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Paraguay a la vanguardia del tratamiento odontológico regional

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Paraguay ya resuelve cerca del 90% de los tratamientos odontológicos con estándares comparables a mercados desarrollados.

20 Enero de 2026 10.30

Lo que durante décadas fue una práctica centrada casi exclusivamente en la técnica clínica hoy se consolida como una actividad intensiva en inversión, gestión y adopción tecnológica. En Paraguay, el proceso se acelera por cambios en los hábitos de vida y una creciente profesionalización del sector. 

Desde esa intersección, el Dr. Manuel Otazú, especialista en Rehabilitación Oral y Estética, ofrece una lectura que trasciende el consultorio y pone el foco en la viabilidad del negocio. 

Durante años, ciertos tratamientos odontológicos complejos obligaban a los pacientes a buscar soluciones en el exterior. Esa realidad cambió de manera sustancial. Otazú afirma que hoy Paraguay puede resolver cerca del 90% de los problemas odontológicos con estándares equiparables a los de mercados desarrollados, quedando solo procedimientos muy específicos fuera del alcance local.

La clave, explica, estuvo en una adopción tecnológica estratégica. “No conviene ser ni el primero ni el último”, señala, en referencia a la incorporación de nuevas herramientas. Adelantarse demasiado puede implicar inversiones inmaduras; llegar tarde, perder competitividad.

Manuel Otazú
Dr. Manuel Otazú

El dentista como empresa

Uno de los déficits más relevantes del sector, según Otazú, no es clínico sino formativo. La carrera odontológica prepara excelentes técnicos, pero deja al profesional solo frente a la gestión. “El dentista es una empresa y nadie le enseña a manejarla”, afirma, marcando una brecha que impacta directamente en la rentabilidad.

Cada hora de sillón, cada insumo y cada procedimiento tiene un costo concreto. No comprender esa ecuación lleva a un escenario frecuente: jornadas extensas con resultados económicos limitados. 

La ausencia de nociones básicas de costos, precios y amortización restringe la capacidad de reinversión, un factor crítico en un rubro donde la tecnología define competitividad.

Precisión sin reemplazo

La inteligencia artificial ya es parte del trabajo cotidiano. Los sistemas actuales permiten detectar patologías con niveles de exactitud cercanos al 99%, reduciendo errores diagnósticos y mejorando la comunicación con el paciente, que recibe informes claros y visuales sobre su estado bucal.

Sin embargo, Otazú es enfático en marcar el límite: “la inteligencia artificial no hace arte”. La rehabilitación oral y la estética dental siguen dependiendo del criterio humano, de la mano del odontólogo y del trabajo conjunto con el técnico dental. La tecnología mejora la eficiencia y precisión, pero no reemplaza la sensibilidad profesional ni la experiencia acumulada.

Manuel Otazú
Nueve de cada diez tratamientos odontológicos ya se resuelven localmente 

El estrés como nuevo factor de demanda

Si hay una patología que sintetiza los cambios de época, es el bruxismo. Otazú lo define como el trastorno bucal del siglo XXI, directamente asociado al estrés crónico y al ritmo de vida actual. El fenómeno ya no se concentra en adultos mayores: “vemos pacientes de 22 o 23 años con desgastes que antes aparecían mucho más tarde”.

Donde antes predominaba la caries, hoy se observan desgastes, dolores articulares y cefaleas. La alimentación moderna, rica en azúcar y ultraprocesados, actúa como factor agravante. El bruxismo no se cura, pero se controla, explica, mediante un enfoque multidisciplinario que incluye placas, rehabilitación, fisioterapia y, sobre todo, conciencia del hábito.

La sustentabilidad del tratamiento

No obstante, el crecimiento de la odontología estética introduce el riesgo del sobretratamiento. Para Otazú, la salud no funciona como un producto de consumo inmediato. Indicar procedimientos innecesarios compromete la estructura dental futura y erosiona la confianza del paciente.

Su enfoque prioriza la intervención mínima y la explicación clara. “No toda mancha oscura es caries y no toda caries hay que tocarla”, resume, desmitificando prácticas extendidas. Incluso el blanqueamiento, bien indicado, no daña el esmalte, sostiene, reforzando la importancia del criterio profesional frente a la demanda estética.

En efecto, la odontología avanza hacia un modelo donde la excelencia clínica convive con decisiones financieras y administrativas. El consultorio moderno exige visión estratégica además de una sólida ética profesional; su valor ya no está solo en el sillón, sino en cómo se administra y se innova.

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