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29 Diciembre de 2025 12.53

Al concluir este año y proyectarnos al 2026, reflexionemos previamente las dos reglas de Warren Buffet. 

Regla número uno: Permanecer en el negocio.

Regla número dos: No te olvides de la regla número uno.

Realmente, la verdadera prioridad de una organización es la continuidad del negocio. El problema es que el modo “sobrevivencia” solamente se activa cuando la empresa está atravesando por un momento de estrés pronunciado y, como sabemos, cuando algo grave sucede ya suele ser demasiado tarde para reaccionar. 

Por eso debemos cambiar nuestro enfoque sobre el concepto de sobrevivencia. El modo sobrevivencia debe ser continuo e incorporado permanentemente en nuestro accionar e inclusive ser parte del Plan Estratégico, pues este carece de sentido si no se orienta a crear una base de estabilidad, que actúe de basamento para construir un camino de expansión sostenible. 

En realidad, cualquier empresa que aspire a una etapa de crecimiento y prosperidad plena debe trabajar continuamente en sus bases y estar siempre preparada para enfrentar cualquier escenario complejo y así poder “sobrevivir”.

Entonces, si bien ya tenés definido tu plan estratégico para los siguientes años, te sugiero que lo adaptes y definas tus bases que serán el sostén de tu expansión. Para ello, te planteo que incorpores las 4Cs: Cash, Cliente, Costo y Cultura. 

1. Cash

Te apuesto que no podés mantenerte sin respirar por más de 2 o máximo 3 minutos. Lo mismo ocurre en la empresa. El cash es el oxígeno de la organización y una empresa puede morir en el camino si no tiene suficiente balón de oxígeno. Plantéate: ¿Cuánto tienes en caja respecto a meses de salario? ¿Cuál es el target de la rotación de tus inventarios, de tus cuentas a cobrar y cuentas a pagar? ¿Qué tan estrecha es tu relación con los bancos y proveedores? ¿En tus reuniones mensuales monitoreás la salud del cash?

2. Cliente

¿Sabes qué ocurre cuando un barco pierde de vista su brújula? Navega, sí, pero sin dirección, expuesto al riesgo de encallar. El cliente es esa brújula para toda empresa: guía y da sentido al rumbo. Pregúntate: ¿Conoces hoy las nuevas necesidades de tus clientes o sigues operando con su versión de hace tres años? ¿Sabes qué parte de tu propuesta realmente valoran y cuál simplemente toleran? ¿Qué tan estable es tu base de clientes y cuánto dependes de unos pocos? ¿Tienes rituales mensuales para escuchar al cliente de forma estructurada?

3. Costo

Imagina una mochila en una larga caminata. Un poco de peso es inevitable, pero si la cargas de objetos innecesarios y pesados, no llegarás lejos. Así funcionan los costos: algunos son esenciales, otros son piedras que la empresa arrastra sin darse cuenta. Analiza con estas preguntas: ¿Tus costos reflejan la escala actual de la empresa o la del negocio de hace cinco años? ¿Cuál es tu costo por servir a cada tipo de cliente? ¿Dónde estás sobredimensionado? ¿Estás midiendo tu productividad con disciplina o simplemente dejando que la mochila pese cada vez más?

4. Cultura

Piensa en un jardín: puedes tener la mejor semilla, el clima ideal y el agua necesaria, pero si la tierra está seca o compacta como el cemento, nada crecerá. La cultura es esa tierra: invisible, silenciosa, pero determinante. Es el suelo donde germina toda estrategia. Una cultura débil sabotea incluso los mejores planes; una cultura fuerte los catapulta. Plantéate: ¿Qué comportamientos se celebran realmente en tu empresa? ¿Hay conversaciones difíciles o solo cortesía complaciente? ¿Los equipos sienten seguridad psicológica para decir la verdad o están petrificados del temor a la autoridad? ¿La cultura actual impulsa tu estrategia o la frena? Como CEO, ¿te considerás realmente un jardinero?

Finalmente, tras explorar las 4cs, culminemos con esta reflexión: el que sobrevive no es el más fuerte, ni el más inteligente, sino el más flexible, determinado y resiliente.

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