Hace casi tres décadas, el consultorio del Dr. Pedro Pablo Guanes, Director de la clínica Gibir, recibía a parejas jóvenes, ansiosas por convertirse en padres a los pocos años de casarse. Hoy, el panorama es otro, donde las parejas llegan con más de 35 años, mucha información recopilada, dudas y desafíos biológicos. "Son dos mundos completamente distintos", resumió el especialista.
"Antes, la pareja que consultaba tenía en promedio 27 o 28 años. Hoy hablamos de hombres y mujeres que rondan los 35. La edad del inicio de la búsqueda del embarazo se postergó unos buenos años, y eso cambia todo", expuso el especialista en el Podcast by Forbes Paraguay.
En ese sentido, remarcó que las transformaciones sociales y de estilo de vida no son los únicos factores que modificaron la fertilidad, pues también lo hicieron los cuerpos. Guanes recordó así que al momento de terminar la facultad, hacia finales de los años 80, un hombre se consideraba fértil si tenía 220 millones de espermatozoides por mililitro de semen, con una movilidad del 80%.
Hoy, el estándar cayó drásticamente a 15 millones por mililitro, con apenas un 35% de movilidad, siendo un descenso abismal en el varón, donde lo más preocupante es que aún no se determina cuánto más puede seguir bajando de dicha cantidad.
En las mujeres, la medicina también está revelando nuevos patrones, pues gracias a análisis hormonales más precisos, se detectan cada vez más casos de mujeres jóvenes con baja reserva ovárica, un diagnóstico que hace unos años era difícil de descubrir. De este modo, chicas de 25 o 26 años ya se encuentran con una reserva comprometida, mostrando un nuevo universo antes no observado en el mundo médico.
Factores modernos, consecuencias invisibles
De acuerdo con Guanes, las causas de una capacidad reproductiva cada vez más reducida no es única, vinculándose así al estrés, sedentarismo, consumo de alcohol o drogas, exposición a químicos, medicamentos, radioterapia o quimioterapia.
"Es un conjunto de factores. Nuestra forma de vida moderna, acelerada y cargada de tensiones, no está pensada para cuidar la fertilidad; por otra parte, el abuso de anabólicos y esteroides entre jóvenes puede tener consecuencias graves, pues cuando un hombre introduce testosterona artificial, el cuerpo deja de producirla y es algo observado cada vez más", indicó.
A pesar de los desafíos biológicos, para el Director de Gibir los avances tecnológicos hicieron que los tratamientos de fertilidad sean más eficaces y accesibles. Hace 30 años, una reproducción asistida era tan costosa como una resonancia magnética cuando recién apareció, pero actualmente es mucho más accesible.
Las tasas de éxito también mejoraron, pues en una fecundación in vitro, las probabilidades de embarazo oscilan entre 40% y 45%, dependiendo de la edad de la mujer. Sin embargo, apuntó que el éxito no aumenta por repetir los intentos, por lo cual si después de tres o cuatro ciclos de fecundación in vitro, las probabilidades no suben, empiezan a bajar.

El peso emocional del proceso
Más allá de lo médico, Guanes insiste en que la fertilidad asistida es una travesía emocional, siendo esto el mayor riesgo , fuera de lo físico o económico, dice. Desde la decisión de hacerlo hasta el resultado final, la fertilización consiste en una montaña rusa entre la ilusión, el miedo, la frustración y la esperanza.
Las parejas suelen tardar un par de meses en decidir si avanzar. Durante el proceso, explicó, se mezclan la adrenalina y la ansiedad, sin mencionar que el cuerpo cambia, hay que aplicarse hormonas, pagar tratamientos, manejar expectativas, constituyéndose como un proceso que exige mucha fortaleza y comunicación.
"Una de las consultas más olvidadas es precisamente la psicológica, pues no se le da el peso que debería tener. Es fundamental estar bien emocionalmente para encarar algo tan grande, no es solo lograr el embarazo, se trata también de pensar si estamos preparados para mellizos, para los cambios económicos y para todo lo que implica ser padres hoy", expuso Guanes.
La maternidad después de los 40
El especialista también abordó un tema sensible, como la maternidad tardía. Lejos de las creencias tradicionales, el Director de Gibir puntualizó que los límites biológicos prácticamente no existen.
Así, remarcó que actualmente se observan embarazos a los 60 o 65 años gracias a la preparación uterina y la donación de óvulos. Paradójicamente, preparar un útero a los 60 puede ser más fácil que a los 35, porque ya no hay hormonas naturales que interfieran. Aun así, Guanes defiende el derecho a decidir.

"Si una pareja madura decide tener un hijo a los 48 o 50, con plena conciencia y deseo, adelante. La biología se adapta, lo importante es asumirlo con responsabilidad", puntualizó el médico especialista.
Una sociedad que elige tener menos hijos
El descenso en la natalidad, dice Guanes, es también una consecuencia social, pues hace 50 años, las parejas tenían siete hijos, mientras que hoy, con suerte, tienen dos. Las razones son principalmente económicas y culturales.
Educar, vestir y sostener a un hijo cuesta muchísimo más, recordó Guanes. Aparte de esos aspectos básicos, las expectativas también cambiaron: ya no basta con terminar el colegio, hay que ir a la universidad, hacer una maestría, viajar. "Todo eso influye en la decisión de tener menos hijos", refirió.
Por otra parte, el profesional observó que el avance de la ciencia también plantea dilemas éticos y legales, donde la ciencia evoluciona más rápido que la legislación. Lamentó así que hoy en día exista más de 30 años de trabajo científico sin una ley específica que regule todos los aspectos de la reproducción asistida.
En Paraguay, aún no se cuenta con un marco que determine, por ejemplo, si un hijo nacido por donación puede acceder a los datos de su donante biológico. "Debería poder hacerlo, pero todavía no tenemos una legislación clara y discutir estos temas cuesta. Hay miradas religiosas, éticas y morales que chocan y falta madurez para debatirlos con serenidad", reflexiona.
No obstante, para el médico, la reproducción asistida no se trata de "jugar a ser Dios", sino de facilitar un proceso natural. De este modo, explicó que el proceso consiste en ayudar al espermatozoide para que se una con el óvulo, sin modificamos su ADN; es decir, solo se crean las condiciones ideales para que la vida ocurra.
En los casos donde se realiza un diagnóstico preimplantatorio, la ciencia permite detectar alteraciones cromosómicas o enfermedades hereditarias antes de transferir el embrión. "Podemos biopsiar unas células y saber si el embrión es sano, sin dañarlo. Es un avance enorme, pero requiere un debate ético profundo sobre su aplicación", reconoció.