Más cerca de la sequía que la inundación: el río Paraguay arrastra una bajante histórica desde 2020
Mientras el calendario avanza hacia los meses más sensibles para el comportamiento del río Paraguay, las condiciones estacionales sugieren la necesidad de evaluar los patrones recientes en sus niveles.
Jorge Sánchez, Subdirector de Hidrología de la Dirección de Meteorología e Hidrología (DMH), señala que “el régimen de lluvia y las lluvias han sido muy inferiores a lo que suele acontecer”, y que para que el río experimente desbordes extraordinarios sería necesario un período prolongado de precipitaciones intensas que hoy no se vislumbra.
No obstante, lo que sí ocurre es un período de bajantes pronunciadas que se extiende desde 2020, en coincidencia con ciclos climáticos dominados por La Niña y un régimen de lluvias inferior al promedio.
Explica Sánchez que el repunte del nivel del río observado en 2023, asociado a un evento de El Niño con precipitaciones intensas en un lapso corto, fue transitorio. “Muy prontamente volvió otra vez a decrecer y se sigue manteniendo así”, señala, describiendo una tendencia que ya suma cinco años.
El dato actual en Asunción es elocuente: el nivel hidrométrico se ubica en 0,30 metros, cuando el promedio histórico para esta época del año debería rondar los 2,97 metros. La diferencia de 2,67 metros por debajo de lo normal no es marginal, sino una diferencia significativa en términos operativos.
El antecedente más crítico reciente se registró el 2 de noviembre de 2024, cuando la regla marcó -1,61 metros, un mínimo histórico que evidenció la magnitud de la bajante. Desde entonces, el nivel volvió a terreno positivo, pero sigue muy lejos de lo que se consideraría una etapa media normal.
El período actual aún corresponde a meses donde deberían registrarse aportes relevantes de lluvia —febrero, marzo y abril— antes del inicio del estiaje en mayo. Aun así, la expectativa más optimista es acercarse a la normalidad, no superarla.

Para un país mediterráneo cuya competitividad exportadora depende en gran medida de la hidrovía Paraguay-Paraná, el impacto no es menor. Cuando el río baja, la primera consecuencia es un menor calado disponible y, por lo tanto, reducción en la capacidad de carga por embarcación.
Sánchez reconoce que “siempre que esté más bajo el río tiene repercusión en lo que es la navegabilidad y lógicamente en la parte comercial”, ya que con menos caudal se transportan menos toneladas por viaje. Bajos niveles implican más viajes o ajustes logísticos que presionan costos.
A partir de 2022 se intensificaron los trabajos de dragado y remoción de formaciones rocosas, lo que permitió sostener la navegabilidad incluso en niveles negativos. Actualmente, el tránsito hasta puertos estratégicos de la cuenca media, como Concepción, se mantiene operativo. El sistema fluvial no está paralizado, sino operando con menor eficiencia.
En el corto plazo, la tendencia dominante es que los niveles continúen por debajo del promedio histórico. El escenario climatológico global se encuentra en una fase cercana a la neutralidad. “En las mejores condiciones lleguemos aunque sea cerca de lo que sería normalizado”, advierte Sánchez, subrayando que incluso un acercamiento a la media ya sería considerado favorable.
Hacia el segundo semestre, los modelos sugieren la posibilidad de una fase de acaloramiento incipiente. Sánchez explica que “se está viendo que pudiera aparecer una tendencia de calentamiento que tienda hacia un Niño allá por agosto o septiembre”, lo que en Paraguay suele traducirse en mayores aportes de humedad y precipitaciones superiores al promedio.
Ese escenario podría generar un repunte hacia finales de año, aunque —aclara— se trata de una perspectiva de mediano plazo que aún debe confirmarse con la evolución de los modelos. La señal, por ahora, es de cautela.
No obstante, la bajante del río Paraguay no anticipa una sequía terminal, pero sí resulta en un entorno operativo más exigente para la logística fluvial.