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Poética de la pausa: Enrique Collar describe su universo en la muestra "Todo el tiempo del mundo"

17 Abril de 2026 09.26

Belén Cuevas Trinidad Editora de Forbes Women Paraguay

Enrique Collar en su estudio. Fuente: Gentileza del artista.
Fuente: Gentileza del artista.
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Del 28 al 30 de abril, las obras del artista multidisciplinario Enrique Collar llenarán las salas de Casa Ardissone, bajo la curaduría de Fernando Moure en la exposición "Todo el tiempo del mundo". En una nueva edición del Sun & Art de Forbes Paraguay, el artista oriundo de Itauguá y residente en Rotterdam invita a poner pausa a la vorágine de lo instantáneo.

A finales de este mes de abril, Enrique volverá a encontrarse con su tierra natal, Paraguay, para vivir la exposición Todo el tiempo del mundo, en una nueva edición del Sun & Art de Forbes Paraguay. En este encuentro, de la mano del artista, tendremos la oportunidad de recorrer varias etapas de su obra. El encargado de guiarnos a través de estos ciclos es Fernando Moure, curador de larga trayectoria que conoce profundamente los vehículos expresivos que utiliza Collar, a partir de las obras que forman parte de la colección Poletti Pappalardo.

Desde la pintura, el cine, el grabado e, incluso, la escritura, la historia de este artista multidisciplinario está atravesada por un hormigueo de curiosidad. Detrás de su semblante sereno y la calma de sus lienzos, el deseo de conocer lo mueve siempre hacia el dinámico universo de la creación. 

Por eso, toda su línea de trabajo —desde su nacimiento en Itauguá en 1964 hasta las obras que hoy se encuentran en proceso— nos propone la paradoja de alguien que convive con nuevas ideas constantemente, pero que consigue transmitir una calma fuera de serie.

"El autohipnotizado", óleo sobre tela 100 x 160 cm, 1992. Fuente: Gentileza de Enrique Collar.
"El autohipnotizado", óleo sobre tela 100 x 160 cm, 1992. Fuente: Gentileza de Enrique Collar.

Con un curioso juego de palabras, Enrique esboza su concepto en estos términos: “En tiempos donde el tiempo se mide en velocidad, el arte respira en otro ritmo: el de lo atemporal. Por eso me tomo todo el tiempo del mundo. Porque cada pintura no registra un instante, sino que contiene el tiempo vivido. En cada obra late mi tiempo real”.

¿Qué es “el tiempo real” para Enrique? Su obra es un registro vivo que trasciende los relojes o, según sus propias palabras: “Es el tiempo vivido, sedimentado en la materia.” La muestra está sujeta a diversas etapas que no se deben percibir como núcleos cerrados, sino como partes de un conjunto. 

Al analizar varias décadas, desde el 89 hasta el tiempo presente, el artista y el curador de la muestra conciben un proceso collar. “Cada pintura es una cuenta, y juntas forman una cadena donde el sentido emerge en la relación entre las partes. No hay una obra aislada que explique el todo; es en la continuidad —en la variación— donde la pintura encuentra su profundidad”, se describe.

Enrique Collar en su estudio. Fuente: Gentileza del artista.
Enrique Collar en su estudio. Fuente: Gentileza del artista.

En primera persona

Cuando le toca presentarse, elige hacerlo como pintor, un artista plástico que también hace cine. “Si tengo que describirme, diría que soy un apasionado del arte y de la vida, un entusiasta del conocimiento y de los lenguajes artísticos, que me ayudan a crecer como persona. Me gusta mucho estar con mi familia y extraño a los amigos que viven lejos”, confiesa. 

Al buscar en su memoria, no encuentra un momento específico donde haya decidido dedicarse al arte. Al contrario, algunos bocetos de su futuro ya se expresaban en los dibujos que hacía en su cuaderno escolar. “Ya para los diez años quise ser historietista y estudiaba por correo. Luego llegó la imprenta, donde comencé a trabajar de adolescente. Es decir, desde lo gráfico fui acercándome a las Bellas Artes”, relata.

“Si tengo que describirme, diría que soy un apasionado del arte y de la vida, un entusiasta del conocimiento y de los lenguajes artísticos, que me ayudan a crecer como persona. Me gusta mucho estar con mi familia y extraño a los amigos que viven lejos”

Para construir su camino, dejó su natal Itauguá —histórica ciudad de artesanos y artistas— con dirección a Buenos Aires, donde estudiaría en la Escuela Nacional de Bellas Artes Manuel Belgrano. Enrique cuenta que estudió cuatro años dibujo publicitario y trabajó como dibujante freelance durante ese mismo periodo.

“Luego cursé otros cuatro años en Bellas Artes, con talleres de dibujo, pintura, escultura y grabado. Las clases de composición y análisis de obra fueron mis favoritas. Dibujaba con modelo vivo en las clases de anatomía, pero luego, en mi atelier, experimentaba con técnicas y abstracciones”, narra.

Gloria de mi Edén. Óleo sobre lino, 130 x 200 cm, 2022. Fuente: Gentileza de Enrique Collar.
Gloria de mi Edén. Óleo sobre lino, 130 x 200 cm, 2022. Fuente: Gentileza de Enrique Collar.

Al terminar su formación, se dedicó a la búsqueda de su propia imagen, una manera íntima y personal de entender el espacio desde su perspectiva. “Entonces volví a mis primeros años en Itauguá Guazú, a esa primera memoria sensitiva y visual. Esta primera etapa paraguaya, que abarca de 1989 a 2003, tuvo tres momentos de cambio estético”, puntualiza.

Las obras que componen la muestra Todo el tiempo del mundo precisamente fueron elaboradas durante este período. “El comienzo partió del lenguaje del color plano, con carga de materia y textura dentro de una estética primitiva, donde las figuras humanas también eran tratadas de manera plana”, señala.

Un punto clave en su estilo pictórico llegó tras su primer viaje a Estados Unidos, en 1994, cuando participó de la muestra Other Sensibilities organizada en Washington D.C por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID). “Viajé a Nueva York y me encontré con una exposición de Lucian Freud. A partir de allí y vuelto al Paraguay, la piel y la anatomía se volvieron más realistas, y mi paleta ganó profundidad y volumen, Freud me había emocionado marcado nuevos aportes”, apunta.

Durante su narración, el artista agrega: “Más adelante, la fotografía y el cine comenzaron a fltrarse en mi pintura: empecé a trabajar con secuencias, a expandir la imagen y a montar varias escenas en un mismo cuadro. Esta etapa culmina con el uso de superposiciones y transparencias. El cine ya me interpelaba, y esta experiencia pictórica fue fundamental para dar el paso hacia la escritura y la realización cinematográfica”.

Cuando hablamos de creatividad o inspiración, Enrique se detiene a pensar en que su gran motor es mantenerse conectado consigo mismo. Esta, en parte, es la invitación que extiende con la exhibición Todo el tiempo del mundo. “Vivimos en una época donde la distracción es constante y fascinante a la vez, pero es necesario desconectarse, sobre todo los jóvenes, que ya nacieron inmersos en la era digital”, analiza.

Una vez que se consigue mirar al interior y hacer caso omiso a los estímulos exteriores, el artista también menciona la formación como un recurso fundamental que abre caminos y despierta ideas. “Con todo esto, la creatividad aparece improvisando, equivocándose, obteniendo resultados que muchas veces incluso escapan a la propia comprensión, pero a los que hay que permitirse llegar”, finaliza.
 


 

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