Más allá de la soja y la carne: los productos “raros” que ya mueven millones en las exportaciones paraguayas
Durante años, hablar de exportaciones paraguayas fue casi sinónimo de soja, carne y energía. Pero por debajo de esos gigantes silenciosos, empieza a tomar forma otra historia: la de los productos no tradicionales que, sin hacer ruido, ya están moviendo cifras que hace una década parecían impensadas para una economía industrial todavía en construcción.
El dato condice con lo que se vió el año anterior dado que, solo en 2025, los cables y conductores aislados para electricidad se convirtieron en el principal producto no tradicional exportado por Paraguay, con US$ 405,6 millones, según los datos proveídos por la Red de Inversiones y Exportaciones del Ministerio de Industria y Comercio (MIC).
Detrás de ese número hay algo más que metal y plástico, dado que deja entrever inversión industrial, integración a cadenas regionales y una señal clara de que el país empieza a ganar terreno en manufacturas con mayor valor agregado.
El segundo gran bloque lo conforman los insumos químicos y farmacéuticos, donde las exportaciones de insecticidas y plaguicidas alcanzaron US$ 104,5 millones, mientras que los medicamentos listos para la venta minorista sumaron US$ 83,7 millones.
A esto se agregan US$ 80,4 millones en alcohol etílico de alta graduación, un insumo clave para la industria y el sector sanitario. La presencia de estos rubros muestra un tejido productivo que ya no solo vende materias primas, sino también insumos elaborados para otros mercados.
Otro grupo que crece con fuerza es el de las manufacturas metálicas y el reciclaje industrial, donde el país logró exportar por US$ 78,4 millones en desperdicios y desechos de aluminio y US$ 51,9 millones en chatarra de cobre, a lo que se suman US$ 62,1 millones en otras manufacturas de aluminio y US$ 22,9 millones en depósitos y recipientes de aluminio. Incluso productos pequeños pero estratégicos como tapones y tapas de metal común generaron US$ 64,1 millones.

La diversificación también se cuela en sectores más livianos, pero igualmente dinámicos. Es ahí donde vemos que Paraguay exportó US$ 45,2 millones en artículos plásticos para transporte y envasado, US$ 59,6 millones en papeles y cartones sin estucar y US$ 34,4 millones en biodiésel, un rubro que conecta al país con la transición energética.
Incluso el sector textil y de confecciones aparece en el mapa, con US$ 41 millones en ropa de cama, US$ 37,4 millones en mantas, US$ 37,3 millones en prendas femeninas no de punto y US$ 29,1 millones en medias y calcetines.
La lista sigue sumando rubros que hace no mucho eran marginales en la estadística exportadora: US$ 56 millones en leche concentrada o edulcorada, US$ 26,9 millones en madera contrachapada, US$ 22,6 millones en almidones y féculas, US$ 21,6 millones en gelatinas y colas de origen animal y US$ 21,3 millones en ferroaleaciones. Incluso productos primarios con procesamiento, como las bananas o plátanos, aportaron US$ 26,1 millones.

Ninguno de estos rubros, por sí solo, reemplaza a la soja o a la carne, sin embargo, juntos cuentan otra historia: la de un Paraguay que empieza a tejer una base exportadora más amplia, con industria, transformación y mayor complejidad productiva.
Son señales todavía dispersas, pero todas apuntan en la misma dirección: el país ya no solo exporta lo que sale de la tierra, sino cada vez más lo que sale de sus fábricas.