El arte guaraní encuentra su lienzo: artistas locales no tienen nada que envidiar al mundo
Fabrizio Meza Periodista
Fabrizio Meza Periodista
Un hombre entra a una galería, se detiene frente a un cuadro y lo mira en silencio durante varios minutos. No pregunta el precio. No pregunta la técnica. Solo quiere saber una cosa: qué significa esa obra.
Para Federico Cortázar, Gerente de la galería Arte Actual, esa escena se repite cada vez más en Paraguay y refleja un cambio en la forma en que los paraguayos se relacionan con el arte.
“Las personas hoy entran más a la galería, antes no entraban”, resumió. Ya no buscan solo llenar un espacio vacío en la pared. Buscan algo que los represente, que les transmita paz o que los haga recordar quiénes son.
Ese cambio de mentalidad, sostiene, marca el inicio de una nueva etapa para el arte paraguayo.

Cortázar afirmó que el panorama del arte en Paraguay se transformó de manera visible en los últimos 15 años. Hoy hay más público, más interés y un perfil distinto de comprador que son personas jóvenes que no solo consumen arte decorativo, sino que empiezan a verlo como parte de su patrimonio cultural e inversión.
Según explicó, muchos clientes ya comprenden que una obra no es solo un objeto estético, sino un activo que puede mantener o aumentar su valor con el tiempo. En su experiencia, las obras suben en promedio un 5% anual, y cuando se combina oferta y demanda, el incremento puede ser mucho mayor.
“Lo peor que te puede pasar es vender la obra al mismo precio que compraste”, mencionó desde la perspectiva financiera. Pero recalcó que al mismo tiempo el ojo del público hoy valora en mayor escala la obra y su significado.
También mencionó cómo algunos artistas contemporáneos ya muestran una evolución sostenida de precios, impulsada por la escasez de obra y el aumento del interés de coleccionistas.
Desde su mirada, comprar arte hoy en Paraguay implica entrar temprano en un mercado que todavía tiene mucho margen de crecimiento.

La proyección internacional, según Cortázar, ya empezó a tomar forma y contó que expuso en Argentina con el artista Fidel Fernández y que coleccionistas de ese país compraron obras y siguen consultando por su producción.
También dijo que recibió invitaciones para participar en muestras en Miami y España, además del interés de compradores de otros países.
Clientes paraguayos que visitaron ferias de arte internacionales, agregó, le transmitieron una percepción contundente: el nivel de los artistas paraguayos no es inferior al del resto del mundo.
“El artista paraguayo no tiene nada que envidiar al de otros países”, afirmó.
Para él, el desafío no es el talento, sino la promoción, la representación profesional y la inversión sostenida para posicionar artistas fuera del país.

En su recorrido por el arte paraguayo, Cortázar destacó figuras históricas como Carlos Colombino, Enrique Careaga y Koki Ruiz, a quienes considera pilares de la identidad artística nacional.
De Koki Ruiz subrayó no solo su obra, sino su impacto cultural y económico, especialmente a través del Tañarandy, que cada año moviliza a toda una ciudad y genera actividad económica en San Ignacio.
Pero su gran apuesta contemporánea es Fidel Fernández, un artista joven que produce pocas obras al año, no repite piezas y construye una fuerte narrativa social en su trabajo. Según el Gerente, ese control de la producción, sumado al interés creciente del mercado, explica por qué sus precios ya superan los de otros artistas paraguayos vivos.

Paraguay todavía no tiene un artista vivo valuado en más de un millón de dólares, algo que sí ocurre en otros países de la región.
“Paraguay es el único país de Latinoamérica que no tiene un artista vivo valuado en más de un millón de dólares”, expresó.
Para él, esa no es solo una carencia simbólica, sino una oportunidad histórica. Su objetivo como galerista es contribuir a que un artista paraguayo alcance ese nivel de valuación, como señal de madurez del mercado local.

Más allá de los precios y la inversión, Cortázar describe un rasgo cultural que considera central: la forma en que la gente elige una obra.
Dice que la mayoría de los clientes no pregunta primero por la técnica ni por el valor económico, sino por la historia del cuadro y lo que el artista quiso transmitir. A partir de ahí, cada persona interpreta la obra desde su propia experiencia.
“La primera obra tiene que enamorar a primera vista”, dijo.
Ese componente emocional, afirma, es lo que termina definiendo una compra, incluso por encima del tamaño, el color o el estilo.

Para Federico Cortázar, el arte paraguayo está todavía en una etapa temprana de desarrollo, pero ya muestra señales claras de consolidación que son la sumatoria de más público, nuevos coleccionistas, interés internacional y artistas con proyección real.
Y sostuvo que el próximo gran salto dependerá de tres factores: mejor promoción, representantes profesionales que inviertan en artistas y un cambio cultural que lleve a valorar más el precio de la obra y la trayectoria de quien la crea.
Desde su perspectiva, el camino ya está trazado en el lienzo. Falta tiempo, constancia y decisión para que el arte paraguayo termine de ocupar el lugar que, según él, ya se ganó por mérito propio.