La nueva presidenta del Club de Ejecutivos del Paraguay, Laura Ramos, asume el desafío de conducir una institución clave del ecosistema empresarial en un contexto marcado por la disrupción tecnológica y la incertidumbre global.
¿Qué tipo de liderazgo necesita hoy el empresariado paraguayo en un contexto de cambios acelerados e incertidumbre global?
Paraguay necesita un liderazgo empresarial más estratégico que reactivo. Un liderazgo que entienda que la estabilidad ya no es una garantía, sino una construcción permanente. Hoy el desafío no es solo crecer, sino crecer con resiliencia, sostenibilidad y visión de largo plazo.
Se requiere capacidad de anticipación, lectura global, apertura a la innovación y, sobre todo, institucionalidad. Las empresas que van a liderar los próximos veinte años son las que entienden que gobernanza, transparencia y profesionalización ya no son opcionales.
¿Cuál es el principal objetivo que te propusiste al asumir la presidencia del Club de Ejecutivos?
Mi principal objetivo es generar valor real y medible al socio. El Club debe dejar de ser solo un espacio de encuentro y convertirse en una plataforma estratégica para potenciar a sus miembros.
Queremos consolidarlo como un hub de pensamiento empresarial, conexión de alto nivel y generación de oportunidades concretas. Cada actividad, cada alianza y cada comisión debe tener impacto tangible.
En términos de influencia, ¿el Club busca ser un espacio de networking, de formación o también de incidencia en la agenda país?
Las tres dimensiones son complementarias. El networking sin contenido estratégico pierde profundidad. La formación sin conexión pierde alcance. Y la incidencia sin legitimidad técnica pierde credibilidad.
Nuestro enfoque es integrar estas tres funciones: ser un espacio de conexión de alto nivel, impulsar formación ejecutiva de excelencia y participar de manera responsable en la agenda país, siempre desde la independencia institucional.
¿Qué desafíos enfrentan hoy los líderes empresariales en Paraguay que hace diez años no estaban sobre la mesa?
La velocidad del cambio tecnológico es probablemente el mayor desafío. Inteligencia artificial, transformación digital y nuevos modelos de negocio están redefiniendo industrias enteras.
A esto se suman nuevas exigencias en materia de sostenibilidad, gobernanza y estándares internacionales. El acceso a mercados y financiamiento hoy depende también de estas variables.
Además, el liderazgo humano cambió: las nuevas generaciones demandan propósito, coherencia y culturas organizacionales más horizontales.
¿Cómo se construye una cultura de liderazgo dentro de una institución que agrupa a referentes de distintos sectores?
Con reglas claras, procesos institucionales sólidos y una visión compartida. Cuando una institución prioriza la transparencia, la medición de resultados y el servicio antes que los protagonismos individuales, la cultura se alinea naturalmente.
El liderazgo dentro del Club debe ser colaborativo, técnico y orientado a resultados. No se trata de nombres, sino de capacidades y compromiso con el bien común empresarial.
Si tuvieras que definir el legado que querés dejar al terminar tu gestión, ¿cuál sería?
Me gustaría dejar un Club más profesionalizado, con procesos claros, indicadores de gestión y mayor incidencia técnica en la agenda país. Un Club que haya evolucionado hacia una institucionalidad más sólida y que haya fortalecido el liderazgo empresarial paraguayo de manera concreta.
El verdadero legado no es una persona, sino una institución que funciona cada vez mejor y que está preparada para los próximos desafíos del país.