¿Cuál es el principal desafío para pasar de un crecimiento moderado a uno sostenido?
Desde las reformas de Dionisio Borda construimos una macroeconomía responsable, mediante el funcionamiento adecuado del Ministerio de Hacienda y el BCP; hicimos muchos avances en estos más de 20 años, pero parecería que nos estancamos y nos quedamos en el “ éxito” macro donde se redujo sustancialmente la pobreza. El desafío no es solo crecer, sino transformar ese crecimiento en instituciones sólidas y bienestar compartido.
El famoso “derrame” no ocurre porque el vaso está roto: instituciones débiles, baja presión tributaria, gasto ineficiente y crimen organizado impiden que la prosperidad llegue a todos. Crecer implica inversiones, inversiones requiere de confianza, la confianza se sostiene en la institucionalidad, donde se nos perciba como un país creíble.
Para pasar de este estadio de crecimiento sin derrame a uno que genere bienestar, donde los vasos comunicantes funcionen adecuadamente, necesitamos dar un gran paso hacia la institucionalidad. Así, y solo así se atraerán inversiones, cuando el Estado garantice la seguridad en su sentido más amplio: seguridad para las personas, los derechos y las cosas.
El desafío de Paraguay no es crecer, sino crecer bien. Aprovechar el dinamismo económico para construir instituciones sólidas, ampliar la protección social y garantizar que la prosperidad sea compartida. De lo contrario, seguiremos atrapados en el espejismo del crecimiento antieconómico: abundancia aparente, fragilidad real.

¿Cuál es su evaluación del endeudamiento y parámetros críticos de sostenibilidad?
Al decir de Dionisio Borda, Desarrollo en Democracia (Dende), José Cantero y otros referentes de la economía paraguaya el nivel de endeudamiento, aunque razonable, está llegando a su techo. El desafío es generar más ingresos, a través de la formalización de la economía, ampliando la base tributaria, revisando la ecuación impositiva, mejorando la eficiencia del gasto; solo así la deuda pública seguirá siendo un activo de Paraguay en el sentido de fomentar el desarrollo, caso contrario será una carga que se volverá insostenible en el tiempo.
Que no me entiendan mal, acceder a los mercados de deuda, el Grado de Inversión, es producto de un trabajo bien hecho por el lado de la macro en los últimos 20-25 años, solo que hoy esa alternativa para financiarnos de ser una alternativa válida puede convertirse en un problema de no generar mayores ingresos.
¿Cuáles son las limitantes estructurales para captar mayor Inversión Extranjera Directa (IED) y cómo superarlas?
Los flujos de IED son bajos, comparativamente, con los flujos de sus pares. Las ventajas de la macro no son suficientes para atraer inversiones de forma masiva, cuesta mucho que nos conozcan y si nos conocen no es precisamente por nuestra buena fama, de ahí que se debe redoblar el esfuerzo en lograr ser un país funcional donde las instituciones funcionen adecuadamente.
Con eso sumado a nuestras ventajas competitivas, el país va a ser un centro que seduce a los inversionistas. Hoy por hoy, hay proyectos importantes que de consolidarse van a sumar para bien, como Atome y Paracel. Esas inversiones concretadas van a ser catalizadores de muchas más, siempre que el marco institucional sea fuerte, creíble y confiable.

¿Qué cambios tributarios/fiscales deben realizarse para formalización y recaudación, sin dañar competitividad?
Hoy estamos viendo que el fisco tiene problemas para hacer frente a su deuda interna, y no es un hecho nuevo. Viene desde atrás, por ejemplo, yo recibí el Ministerio de Hacienda con US$ 400 millones de deuda no contabilizada; este Gobierno recibió US$ 600 millones, después de cinco años, pandemia, sequía y el comienzo de la guerra Ucrania - Rusia.
Hoy la deuda, en esas condiciones, trepó a US$ 1.000 millones. Es un síntoma de que los ingresos no alcanzan para proveer todo lo que la ciudadanía reclama. Se debería seguir con el esfuerzo de formalizar la economía, la informalidad es un mal de la región. Tenemos compatriotas que no van a tener jubilación, ni salud ni educación y eso no podemos aceptar.
El abandono escolar es masivo, 1 de cada 3 de nuestros niños quedan por el camino; sin oportunidad de tener una educación básica, se dificulta su acceso al mercado laboral. Formalizar el empleo no solo protege a las personas, también amplía la base contributiva y fortalece la seguridad social.
Una mirada al marco impositivo y realizando ajustes inteligentes solo va a fortalecer el marco institucional y va a ser un catalizador de mayor inversión, no al revés como se suele pensar. Reforma fiscal con sentido de pertenencia: si los impuestos son bajos, nadie se involucra en mejorar. Si son más altos y progresivos, todos exigirán que el gasto sea eficiente, porque “duele en el bolsillo”.
Esa presión social es el mejor antídoto contra la corrupción y el despilfarro, no una reforma para hacer más de lo mismo, sino para hacerlo de manera diferente. En este plano, no sería una mala idea que la Dirección Obrero Patronal del Instituto de Previsión Social (IPS) se incorpore a la Dirección Nacional de Ingresos Tributarios (DNIT); va a generar mayores ingresos al IPS y va a ayudar muchísimo a la formalización de la economía.

¿Cuál es el enfoque que debe darse para la priorización del gasto en salud, educación e infraestructura?
La ley que aprobó la reforma tributaria tiene un artículo que establece que todos los excedentes que genere la reforma tributaria deberían destinarse para el fortalecimiento del capital humano y a la infraestructura. Eso es ley, pero como los ingresos son insuficientes, el cumplimiento se hace complicado.
Hay un desafío enorme en las tres áreas, lo fundamental para el futuro es mejorar sustancialmente la educación, invertir en primera infancia de tal manera a que nuestros chicos tengan un mejor futuro. En salud deberíamos revisar la política de construcción de hospitales, tal vez es más inteligente fortalecer la atención primaria de la salud y unificar algunos servicios entre IPS y el Ministerio de Salud de manera a ganar eficiencia.
En infraestructura hay que apostar a las alianzas público-privadas (APP), lamentablemente no conozco proyectos que estén en la línea de largada. El financiamiento vía deuda está llegando a su tope y sin recursos las inversiones no van a llegar y como dije anteriormente, la infraestructura y el capital humano son claves para atraer inversiones.
En cuanto al rol de Paraguay en la integración sudamericana, ¿qué podría destacar?
Paraguay tiene una ubicación estratégica importante, está en el corazón de América del Sur, sin salida al mar pero con dos ríos estratégicos. La Ruta Bioceánica, funcionando a full va a ser transformacional para el movimiento logístico entre los dos océanos.

Muy bien podemos convertirnos en un hub energético, logístico y alimentario, aprovechando nuestra situación geográfica. Pero sin el componente institucional nos vamos a quedar en el camino. Es urgente que el marco institucional se fortalezca, con eso y nuestra posición geográfica, sus recursos hídricos y su belleza, Paraguay está llamado a ser un país estratégico en la región.
¿Cuál es su pronóstico a 10 años y qué condiciones indispensables se debe tener en cuenta?
Soy un convencido de que Paraguay tiene un futuro brillante. El programa Becas “Carlos Antonio López” (Becal) enviando jóvenes a estudiar afuera, a prepararse en las mejores universidades del mundo, va a generar un cambio nos guste o no, queramos o no.
Sumado a esto, tenemos este éxito macroeconómico que permitió la disminución de la pobreza y por tanto la creación de una clase media más exigente, va a ir marcando la gestión de los próximos años; habrá que mirarlo con cuidado y crear las condiciones para satisfacer sus necesidades y sus reclamos. Lo que viene no va a ser lo mismo que vivimos los últimos 20 o 25 años.
Debemos aprovechar el dinamismo económico para construir instituciones sólidas, ampliar la protección social y garantizar que la prosperidad sea compartida. De lo contrario, seguiremos atrapados en un espejismo de abundancia aparente.
El camino hacia adelante es fortalecer la institucionalidad, con reglas claras para todos, con oportunidades para todos, con un país con más igualdad, mejores servicios públicos y una justicia que funcione. De construirlo, solo el éxito es el destino, pero no va a ser gratis ni va a venir solo; la buena noticia es que lo podemos hacer, depende de nosotros y de nadie más.