Bellevoye 20°: un “whisky” de origen francés que quiere redefinir la ola low alcohol
Con la mitad de graduación alcohólica de los escoceses, Bellevoye 20° entra en el segmento no/low con una apuesta inusual: ofrecer la experiencia sensorial de un whisky, sin azúcar ni aromas artificiales, en un mercado global de baja graduación que ya roza los U$S 10.000 millones.

Desde hace una década, el boom de las bebidas “no-low” —sin o con bajo contenido de alcohol— se convirtió en uno de los grandes vectores de cambio de la industria de bebidas alcohólicas. Más opciones, más innovación, pero también una crítica recurrente entre consumidores exigentes: demasiados productos que “castigan” al paladar en nombre de la moderación. En ese contexto, la francesa Bellevoye, referente del triple malt 100% galo, decidió ir más allá del simple ejercicio de desalcoholizar.

Con 20% de graduación alcohólica y un precio sugerido de 34,90 euros (unos U$S 45 aprox.) la botella de 70 cl, Bellevoye 20° se presenta con una premisa clara: “ofrecer la experiencia sensorial de un whisky, pero con la mitad de fuerza y sin aromas artificiales ni azúcar añadido”. La pregunta que organiza el proyecto es directa y desafiante para cualquier maestro destilador: ¿es posible bajar a 20° sin traicionar el espíritu del whisky?

Infusión, no dilución: cómo se construye un “casi whisky”

El punto de partida de Bellevoye 20° es Bellevoye Bleu, una de las etiquetas emblemáticas de la casa. Desde allí, el equipo técnico desarrolló un procedimiento propio que incorpora una infusión de cereales para reconstruir el perfil aromático sin recurrir a la simple dilución con agua. “Se trata de una base de Bellevoye bleu, transformada con un agregado de infusión que captura la esencia del cereal”, explica Olivier Dumont, maestro de chai de la marca.

No se trata de una infusión “herbal” al uso, aclara Dumont: el proceso recurre a cebada, maíz, centeno y otros componentes que la compañía prefiere mantener en reserva. El objetivo es evitar el “camino fácil” de cortar el alcohol a la mitad y, a cambio, construir un destilado más ligero pero reconocible. “El Bellevoye 20° tiene dos veces menos alcohol pero tiene todas las características organolépticas de un whisky”, resume.

Ese matiz es clave para entender la apuesta. A nivel normativo, un whisky no puede bajar de 40°: por eso, en la etiqueta, la denominación legal de Bellevoye 20° es una “bebida espirituosa a base de whisky”. Pero en copa, la marca quiere que la percepción sea otra cosa: un “casi whisky” que preserve nariz, textura y complejidad, aun en una escala alcohólica distinta.

Imagen: Bellevoye

Menos alcohol, más aromas: la respuesta a una categoría en movimiento

Para Alexandre Sirech, CEO de Les Bienheureux y cofundador de Bellevoye, el lanzamiento se inscribe en una agenda más amplia de reinvención. “Nuestro hermoso oficio nunca se reinventó realmente desde hace siglos. Hay que devolverle innovación. Veo una evolución hacia menos alcohol, pero más aromas, más respeto por el planeta y la salud”, sostiene.

Los datos acompañan el diagnóstico. Según IWSR, el mercado global de bebidas sin y de bajo alcohol alcanzó casi U$S 10.000 millones en 2021 en diez mercados clave, frente a U$S 7.800 millones en 2018, y se proyecta un crecimiento de 8% anual compuesto entre 2021 y 2025, contra un 0,7% del alcohol tradicional. Dentro de esa ola, las categorías de no-alcohol spirits y bebidas afines son las que crecen a tasas de dos dígitos.

Pero Sirech enfatiza que no se trata solo de subirse a una tendencia con un producto más. La consigna interna es no recurrir a atajos industriales. “No hay aroma artificial, ni azúcar añadido”, subraya Dumont, marcando distancia con buena parte de la oferta low alcohol que compensa la falta de grado con edulcorantes y saborizantes. La promesa es nítida: menos impacto alcohólico, sin caer en un perfil de “refresco disfrazado” que aleje al consumidor de whisky que Bellevoye quiere retener.

Del living al mantel: un nuevo lugar en la mesa

La pregunta inevitable es si el producto cumple lo que promete. Los críticos que lo probaron describen un perfil que “dialoga” con el whisky, pero abre puertas nuevas. En nariz, el protagonismo es de las cereales, con una expresión golosa, ligeramente especiada y notas de pera. En boca, “la sensación es desconcertante”: se confirman las promesas de un buen blend y los fans de Bellevoye Bleu “juegan de local”, pero con una estructura más ligera y accesible.

El conjunto se percibe cálido, sin ser ardiente, lo que amplía su rango de uso: funciona solo al final de una comida, como base de cócteles o —y aquí aparece la apuesta más interesante— como sustituto de una copa de vino en la mesa. El análisis original sugiere que “es en reemplazo de un vaso de vino donde está más a gusto”, porque derriba la barrera tradicional entre maridaje gastronómico y espirituosos.

Con platos de carne en salsa, por ejemplo, abre la puerta a acuerdos “platos–espirituosos” más audaces que los clásicos vino–comida. Para el consumidor acostumbrado a whiskies de 40° o más, el desafío será aceptar que no se trata de “lo mismo, pero aguado”, sino de un producto que redefine el ritual: menos golpe alcohólico, más espacio para la textura, la aromática y el juego con la gastronomía.

Imagen: Bellvoye

Un posicionamiento aspiracional en un mercado en ajuste

El lanzamiento de Bellevoye 20° también captura un fenómeno más amplio que afecta al negocio global del alcohol: la llamada “fatiga del alcohol” entre consumidores jóvenes y urbanos, que buscan reducir consumo sin renunciar a experiencias sofisticadas. En mercados como Francia, Alemania, Reino Unido o Estados Unidos, analistas hablan de un “periodo de crecimiento transformador” para el no/low, incluso mientras el mercado total de bebidas alcohólicas se enfría.

Ahí radica la singularidad de Bellevoye: no se presenta como una alternativa “sin culpa”, sino como un producto aspiracional, alineado con la historia de la marca. Nacida en 2013 de la mano de Alexandre Sirech y Jean Moueix, Bellevoye construyó una identidad basada en el triple malt francés, con materias primas, crianza y elaboración íntegramente locales. Ese posicionamiento le permite ofrecer un 20° que no reniega de su origen, sino que lo reinterpreta.

El precio refuerza ese lugar: con un PVP de 34,90 euros la botella de 70 cl, Bellevoye 20° se instala en la franja premium, lejos de las opciones “de batalla” o de los experimentos low cost. En un mercado global de spirits que ronda los U$S 60.000 millones y apunta a alcanzar U$S 87.000 millones en 2035, según estimaciones de Future Market Insights, capturar el segmento de consumidores que buscan menos alcohol pero alto valor percibido es una oportunidad demasiado grande como para dejarla en manos del soft drink.

¿El futuro del whisky… pasa por los 20 grados?

Legalmente, la respuesta sigue siendo no: organismos como la Scotch Whisky Association (SWA) establecen que un whisky no puede bajar de 40° de alcohol. Pero en términos de mercado, Bellevoye 20° sugiere otra lectura: la de un futuro en el que los destilados de alta gama incluyan propuestas híbridas, capaces de acomodar la demanda de moderación sin romper el pacto con el sabor.

En 2025, los volúmenes globales de alcohol cayeron cerca de 1% en categorías tradicionales, pero el valor se sostuvo gracias a la premiumización y a la expansión de las líneas sin alcohol. Experimentos como Bellevoye 20° pueden anticipar un nuevo equilibrio entre placer y responsabilidad, donde el lujo no se mide solo en grados, sino en complejidad sensorial y relato de marca.

Desde la perspectiva de negocios, Bellevoye 20° es menos un capricho de laboratorio que un test de mercado en un punto de intersección: entre el whisky y el vino, entre el aperitivo y la mesa, entre la coctelería y el maridaje gastronómico. Si el consumidor lo adopta, no solo legitimará una nueva subcategoría —las “bebidas espirituosas a base de whisky” de baja graduación—, sino que obligará a otros jugadores a preguntarse si, para seguir siendo relevantes, no deberán también bajar algunos grados sin bajar el estándar de calidad.