Luis Fracchia, el artista paraguayo residente en España que pinta la misteriosa dimensión de los sentidos
Belén Cuevas Trinidad Editora de Forbes Women Paraguay
Belén Cuevas Trinidad Editora de Forbes Women Paraguay
Nació en Asunción, pero sus dotes artísticos alcanzaron su punto más florido fuera de nuestro suelo. Luis Fracchia se formó en Roma, la capital del Renacimiento y vivió durante varios años en México, país en cuya plástica consolidó una larga carrera. Actualmente, reside en España.

Aunque vive en el extranjero desde hace varios años, el vínculo de Fracchia con Paraguay se teje a través de una presencia permanente en las colecciones de arte del país. Su nombre llegó a las salas de subastas de Sotheby’s, como testimonio de haber alcanzado la madurez en su obra.
“Paraguay es un mercado importante para mí, se ha creado un coleccionismo —ya desde hace varios años— que va creciendo. Seguramente, en el país se encuentran unas 50 obras mías”, detalla. Su formación en Italia lo llevó a una disciplina estética que da estructura a los sentidos, el misterio y la austeridad cromática. Para Fracchia, la pintura es un acto de amor hacia la forma, un intento de descifrar el universo desde su mínima expresión hasta su explosión macroscópica.

Aunque utiliza principalmente el óleo, también desarrolló obras de grandes proporciones en técnicas mixtas que combinan este material con el temple y el acrílico. Su paleta cromática se basa en colores austeros, que se superponen en capas hasta crear el efecto de una piel que respira a través del lienzo.
Este espectro de colores se mueve hacia una tonalidad general donde el autor conquista un poder sobre las emociones. “Siempre es una paleta reducida —muy corta— donde, con pocos pigmentos, consigo controlar y valorar todos los tonos primarios, secundarios y terciarios”, menciona.

Con esta atención milimétrica al color y la forma, su deseo es crear recovecos de curiosidad dentro de su hiperrealismo, donde el espectador pueda sentirse cautivado. “Mi deseo es llegar a una atmósfera de misterio. En las formas más acabadas y concretas, hay zonas más difuminadas que crean una especie de tensión donde el espectador puede navegar hacia lo misterioso”, describe el artista.
Al quedar atrapados en el realismo de sus cuadros, nos encontramos con la inmensidad de preguntas internas que se desprenden de las sombras. Precisamente, en honor al eterno estado de cuestionamiento, el artista continúa un camino de exploración que va más allá de la forma académica y se adentra en la transformación de la estética.

“En estos momentos estoy tratando de generar cambios en el proceso mismo técnico de la pintura o en la imagen para nuevos proyectos futuros y que me refresquen un poco una cantidad de apuntes, de visiones, de ideas y transformaciones dentro de mi propia pintura”, cierra.
