Del barro al podio: la artesanía paraguaya que se convirtió en trofeo del WRC
Fabrizio Meza Periodista
Fabrizio Meza Periodista
Inspirado en el kambuchi, una vasija tradicional de cerámica utilizada históricamente para almacenar agua, nació el trofeo oficial para lo que fue el WRC ueno Rally del Paraguay, que se llevó a cabo por primera vez en el Paraguay 2025.
La propuesta fue impulsada por el Instituto Paraguayo de Artesanía (IPA), bajo la presidencia de Andrea Vázquez, quién tuvo como objetivo transmitir la hospitalidad, la esencia cultural y los oficios más nobles de Paraguay, todos ellos ligados a la tierra.
"Se buscaron opciones que puedan representar muy bien la cultura e historia de Paraguay, trasmitiendo nuestra esencia de hospitalidad y los oficios más nobles, ligados a la tierra", explicó.
Los primeros bocetos fueron generados con inteligencia artificial, imaginando cómo se vería una pieza con esas características. Posteriormente, se eligió trabajar con una artesana que conserva intactas las tradiciones alfareras.

El trofeo toma como base el kambuchi, el cántaro que usaban las abuelas paraguayas para conservar el agua en todo el territorio.
"El cántaro que se usa para conservar el agua, usado por nuestras abuelas en todo el territorio Paraguayo, siempre se hizo en Tobatí, también en otras comunidades como Itá, pero Tobatí fue cuna de artesanas creadoras de cántaros y cantarillas; por eso la elección de territorio", destacó Vázquez.
Más allá de su función práctica, el kambuchi simboliza hospitalidad, abundancia y el cuidado de lo sagrado.

Cada trofeo fue elaborado a mano por Sandra Ortega, artesana y guardiana de un saber milenario. Desde su taller en el barrio San Rafael de la compañía 21 de Julio, en Tobatí (Cordillera), trabajó junto con su familia en todo el proceso: la extracción del ñai'ũ en la cantera local, el traslado, la preparación de la materia prima, el moldeado paciente de cada pieza, el secado y la cocción en el tradicional horno tatakua.
Todo el trabajo se realizó respetando los tiempos de la naturaleza y los secretos que solo las verdaderas maestras del barro conocen.
Para complementar la belleza de la pieza, el reconocido artista Félix Toranzos intervino los trofeos, dándoles una mirada distinta, cargada de color e impulso creativo. Cada pieza, por tanto, se convierte en un objeto único, en el que tradición y modernidad dialogan en armonía.

Más que un trofeo, cada kambuchi representa un símbolo de conexión cultural arraigada en las raíces indígenas de Paraguay, reflejando una conexión con la tierra, la naturaleza y con el ritmo de vida cotidiano.
"Cada pieza alfarera encierra historias, silencios y el latido de un pueblo que encuentra lo esencial en lo simple", concluyó la Presidenta del IPA.
