Riquelme, con un rol activo del SNPP y de las universidades técnicas.
Asimismo, Martino coincide en que el capital humano será el principal cuello de botella y advierte que, al no existir aún una base de formación especializada, “van a ser las propias industrias las que tengan que formar a la gente”. El desafío, agrega, no será solo capacitar, sino también retener talento en un marco de mayor movilidad laboral.

La apuesta industrial responde a una lógica de crecimiento más profundo. Para Riquelme, “si no hay industria, no hay servicios ni logística”, y el país queda atrapado en la exportación de materias primas de bajo precio.
Transformar soja en proteína animal o maíz en alimentos procesados implica pasar de exportaciones de cientos de dólares por tonelada a productos de miles de dólares, con impacto directo en el ingreso de divisas y los salarios. “Exportando materia prima no se puede pagar el mismo salario que exportando productos terminados”, resume.
Por el otro lado, Martino subraya que la industrialización no compite con el agro ni con los servicios, sino que los complementa. “No es una elección entre industria, agro o servicios; tenemos que hacer todo en conjunto”, afirma. El agro produce materias primas, la industria las transforma y los servicios acompañan el proceso. Este modelo, además, es intensivo en mano de obra y puede absorber a miles de jóvenes que hoy se están formando.
Con una hoja de ruta que combina incentivos, logística, financiamiento y formación, Paraguay busca dar un salto industrial que le permita diversificar su economía y consolidarse como una plataforma productiva regional. El reto queda en ejecutar con velocidad y coherencia un modelo que transforme ventajas sistemáticas en desarrollo tangible de largo plazo.