David Morrow baja de una camioneta estacionada frente a las amplias instalaciones de Lume, de 20.903 metros cuadrados, en Evart, Michigan. Después, ingresa a la cabina de aire, un pasillo angosto que libera aire purificado para eliminar cualquier plaga, moho o virus que pueda quedar presente en el cabello, la piel o la ropa.
"Esto elimina a cualquier intruso", advierte Morrow, al explicar que su empresa de cannabis, creada hace siete años, nunca perdió una cosecha gracias a sus medidas de bioseguridad, casi obsesivas para proteger cada cultivo de amenazas. "Un pequeño detalle podría arruinar una cosecha", advierte. Ya dentro de las instalaciones, se lava las manos, se coloca un barbijo y una cofia, y abre la puerta de la sala de cultivo 10. Ahí hay unas 900 plantas de marihuana premium, de cerca de un metro de altura, con cogollos grandes y compactos que avanzan hacia las luces LED.
"Cada vez que vengo acá es como tener una experiencia extracorpórea", dice Morrow, de 55 años, quien cofundó Lume en 2019 con los hermanos Robert y Donald Barnes, magnates de Belle Tire. "No puedo creer que tengamos una fábrica de marihuana", admite.
Con 20 salas de cultivo y 26.000 plantas por semana, las enormes instalaciones de Lume producen cerca de 227 kilos de cannabis premium cada siete días. Con 114 cosechas anuales, la cifra equivale a unas 30 toneladas cada 12 meses, que se envasan como flores, se preparan en cigarrillos de marihuana o se convierten en comestibles, vaporizadores y bebidas con THC antes de venderse en sus 40 dispensarios propios, ubicados en distintos puntos de todo Michigan.
Toda esa producción generó US$ 190 millones en ingresos durante 2025 y alcanzó un margen del 42%, una cifra llamativa porque Michigan registra los precios mayoristas y minoristas de marihuana más bajos del país, compite con un mercado ilegal y afronta una elevada tasa impositiva mayorista del 24%, que entró en vigor el año pasado.
"Los nuevos impuestos nos dieron un buen golpe", señala Doug Hellyar, presidente de Lume. "Nos costaron 10 millones de dólares el año pasado", precisa.
A diferencia de otras compañías de cannabis que aceleraron su expansión por varios estados, Lume, en cambio, tuvo gran éxito al concentrar toda su operación comercial en Michigan, al que Morrow llama el "Valle de Napa del cannabis". El empresario, cauteloso, prefiere esperar, como un "depredador paciente", hasta que sea legal enviar sus productos a todo el país.
"No creo que la marihuana vaya a ser el único producto de consumo envasado en la historia de Estados Unidos que no se venda entre estados", dice Morrow en la sala de secado, donde 900 plantas cuelgan boca abajo de estructuras fijadas al techo. "Una vez que podamos cruzar fronteras y vender en otros estados, estaremos degollando gente. No están preparados para la guerra", advierte.
Ese espíritu competitivo llevó a Morrow a convertirse en uno de los mejores jugadores de lacrosse del país. A comienzos de los años 90, en Princeton, fue elegido All-American tres veces y ayudó a la universidad a conquistar su primer campeonato de la NCAA en 1992, el mismo año en que fundó Warrior Sports en su habitación de la residencia universitaria. Warrior fue pionera en el uso de mangos de titanio para palos de lacrosse, y Morrow trasladó esa misma vocación innovadora a Lume.
La empresa dominó el mercado de Michigan gracias a sus bajos costos de producción y a su planta avanzada de Evart. Cada unidad le cuesta a Lume cerca de US$ 6 y alcanza un precio promedio de venta de US$ 11. La fábrica, construida por la firma local de diseño industrial Gallagher-Kaiser Corporation, responsable de Factory Zero de General Motors, demandó una inversión de US$ 45 millones para levantar instalaciones destinadas al cultivo y procesamiento de cannabis.
"Hemos creado algo que atrae inversiones institucionales y que es replicable, que es la esencia de la fabricación", afirma Morrow, quien transformó a Warrior en una empresa con US$ 20 millones de ventas anuales antes de venderla a New Balance en 2004 por una suma que Forbes estimó en US$ 50 millones. "Podemos fabricarlo en Texas, Florida o Tennessee; no importa el calor, la humedad o el frío que haga. Lo único que necesitamos es acceso a electricidad y agua baratas", asegura.
Brady Cobb, empresario del sector del cannabis con una extensa trayectoria y fundador de Sunburn Cannabis, con sede en Florida, calificó las instalaciones como una auténtica maravilla industrial.
"Lume construyó algo que sería muy bien recibido por un regulador federal", sostiene. "Morrow está pensando en cómo será la industria en 2030, mientras que todos los demás piensan en 2027; vive en otra realidad. Si una gran empresa de bienes de consumo envasados quiere producir un producto uniforme, donde cada bolsa tenga el mismo sabor y aspecto, esta es la planta ideal", explica.
La industria y el espíritu emprendedor forman parte de la historia de Morrow. Creció en Troy, Michigan; su madre daba clases en una escuela católica y su padre era un empresario multifacético que dirigía una compañía dedicada a fabricar tubos metálicos. A los 14 años, Morrow empezó a trabajar en una de las compañías de su papá, que producía moldes de fundición para la industria siderúrgica. Su deporte era el hockey, pero en la escuela secundaria comenzó a jugar lacrosse durante el receso de la temporada y sobresalió. En Princeton, se convirtió en el primer defensor elegido Jugador del Año de la NCAA.
Un año antes del torneo final, durante un partido, su papá observó desde las gradas que su hijo salía del campo varias veces para buscar un palo nuevo. Morrow le explicó que el palo de aluminio se doblaba y debía reemplazarlo. Su padre tenía un cliente que le encargó fabricar una raqueta de nieve más resistente, por lo que probó con titanio, un metal con la mejor relación entre resistencia y densidad, y pensó que resultaría ideal para crear un palo duradero. Fabricó un prototipo y se lo entregó a David, quien lo llevó al entrenamiento. Luego, nueve compañeros le pidieron que les hiciera uno.
"Es hora de que crees tu propia empresa", le sugiere su padre después de que Princeton conquistara el campeonato. Así nació Warrior, bautizada en homenaje a la mascota del colegio secundario de Morrow, y convertida en la primera empresa fabricante de palos de lacrosse de titanio.
Tras graduarse en Princeton, Morrow alternó su carrera como jugador de lacrosse con la conducción de Warrior. En su taller de las afueras de Detroit, pensó que había cometido un error cuando comparó su camino con el de sus amigos de la Ivy League, que se convirtieron en abogados y banqueros. Para impulsar la empresa, reunió US$ 10.000 de su padre, US$ 230.000 de su entonces novia y actual esposa, y US$ 1 millón de su amigo universitario Billy Frist, integrante de la familia multimillonaria fundadora de HCA Healthcare, con sede en Tennessee.
"Estaba súper estresado", recuerda Morrow. "Mi padre, mi novia y mi amigo estaban muy involucrados y yo no tenía ni idea de lo que estaba haciendo", completa.
En 1996, Warrior superó US$ 1 millón en ingresos. Unos años después, amplió su línea de productos con guantes y otros equipos tras conocer a Akio Aoki, un destacado fabricante de guantes deportivos. En 1998, integró la selección de Estados Unidos durante el Campeonato Mundial de Lacrosse, y Warrior era el patrocinador oficial del equipo. Antes del partido final contra Canadá, el director técnico del equipo le lanzó una advertencia: "Si perdemos, no podrás regalar ni un solo producto Warrior". Estados Unidos finalmente ganó tras dos prórrogas. Y "Warrior despegó", afirma Morrow.
Las ventas llegaron a US$ 15 millones en 2003. Ese mismo año, New Balance llamó. Jim Davis, el multimillonario al frente del gigante de la indumentaria deportiva, quería conversar sobre Warrior. En una reunión en la oficina de Davis, en Boston, Morrow aclaró que su empresa no estaba en venta. "Todo está en venta", recuerda Morrow que dijo Davis. Aproximadamente un año después, el empresario tuvo razón y Morrow vendió a New Balance. Morrow se quedó y expandió Warrior: incorporó equipamiento de hockey y fútbol a la marca, además de extender sus plantas de producción por países, de México a Rusia. Tiene historias que lo prueban: dos guardias de seguridad que custodiaban su fábrica en México fueron asesinados por narcotraficantes; su vendedor en Rusia huyó tras recibir amenazas de muerte; y un funcionario del Gobierno puso en riesgo el negocio de Morrow porque se negó a otorgar un acuerdo de distribución a un aliado de Vladimir Putin.
"Davis fue como un segundo padre para mí", recuerda. "Algunos de los mejores recuerdos de mi vida los viví en New Balance. No habría podido llevar a Lume de cero a 200 millones de dólares sin haber impulsado el negocio de hockey y fútbol de Warrior para Jim; él me cambió la vida", asegura.
En 2018, otro viejo amigo también le cambió la vida. Robert Barnes, una figura reconocida del sector automotor y de los negocios locales en toda la región, exitoso empresario de Michigan y dueño de Belle Tire junto con su hermano Donald, fundó una pequeña compañía de cannabis medicinal en el estado. Los hermanos abrieron un dispensario en Evart e iniciaron una planta de cultivo cercana. Barnes contó que desarrolló el terreno unos años antes para instalar un invernadero de tomates, bayas y pimientos, después del éxodo de trabajadores que dejó al pueblo rural en una profunda crisis económica. "No se trataba de ganar plata, sino de salvar al pueblo", afirma Barnes. Cuando Michigan legalizó el cannabis para adultos en 2018, decidió apostar por la marihuana e insistió en convencer a Morrow de dejar New Balance y sumarse como cofundador. Barnes aseguró que lo eligió por su "experiencia en la fabricación".
Tras 25 años en Warrior, Morrow decidió cambiar de rumbo y sumó al proyecto a su director de operaciones, Doug Hellyar. Rebautizó la empresa como Lume, nombre derivado de la palabra latina para "luz", y recaudó fondos por US$ 250 millones. En el otoño de 2019, abrió el primer local de la marca en Kalamazoo, dentro de un recinto de 370 metros cuadrados que antes funcionaba como club nocturno. Luego llevó el negocio de un dispensario y un centro de cultivo a las instalaciones de Evart, valuadas en US$ 45 millones, con 40 locales y 1.400 empleados. "Fue todo muy rápido", dice Morrow. "Entramos en modo de superescalado", agrega.
Ahora, entre dos altas góndolas blancas con una veintena de barriles de 115 litros llenos de flores de cannabis, toma dos puñados de una variedad llamada Pineapple Donut, los acerca al rostro e inhala profundamente. "La gente no tiene ni idea de la cantidad de tiempo, plata y esfuerzo que se necesita para garantizar que las personas tengan una buena experiencia", afirma.
Morrow recuerda que, de joven, cuando fumaba marihuana en Princeton, soñaba con tener tanta hierba. Ahora, cada semana, los barriles de la sala de curado reciben un nuevo lote de 227 kilos.
"Antes, siempre era abundancia o escasez", dice sonriente. "Hoy en día, se trata de un suministro ilimitado", concluye.
*Este artículo fue publicado originalmente por Forbes.com.