Almadre: una propuesta que redefine la gastronomía con alma y sofisticación
Fabrizio Meza Periodista
Fabrizio Meza Periodista
Andrea Mora presentó una nueva etapa en su propuesta gastronómica, donde la sensibilidad, la sofisticación y la calidez se combinan en cada plato.
Después de seis años de trayectoria bajo el nombre Madre, Propietaria Andrea Mora da un paso adelante con la creación de Almadre, una evolución que refleja madurez, crecimiento personal y una visión más profunda de la gastronomía como experiencia sensorial y humana.
"Madre tuvo eso, pero hoy evoluciona a Almadre como una multiplicación de todo lo bueno. Es como clavar la bandera de los eventos más sofisticados, más exigentes y más premium", explicó.
Mora definió la cocina como una extensión de su propia esencia. Desde los inicios, Madre se caracterizó por un enfoque artesanal, basado en el cuidado y el respeto por cada ingrediente. Con esta evolución, afirma su compromiso con la calidad y la autenticidad.
El cambio de nombre no implica una ruptura, sino una continuidad elevada: Almadre nace de la unión entre "alma" y "madre", una fusión que simboliza la energía, el origen y la pasión detrás de cada preparación.
"El nombre nace en un viaje que hice, al darme cuenta del alma que dejo en cada plato", contó. "Detrás de una empresa hay una persona que también evoluciona, y eso se refleja en Almadre".

El concepto de Almadre va más allá de lo culinario. Mora busca que, sin importar la magnitud del evento, cada persona sienta que el plato fue preparado exclusivamente para ella.
"Mi compromiso es que, entre toda la multitud, mi plato sea único; que fue hecho para mí y que todas esas 400 personas piensen lo mismo", expresó.
Su filosofía se sostiene en la creencia de que la comida es una obra de arte completa que involucra todos los sentidos, transmite emociones y despierta recuerdos. Desde el pan hecho con masa madre hasta los platos de alta gastronomía, cada elemento tiene un propósito.
"La comida pasa por todos los sentidos, incluso por la energía. La vajilla, el color, la textura: todo comunica", agregó.
El camino, dijo, comenzó de manera inesperada. Dejó una carrera en una multinacional para cocinar por pasión, sin imaginar que esa decisión marcaría el inicio de una marca reconocida por su calidez y exigencia.
Madre nació "accidentalmente", cocinando para un evento que le solicitó una persona allegada. Luego, gracias al boca en boca y la satisfacción de sus clientes, creció.
Con la consolidación de Almadre, Mora apuesta por una estructura más sólida y profesional. Explicó que cuenta con ocho colaboradores fijos y equipos que pueden alcanzar hasta cincuenta personas en eventos de gran escala.

"Detrás de un evento hay demasiados humanos haciendo sincronía, y eso es muy mágico", sostuvo.
Dos experiencias marcaron especialmente su carrera: una boda de 300 personas en la que la novia paraguaya, residente en España, le pidió mostrar la esencia de su país, y el servicio a la comitiva del presidente español.
Ambas situaciones pusieron a prueba su temple, su capacidad de organización y su compromiso con la excelencia.
"Así sea que me pidas un unicornio rosado, yo te lo tengo que fabricar sin que el cliente se dé cuenta", dijo, y reconoció que "ahí entra la templanza: que todo parezca fácil del otro lado, aunque detrás haya una gran presión".

La innovación en Almadre no se limita al menú, sino que atraviesa una experiencia que va desde la logística hasta los gestos humanos.
"Innovar no es solo crear un plato distinto, sino encontrar formas nuevas de acompañar, de dar calma y generar experiencias inolvidables", explicó Mora.
Hoy, lo que los eventos premium buscan, dijo, es poder comer parado, de manera distendida, pero que el sabor siga siendo característico.
Almadre se proyecta hacia 2026 con una propuesta que une sofisticación y humanidad. "Para mí, Almadre es alma", definió finalmente. "Es eso de adentro que no se puede explicar, lo que une ingredientes, personas y emociones en un mismo plato".