Paraguay se posiciona como un destino estratégico para centros de cómputo de inteligencia artificial
Con energía disponible, estabilidad macroeconómica y una visión país a largo plazo, Paraguay aparece en el radar de fondos de inversión y operadores internacionales que buscan alternativas para centros de cómputo de inteligencia artificial (IA).
En este contexto, Sebastián Völlm, CEO de PromptJoker, resume la tendencia: "Hoy los inversionistas están mirando a Latinoamérica", y dentro de la región Paraguay sobresale porque, como él mismo apunta, ofrece "energía disponible hoy, visión a largo plazo y una base de estabilidad que genera confianza"
Según Völlm, la IA está reestructurando industrias, mercados y cadenas de valor, un cambio que es histórico: "Si la revolución industrial transformó al mundo en un siglo, la IA lo está transformando en una década", afirma. En la economía moderna, asegura, la materia prima ya no son los minerales ni el petróleo, sino la capacidad de alimentar los centros de datos que entrenan modelos, procesan información y sostienen los servicios digitales globales.
Los grandes centros de cómputo se instalan donde hay energía barata, confiable y limpia. Hasta ahora, la inversión en infraestructura de IA se concentró casi exclusivamente en Estados Unidos. Sin embargo, la demanda global superó la capacidad instalada, abriendo una ventana para nuevos polos regionales. Y Paraguay, dice Völlm, "está en una posición estratégica que pocos países en el mundo tienen".
El tamaño de la oportunidad sorprende incluso a los actores del sector: las inversiones pueden ir desde US$ 40 millones hasta varios miles de millones de dólares, dependiendo del tamaño del campus y del despliegue tecnológico. Los retornos son igual de significativos; según Völlm, cada megavatio dedicado a IA puede generar entre US$ 1 a 3 millones anuales en exportación de servicios digitales.
Por ejemplo, un campus de 100 MW podría generar entre US$ 100 y 300 millones al año y posicionar al país como uno de los actores más relevantes de la región. Una infraestructura de esta magnitud genera un círculo virtuoso de impacto económico: "Un proyecto de 100 megas no solo aloja computación: crea miles de empleos directos e indirectos y eleva la capacidad tecnológica de todo un país", explica Völlm.
Los beneficios alcanzan a sectores como energía, construcción especializada, fibra óptica, telecomunicaciones, proveedores tecnológicos, universidades y talento joven. Los grandes centros de IA actúan como imanes que atraen startups, empresas globales y nuevas industrias basadas en datos. Para Paraguay, que hoy discute cómo diversificar su matriz productiva, la oportunidad no es menor.

A pesar del potencial, Völlm insiste en que hay dos condiciones indispensables para convertir la oportunidad en realidad. La primera es un marco legal y tarifario estable. "Buscamos tarifas para 10 a 15 años, un contrato que permita a la industria de IA y a la Administración Nacional de Electricidad (ANDE) proyectarse con ingresos estables y fijos", asegura. Sin reglas claras, la inversión internacional, que exige planificación de largo plazo, no aterriza. "La IA no puede planificarse con tarifas anuales: requiere previsibilidad", sostiene Völlm.
El segundo punto crítico es la conectividad internacional. Paraguay no tiene salida al mar ni acceso directo a los proveedores "Tier 1", lo que limita la capacidad de mover información a la escala que exige la IA. "En el futuro será clave tener más salidas internacionales para que el nivel de los gigabytes o terabytes por segundo suba", explica. Sin ancho de banda masivo, no hay centro de datos de próxima generación.
A estos factores se suma un tercer pilar: la soberanía de datos. Völlm es contundente: "Hoy todos los datos que estamos publicando a la IA se van a Estados Unidos o a China". Según el ejecutivo, Paraguay necesita un marco que garantice que la información crítica pueda almacenarse y auditarse dentro del país. "Es clave que se defina cómo se protegen los datos dentro del territorio".
En el debate energético local, la referencia más cercana a los megavatios es la minería de criptomonedas. Pero Völlm marca una diferencia tajante: "La minería de Bitcoin no genera servicios ni impacto directo en la economía". En cambio, la IA presta servicios de nube, entrenamiento de modelos y procesamiento empresarial que se integran a bancos, salud, seguros, gobierno y múltiples industrias. Es, en esencia, economía real.
El costo de instalación también es distinto: mientras una granja cripto puede ser relativamente básica, un centro de datos de IA requiere inversiones muy superiores, de entre US$ 8 y 12 millones por megavatio, más estándares estrictos de telecomunicaciones, seguridad, redundancia y refrigeración.
Argumenta Völlm que la competencia no es otra empresa. "Nuestra competencia es la posibilidad de que la próxima gran inversión de IA termine en Paraguay", afirma. Y para eso, el país necesita construir lo que llama un marco de confianza entre sector público y privado.
Las decisiones energéticas, fiscales y regulatorias deben permitir mirar 12 a 15 años adelante. Ese horizonte es el que buscan los fondos internacionales antes de instalar capital intensivo en un país emergente. "El gobierno está avanzando, pero todavía falta más información y más alianza", admite.
Mientras que la economía digital pasa por grandes cambios, Paraguay dispone de ventajas decisivas en energía excedente y estabilidad macroeconómica a niveles que pocos países del Mercosur pueden ofrecer, y que presentan una oportunidad para posicionarse como un hub regional.
Como resume Völlm, "Paraguay tiene la oportunidad de ser uno de los nuevos protagonistas de la economía de IA. Nuestro trabajo es integrar los ingredientes, traer actores globales y construir el ecosistema que el mundo va a necesitar en los próximos años".