De Ciudad del Este al mundo: David Riveros, llevó su lucha anticorrupción hasta Harvard, Yale y Londres
Fabrizio Meza Periodista
Fabrizio Meza Periodista
David Riveros tiene 34 años y es fundador de reAcción, una organización anticorrupción que opera desde Ciudad del Este y monitorea fondos públicos en educación.
"Yo hice el pregrado en Estados Unidos, en Iowa, con una beca completa, del 2010 al 2014. Me fui desde los 17 años", comentó.
Y desde entonces, su trayectoria fue marcada por la lucha contra la corrupción, la innovación social y la formación de líderes jóvenes. "Desde 2010 dirijo esta organización. Ganamos varios premios internacionales por innovación e impacto", contó.
En 2017 obtuvo la beca Chevening del Reino Unido para hacer una Maestría en Desarrollo Internacional en Londres. A su regreso a Paraguay, continuó con su trabajo hasta que en 2022 fue admitido en la Maestría en Administración Pública de la Harvard Kennedy School, de la cual ya es egresado, con beca completa.
Riveros obtuvo reconocimientos en las casas de estudios más competitivas del mundo académico:
Gleitsman Leadership Fellowship, del Center for Public Leadership de Harvard.
New World Social Innovation Fellowship, también conocido como Cheng Fellowship.
Fellowship del Global Justice Program de Yale, que finalizó en 2024.
"En Harvard, la beca viene como un reconocimiento al liderazgo. Es una de las más exclusivas del centro de liderazgo público. Al año seleccionan entre 4 a 8 personas. En mi cohorte fuimos solo cuatro", explicó.

Cursar en Harvard no fue sencillo. A la exigencia académica se sumó la complejidad de dirigir su organización desde otro país.
"El desafío más grande fue administrar la organización desde afuera, justo en un momento clave. Estábamos por escalar internacionalmente, con tecnología que puede implementarse en más de 50 países para monitorear fondos públicos en educación", relata.
Con un equipo que promedia los 25 años, reAcción es hoy el equipo anticorrupción más joven del mundo. "Administrar todo eso desde la distancia fue muy desafiante, más aún en un contexto de cambio de gobierno en Estados Unidos y una crisis de financiamiento para organizaciones como la nuestra", remarca.
La desigualdad en el acceso a la educación fue, y sigue siendo, el principal motor que impulsa su trabajo. Según Riveros, el sistema educativo paraguayo tiende a predestinar a los jóvenes de contextos vulnerables a convertirse en mano de obra barata.
Y a pesar de tener un alto rendimiento académico, un estudiante de una escuela pública no accede a las mismas oportunidades que uno de una institución privada, donde el acceso al inglés, la informática, las herramientas y las redes marca una diferencia decisiva.
Esa realidad lo llevó a trabajar por plataformas que impulsen liderazgos desde los márgenes. "Queremos que jóvenes de comunidades humildes puedan combatir la corrupción, trabajar por la transparencia y el acceso equitativo a la educación".
Riveros no esconde su preocupación por la fuga de talento y la falta de oportunidades dentro del país. "Lo que me pone triste es cuando la gente quiere salir del país para escaparse", dijo. Y reconoció que le encantaría ver más jóvenes que vayan al exterior con un compromiso de devolver, de contribuir con Paraguay.
Riveros lamenta que no todos los jóvenes puedan acceder a oportunidades en el exterior. Señaló que salir del país sigue siendo un privilegio comparativo, inaccesible para la mayoría.
Muchos, aseguró, desearían contar con una Universidad Nacional con buenos profesores, infraestructura adecuada y condiciones dignas, pero el problema de fondo es la escasa inversión en educación.

Para quienes sueñan con estudiar afuera o seguir formándose en el país, dijo:
"Donde sea que lleguen, lleguen para servir. Que sus logros sean también para los que no pudieron llegar. Todos deberíamos merecer nuestras oportunidades convirtiéndolas en oportunidades para otras personas".
Y concluyó diciendo que Paraguay necesita trabajo a largo plazo y jóvenes que se comprometan con el país. "No hay atajos. Ese es el camino".