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Macroeconomía

Paraguay puede alimentar a 100 millones de personas

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Archivo Forbes
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Con poco más de seis millones de habitantes, el país genera excedentes de granos, carnes y manufacturas y opera con una escala productiva muy superior a su consumo interno. La brecha explica por qué Paraguay se proyecta como proveedor de alimentos para decenas de millones de personas.

7 Febrero de 2026 07.00

Hugo Pastore, director de la Cámara Paraguaya de Exportadores y Comercializadores de Cereales y Oleaginosas (CAPECO), pone el marco desde el inicio. La idea de que Paraguay puede alimentar a unas 100 millones de personas, sostiene, no surge como una estimación técnica aislada ni como una consigna política vacía, sino que es, sin rodeos, “una realidad”.

En la lectura que hace el sector exportador, es una derivación lógica de la estructura productiva del país, una cifra que condensa —en términos comunicacionales— el desfasaje entre producción y consumo interno. 

Detrás del titular hay una lógica productiva concreta: una población pequeña y una capacidad agroindustrial que excede largamente su consumo interno. Más que un cálculo nutricional exacto, la cifra funciona como una lectura de escala productiva, habitual en el análisis sectorial.

Pastore lo explica desde el punto de partida demográfico. Paraguay, recuerda, “según el último censo somos poco más de seis millones”, un mercado interno reducido frente a una estructura productiva que “sobrepasa ampliamente lo que es nuestro consumo interno”. Esa combinación, señala, define de manera casi automática el perfil del país: “nosotros tenemos claramente como país una vocación de ser un país exportador”. No se trata de una aspiración de política pública, sino de una consecuencia directa de escala.

Para dimensionar lo que implica, una referencia útil es la estimación de necesidades calóricas: una persona requiere aproximadamente entre 2.000 y 2.500 kcal por día para mantener una dieta básica saludable, lo que equivale a entre 730.000 y 912.500 kcal por año, según estándares de nutrición de organismos internacionales como la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura o la Organización Mundial de la Salud. 

Basado en datos de producción agrícola, Paraguay genera decenas de millones de toneladas de productos básicos como soja y maíz cada año. Por ejemplo, solo 10 millones de toneladas de soja equivaldrían, en términos brutos de energía alimentaria, a decenas de millones de personas durante un año, si se transformara completamente en alimento humano.

Hugo Pastore, director ejecutivo de la Cámara Paraguaya de Exportadores y Comercializadores de Cereales y Oleaginosas (Capeco)
Hugo Pastore, Director de la Cámara Paraguaya de Exportadores y Comercializadores de Cereales y Oleaginosas (CAPECO)

Metas productivas y un giro hacia la agroindustria

Cuando el análisis se proyecta hacia adelante, las cifras refuerzan la lectura. Desde el sector agrícola, la meta es clara: llegar en los próximos años a producir alrededor de 15 millones de toneladas de soja y unas 10 millones de toneladas de maíz. 

El punto de inflexión, sin embargo, está en la industria. Según Pastore, para 2026 las manufacturas de origen agropecuario prácticamente igualan a las exportaciones de productos primarios sin transformación. “Lo industrial está equiparado a lo que es sin transformación”, resume.

Pastore aclara que el desafío es seguir creciendo en valores absolutos, incluso si la participación del agro en el total de la economía puede reducirse en términos porcentuales a medida que otros sectores avanzan. El objetivo es que “en valores absolutos siempre siga creciendo”.

El primer pilar es la tecnología. “Tenemos que ser eficientes, tenemos que poder producir más por unidad de superficie”, sostiene, y para eso resulta clave la extensión agrícola, es decir, la transmisión efectiva del conocimiento para que el productor pueda adoptar nuevas tecnologías.

El segundo eje es la logística y la infraestructura. Caminos de todo tiempo que permitan mover animales y granos sin fricciones y, especialmente, energía. No cualquier energía, sino “energía de calidad”, sin cortes ni interrupciones. Para proyectos industriales la previsibilidad eléctrica es, en palabras de Pastore, una condición básica para invertir.

El ultimo factor es el acceso a los mercados. Abrir destinos y diversificar compradores implica un trabajo sanitario constante, tanto vegetal como animal, y una diplomacia económica activa. “Tenemos que tener acceso a la mayor cantidad posible de mercados para poder tener la mejor opción de venta”, resume.

A todo esto se suma un componente intangible, pero decisivo: la reputación. Pastore insiste en que “en Paraguay se hacen bien las cosas”, pero reconoce que falta mostrarlo mejor. La calidad de los productos y el fortalecimiento de la institucionalidad pública vinculada al sector forman parte de la competitividad.

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