El Kamba Ra'angá en Altos: Un ritual que desafía al tiempo y al olvido
Belén Cuevas Trinidad Editora de Forbes Women Paraguay
Belén Cuevas Trinidad Editora de Forbes Women Paraguay
Altos es la tierra de los talladores maestros. Aquí, el oficio de transformar el cuerpo del timbó en rostros expresivos se convirtió en una herencia que se respira principalmente en la compañía Itá Guazú de la ciudad cordillerana. Estas máscaras, livianas pero cargadas de simbolismo, se transforman en el vehículo físico, colorido y satírico que permite a los pobladores mantener fuerte la creatividad colectiva y, a la vez, atraer a los turistas.
Desde hace varios años, la festividad católica de San Pedro y San Pablo es la ocasión para reunir a personas de todas las ciudades entorno al espacio de la Comisión Kamba Ra’anga de Itá Guazú, un grupo que organiza con rigor esta fiesta.

Si bien la festividad más grande de la comisión es la del 28, 29 y 30 de junio, la Comisión Kamba Ra'anga es una comunidad unida, creada por descendientes de talladores de madera que preservan una de las tradiciones más antiguas de la ciudad. Realizan reuniones de manera regular a lo largo del año y, meses antes de la llegada del invierno, ya se encuentran en proceso de diseño de los nuevos personajes que incluirán en la escena.
La Comisión tiene su hogar y su escenario propios, en un recinto pegado a la Capilla San Pedro y San Pablo de Ita Guazú. Allí, los integrantes guardan un taller dedicado enteramente a la enseñanza, la creatividad, el tallado y la pintura de las máscaras que se utilizarán durante la fiesta patronal de la ciudad.

Cada año, la temática de su show satírico se renueva, capturando las inquietudes actuales con una ironía filosa. En cada una de sus presentaciones se observan desde conflictos bélicos que ocurren al otro lado del mundo hasta los torneos futbolísticos más masivos y, principalmente, aquellas situaciones cotidianas que afectan a nuestros compatriotas en territorio nacional.
La esencia del evento reside en sus figuras arquetípicas. El Kamba Ra’anga, el rostro negro, simboliza la alteridad y la resistencia; la Rúa, con su elegancia pícara, representa la coquetería criolla; y el Guaykurú, con su estampa guerrera, evoca al antagonista de la historia. Juntos, bajo la batuta de la tradición, recrean escenas donde la ironía es el eje.

Observar a los jóvenes integrarse a esta danza es comprender la supervivencia del rito. No se aprende en manuales, sino por observación directa, pasando las máscaras de generación en generación. La transmisión es un acto silencioso de pertenencia. Al final, estos personajes no son objetos de museo, sino el alma colectiva de un pueblo que respira historia.