Las salas del cine nacional celebran la llegada de Narciso, la nueva película de Marcelo Martinessi
Belén Cuevas Trinidad Editora de Forbes Women Paraguay
Belén Cuevas Trinidad Editora de Forbes Women Paraguay
En las solitarias calles asuncenas, el murmullo de un nuevo estilo musical se encarga de reavivar los ánimos. El rock and roll llega a la radio más importante del país con la figura de Narciso Arévalos, el Elvis Presley paraguayo, un locutor de origen campesino que llegó a la capital para sintonizar toda la atención de la gente.

A lo largo de Narciso, que se estrena este 9 de abril en cartelera, la figura del protagonista es una presencia magnética e imposible de ignorar. Tras los movimientos cautivadores de este locutor se encuentra el trabajo actoral de Diro Romero, un intérprete reconocido en la escena teatral paraguaya.

Narciso es el nuevo trabajo cinematográfico de Marcelo Martinessi y la sucesora del éxito de Las herederas (2018). Con ambas películas, el cineasta consiguió que nuestro país fuera ovacionado en el Festival Internacional de Cine de Berlín.
La película contó con la dirección artística de Carlo Spatuzza, producción de Sebastián Peña y Belén Vierci, quien también forma parte del elenco. En el cast, también se destacan Margarita Irún, Natalia Cálcena, Arturo Fleitas, Manuel Cuenca, Macarena Candia, Mona Martínez y Nahuel Pérez Biscayart, entre otros.

La película está basada libremente en un libro de Guido Rodríguez Alcalá que llegó a manos de Martinessi en 2019. “Entre esa intuición primera de que la novela de Guido podía tener una adaptación cinematográfica y el rodaje propiamente dicho, pasaron cinco años. Después de Las herederas (2018), teníamos un cheque en blanco para experimentar con la forma de esta nueva cinta”, relata el cineasta.
Uno de los principales pilares de la película fue, en definitiva, el radioteatro. A través de él, Narciso nos transporta verdaderamente a una radio tradicional de los años 50 y, gracias al bien logrado trabajo vocal de los actores, consigue que empaticemos aún más con lo que vemos en pantalla.
Aunque el ambiente de tensión es la constante a lo largo de la película, la actriz y productora Belén Vierci cuenta que el rodaje era todo lo contrario: un entorno cómodo. “Empezábamos a las 18.00 h y duraban toda la noche. Era muy lindo el rodaje porque era de noche, en una Asunción callada y tranquila que me llevaba a la concentración y la calma”, afirma.

El radioteatro se desarrolla como una obra dentro de otra historia más amplia, donde Arturo Fleitas, Marisa Cubero, Belén Vierci, Natalia Cálcena y Alberto Sánchez relatan el encuentro entre Jonathan Harker y Drácula. El matiz de las voces funciona como un telón de fondo que narra, con su expresividad, el sonido ensordecedor de la censura que reinaba en la época.
“Todo surgió en un ensayo, nada de eso estaba planeado y, en este sentido, es importante destacar los efectos de la voz de Marisa. Un día, ella los hizo durante un ensayo y a Marcelo le encantó el sonido porque era poético mostrar la tensión que respiraban nuestros personajes. La construcción de ese momento fue un proceso creativo impresionante”, relata Belén.
Para Marcelo Martinessi, Narciso no es solo una pieza cinematográfica, sino el resultado de un experimento gestado en las madrugadas asuncenas donde las luces y sombras constituyen decisiones creativas. "A diferencia de la estructura controlada e íntima que caracterizó a Las herederas, Narciso es el descontrol", expresa.

Según Martinessi, el hecho de que Paraguay no pertenezca a una industria cinematográfica predecible le permite al cine nacional explorar recovecos estéticos que en otros mercados ya están clausurados. "Ser parte de ese ritmo del cine comercial sería perdernos la oportunidad que tenemos de ser muy únicos, de tener otra relación con el tiempo y con la idea del cine", reflexiona el director.
Martinessi destaca que, para que el uso del guaraní se sienta fluido y tradicionalmente paraguayo, fue vital la colaboración con el actor Aníbal Ortiz, quien se encargó de que los diálogos suenen tal como lo harían en las calles. Para el cineasta, es crucial vernos representados en el cine y comenzar a construir una narrativa desde nuestra propia perspectiva como sociedad, con nuestros paisajes, ideas e idioma.
“Siento que las audiencias internacionales, que no conocen el guaraní, se pierden de algún matiz pero, por otro lado, en Paraguay ganamos el doble. Yo creo que el mejor regalo que podemos tener con una película paraguaya es que atraviese a las personas y pueda generar diálogos, nuevas reflexiones acerca de quiénes somos, quiénes fuimos, a dónde queremos ir. El cine no cambia coyunturas políticas, pero puede transformar personas y esas personas son las que tienen que transformar su futuro”, finaliza.