En el vibrante escenario culinario de Asunción, Musiú lleva adelante una metamorfosis profunda bajo la dirección del chef Eduardo Núñez. De hecho, uno de los pilares más importantes de su esencia gastronómica es el constante perfeccionamiento de su técnica.

La abundancia no es negociable en Musiú, lo que rompe con el estigma de que la comida de autor debe servirse en porciones reducidas. Eduardo busca que el cliente salga satisfecho en todos los sentidos. En este sentido, el chef es contundente con su filosofía de servicio: “Nuestro enganche es que hacemos toda la comida grande, no quiero que coman poquito en mi casa”.

Para Eduardo, la gastronomía se construye y se reconstruye por etapas. “En el último periodo, básicamente cambiamos el 80% de la carta y mantuvimos los platos más tradicionales para seguir evolucionando”, menciona.En este 2026, una de las novedades que trae esa constante transformación es la inclusión de una carta de carnes, curada con los mejores cortes.

Se trata de una respuesta directa a la identidad cultural del comensal local. “Al paraguayo le encanta la carne, entonces tenemos que tener carne sí o sí en nuestra propuesta”, explica Eduardo. La selección de cortes fue un trabajo de curaduría cuidadosa junto a su equipo de confianza. La idea es ofrecer excelencia sin abrumar la operativa diaria de la cocina. “Quedamos con Adolfo, mi maitre, en que lo mejor era ofrecer los cuatro mejores cortes de carne para satisfacer a los paladares más exigentes”, expresa nuestro entrevistado.
El nuevo menú
Entre las estrellas del menú de carnes destacan piezas imponentes como la costilla, ideal para quienes buscan saciarse profundamente. Luego se encuentra el Denver steak, apodado cariñosamente como “estrellita”. Se presenta como la opción más sofisticada y menos convencional para los conocedores de la parrilla: su textura y sabor lo sitúan en una categoría superior frente a cortes tradicionales.“El Denver steak o ‘estrellita’ es un corte que se come sí o sí hasta término medio para que no pierda su sabor y preserve sus jugos”, destaca el chef.
“El Denver steak o ‘estrellita’ es un corte que se come sí o sí hasta término medio para que no pierda su sabor y preserve sus jugos”
Al pedir las carnes de esta selección, las guarniciones se encuentran incluídas. Una de las opciones es el arroz con queso o el puré de calabaza. Para Eduardo, la idea es que el acompañamiento sea tan protagonista como la carne misma.

Su salsa anticucho
Para Eduardo, la historia se sirve en la mesa junto con el sabor y, por eso, es vital entender el origen de las palabras es tan vital como conocer los ingredientes, dotando a sus platos de un trasfondo cultural rico. En este sentido, una de las salsas estrella de Musiú es la anticucho, cuyo nombre proviene del quechua. El chef explica que la palabra proviene de anti uchu que da nombre a las carnes elaboradas en picantes.
Esta salsa es una preparación que requiere paciencia y paladar afinado para convertirse en el puente perfecto entre la parrilla local y la tradición andina. Esta definición carga un peso cultural y gastronómico muy grande que, para Eduardo, encuentra su punto cumbre en el tiempo que se invierte al desarrollar la receta. “Tardé muchísimo en llegar al punto ideal en esta salsa”, cuenta.

Esta búsqueda de la perfección nacieron en las aulas del prestigioso Le Cordon Bleu, instituto en el que Eduardo forjó su carácter profesional. La escuela le otorgó las herramientas para liderar cocinas de alto rendimiento. Sin embargo, la técnica académica debe complementarse con la capacidad de interpretar el entorno y los productos que la tierra ofrece cada día. Un buen cocinero debe ser flexible y sensible al producto: “Tan o más importante que el insumo es la técnica con que se prepara”.
“Tan o más importante que el insumo es la técnica con que se prepara”
La presentación estética
El compromiso de Eduardo con la estética de Musiú lo llevó a emprender una travesía épica por tierra para traer vajilla artesanal única. Cruzó fronteras y llegó hasta su natal Perú en su camioneta para asegurar que sus platos tuvieran el marco adecuado. “Vine con un remolque lleno de platos de piedra volcánica”, detalla.
Durante aquel viaje, enfrentó los desafíos del altiplano, demostrando una resistencia física y mental comparable a su pasión por la gastronomía. Fue una prueba de fuego para él y su equipo: "Estábamos en 5.000 metros de altura y yo estaba como si nada mientras avanzábamos con el remolque y los platos de piedra volcánica hacia nuestro destino".

Hoy, Eduardo ve en Paraguay un terreno fértil para el crecimiento y la innovación gastronómica, valorando la receptividad del público local hacia las nuevas propuestas. El chef asegura que el país está en un momento de expansión brillante.